Laura Grani

Ya corría la voz desde hace un tiempo y no hemos resistido a la curiosidad. Que el desguace más grande de Europa albergase un restaurante con menú de alta cocina parecía algo improbable, pero había que averiguarlo. La experiencia ha valido la pena sin duda: hemos comido en Desguaces La Torre y hemos comido de lujo.

Nada más llegar al km 24 de la Carretera Madrid-Toledo, el panorama resulta impactante. El desguace es inmenso, naves enormes entre kilómetros cuadrados de carcasas de todo tipo de vehículos, una extensión que cubre el horizonte. Miles y miles de cadáveres metálicos amontonados dan al paisaje el aspecto de un mundo postapocalíptico, aunque en este caso muy poblado. Este paraíso de la chatarra recibe miles y miles de visitantes en búsqueda de piezas de recambio, sin contar los centenares de empleados que trabajan allí y trabajadores de todo el vecindario que también se dejan caer por allí. Un paisaje onírico y un ambiente de lo más bullicioso.

Paisaje postapocaliptíco con sorpresa

En el medio del área, destaca un edificio acristalado en el que identificamos la cafetería. Abarrotada, por cierto. Pues justo en la planta de arriba se esconde este tesoro para gastrohunters, el restaurante “del desguace”, que ni tiene nombre propio, ni página web, ni redes sociales. Lo que sí tiene es un chef de primera, Alejandro Rey, del que habíamos escuchado maravillas y unos menú alucinantes por nivel gastronómico y precios. Aquí están servidas las claves de su éxito.

Cuando investigamos el currículo de Alejandro, ya nos damos cuenta de que es un chef con una trayectoria de todo respecto. Por ejemplo, puede presumir de haber pasado por uno de los mejores restaurantes del mundo, Mugaritz, o por el Bohío, el restaurante estrellado del presentador de Masterchef, Pepe Rodríguez. Vamos, que aquí se cuece algo queda claro.

El arcano lo desvela Alejandro cuando nos cuenta su encuentro con Luis Miguel Rodríguez, propietario de Desguaces La Torre y más conocido en el papel couché como “El Chatarrero”. Lo único que Luismi (para los amigos) le pidió fue que el suyo se volviese el mejor restaurante en la carretera de Madrid a Toledo… Dicho y hecho.

Alta cocina a un precio de risa

La oferta es imbatible, el restaurante ofrece un menú espectacular por 15 euros, con 4 primeros y 4 segundos. Los platos son ricos y te puedes encontrar tanto con un lujoso (y baratísimo) arroz meloso con bogavante, como con un lomo de jabalí magistralmente ejecutado y emplatado con arte.

Así como una oferta de platos para todos los gustos, desde salmorejo con arenque, a huevos con parmentier, ossobuco estofado al vino tinto o merluza. Y ojo, por ese precio ¡el menú incluye también postre y café!

Ahora, la verdadera sorpresa viene con el menú degustación, con unos pases de lujo y platos que no desentonarían en un restaurante aspirante a estrella. Óptimo producto tratado con un despliegue de técnica y sensibilidad estética, ¡por solo 38 euros!

Un menú degustación simplemente espectacular

Aquí ya son palabras mayores, un verdadero festín. Empezamos con toques refrescantes de ahumados y sopas frías: salmorejo con sardina ahumada y fresa seguido por ajoblanco con arenques.

Una cremosísima stracciatella con tomate seco y caviar de salmón nos recuerda que el chef ha triunfado en la última edición del codiciado Concurso de Cocina Creativa Negrini en Madrid Fusión.

La ostra con miso y salsa danesa es todo texturas y sabor. Luego su ya famosa crema de erizo con caviar y un delicado salmón marinado con mayonesa de cítricos.

Fuera de los inmensos ventanales, sigue el trasiego entre chatarra hasta donde alcanza la vista y nos estamos quedando alucinados. ¿De verdad estamos comiendo este menú aquí?

¡Pues todavía falta el broche! Con los platos de caza, el alma manchega del chef se viene arriba, porque Alejandro domina las técnicas para elaborar producto cinegético. Un tartar de ciervo y un pichón de Bresse, con todas sus partes en su punto perfecto (con lo difícil que resulta) nos han terminado de enamorar. ¡Santo súbito!

Tampoco faltan los postres. Nos quedamos con una tarta de queso muy cremosa y de toque salado que ganará adeptos y el helado de chocolate especiado con toques de clavo y canela servido con fresitas de Aranjuez. Sí, señores, todo esto en “el desguace”.

Seguro que no todos los restaurantes de carretera son iguales, pero en este caso… ¡Qué sorpresas da la vida!

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