Laura Grani

Hay un rinconcito en Madrid donde se puede disfrutar de la más exquisita gastronomie francais en un ambiente elegante, refinado y… tremenda y deliciosamente romántico.

Brasserie Lafayette lleva 10 años abanderando con orgullo la cocina gala en la capital, aunque hasta 2018, desde el barrio de Las Tablas, algo lejano y de complicado alcance para la mayoría de los madrileños.

La gran noticia es que, en su nueva sede, cerquita de la glorieta de López de Hoyo, está al alcance de un público mucho más amplio, al que estamos seguras que no va a defraudar.

¡Vive la France, vive l’amour!

Nada más acercarse, una se da cuenta de que el acceso queda discretamente escondido y, una vez cruzado el arco de la entrada, nos encontramos en un hermoso jardín interior, donde se sitúan las mesas de la terraza, entre velas y luces. Simplemente ideal.

Una vez dentro, la decoración sigue enamorando, con techos altos, más velas y unas cortinas de terciopelo rouge contra unas bigas de acero pintadas de gris que gritan ¡Vive la France, vive l’Amour!

Ahora bien, si las brasseríe francesas nacieron como lugares de consumo de cerveza, aquí queda clarísimo que el protagonista es el vino. El propietario, Sébastien Leparoux, deja claro su entusiasmo y cariño al momento de proponer unos vinos que se salen de los cánones habituales. Propuestas sorprendentes de una bodega mimada, que es uno de los puntos fuertes de este local.

Una de las bazas de esta nueva etapa madrileña son unos menús degustación, opción perfecta para degustar lo mejor de la carta a un precio más que razonable.

Un menú degustación magnifique

Por 59 €, con dos copas de vino francés, o por 79 €, con cinco copas, se pueden disfrutar varios de los platos estrella de Lafayette.

El menú empieza con “el entrante” francés por excelencia, el dúo de foie gras y paté de champagne con pan tostado, sublimes con champagne.

Siguen los mejillones al vapor con salsa beurre blanc y uno de los platos más demandados del restaurante, la ratatouille Lafayette con espuma de ave y yema que se rompe y mezcla en la mesa, delicada y cremosa.

Entre los platos principales nos encontramos con la raya meunière, coloreada en mantequilla noisette, con su guarnición de piparras fritas y alcaparras, deliciosa y con carácter. El show sigue con el steak tartar con aliño clásico, elaborado al momento ¡magnifique!

El menú finaliza con dos postres muy acertados: un babá au rhum, crema chantillí y naranja escarchada; y un flan parisien au chocolat.

Hay otras joyas en la carta que también merecen ser descubiertas, como las ancas de rana guisada al estilo rabelais, con un aspecto tan apetecible que ningún aprensivo las reconocería como ranidae.

La inmortal sopa de cebolla, las mollejas de ternera lacada y salsa perigord, el coquelet de bresse en ballotine, con higos y frutos secos o las ostras Legris, que Lafayette tiene en exclusiva, son otros de los must.

Lafayette sigue abierto en agosto, para cenar, disfrutar y enamorar.

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