Fotografías; Alfon García (@alfonfotografo)
No hay muchos periodistas que puedan decir que en apenas unos años han pasado por la realización y la coordinación editorial hasta convertirse en una de las voces jóvenes con más proyección del periodismo deportivo español. Irene Gómez lo ha hecho sin perder nunca de vista el deporte que la enamoró de niña. Narradora de tenis en Movistar+, ha construido su carrera paso a paso, pasando por Mediaset, DAZN, El Desmarque y Premier Padel hasta convertir su pasión por el tenis en su profesión. Cercana, directa y sincera, afronta cualquier conversación sin esquivar los temas más controvertidos, desde el machismo en las retransmisiones deportivas hasta el papel de los influencers.

Irene Gómez es…
Antes que como profesional, me gusta definirme como persona. Creo que tengo bastante carácter y mucho orgullo, entendido en el buen sentido: no me gusta dejar nada a medias y siempre intento luchar por aquello que quiero conseguir. Me considero una persona trabajadora, luchadora y bastante alegre cuando estoy en un entorno en el que me siento cómoda. Si alguna vez parezco seria, normalmente es porque todavía no he encontrado esa confianza.
¿Cómo nace tu vocación por el periodismo deportivo?
Siempre tuve muy claro que quería dedicarme al deporte. Desde pequeña he practicado muchísimas disciplinas y el deporte ha formado parte de mi vida desde que tengo uso de razón.
Nunca me llamó especialmente la atención ser entrenadora, aunque llegué a dar clases de tenis durante un tiempo. Lo que realmente me gustaba era la comunicación. Veía muchísimo fútbol, muchísimo tenis y empecé a fijarme en quienes contaban esos partidos. Pensé que sería maravilloso poder unir mis dos grandes pasiones: el deporte y la comunicación. Desde entonces no he cambiado de idea. Hoy puedo decir que era una vocación y que no me he arrepentido ni un solo día.
“Pensé que sería maravilloso poder unir mis dos grandes pasiones: el deporte y la comunicación”
O sea, que antes de opinar de los demás, estuviste en el escenario…
Sí. Empecé jugando al tenis, al fútbol, hacía natación en el colegio e incluso jugué al ajedrez. Siempre he sido una persona muy inquieta y me gustaba probar disciplinas diferentes.
Pero llegó un momento, con unos doce años, en el que había que elegir. En aquel momento el fútbol femenino no tenía el desarrollo ni las oportunidades que tiene hoy y decidí apostar por el tenis, que era el deporte con el que más disfrutaba.
Estudiaste Periodismo en la Universidad Complutense y después hiciste un máster en Periodismo Deportivo. ¿Siempre tuviste claro el camino?
Sí, completamente.
Estudié los cuatro años de Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid y, de hecho, intenté alargar un poco esa etapa porque quería seguir haciendo prácticas. Retrasé incluso el Trabajo de Fin de Grado para poder continuar vinculada al mundo profesional el mayor tiempo posible. Cuando terminé la carrera hice el Máster de Periodismo Deportivo de Movistar Plus+, que además era la primera edición. En cierto modo éramos los alumnos con los que se iba construyendo el proyecto, pero fue una experiencia fantástica.
En el máster elegiste la especialidad de Realización. Sin embargo, hoy eres narradora. ¿Por qué esa decisión?
Porque quería aprender televisión desde dentro. En el máster había tres opciones principales para las prácticas: Producción, Redacción y Realización. Mucha gente pensaba que, si quería acabar narrando o redactando, debía elegir Redacción, pero yo veía mucho más útil aprender una herramienta fundamental como Avid y entender cómo se construye una historia a través de las imágenes.
En Redacción probablemente habría hecho colas, totales y poco más. En Realización aprendí a montar piezas, musicales, compactados… En definitiva, entendí cómo se cuenta una historia con imágenes y eso me dio una visión mucho más completa del medio. De hecho, gracias a esas prácticas conseguí mi primer trabajo como ayudante de realización. Después ya regresé a la redacción.
Llevas aproximadamente seis años trabajando profesionalmente
Sí, y se me han pasado volando. Cuando lo pienso parece poco tiempo, pero la realidad es que han ocurrido muchísimas cosas. He pasado por diferentes puestos, diferentes empresas y he aprendido muchísimo en muy pocos años.
¿Te imaginabas esta carrera profesional cuando entraste en la universidad?
La verdad es que sí. Recuerdo perfectamente una anécdota del primer día de clase. Éramos unas cien personas en el aula y uno de nuestros profesores, Solera, que desgraciadamente ya falleció, nos dijo algo que nunca olvidaré. Nos miró y dijo:
«De estas cien personas que estáis aquí, solo cuatro acabaréis siendo periodistas.»
Imagínate escuchar eso con dieciocho años. Aquella frase podía hundirte o servirte como motivación. En mi caso ocurrió lo segundo. Pensé: «Voy a ser una de esas cuatro.» Y, afortunadamente, lo he conseguido. De hecho, cuando miro a mi grupo de amigas de la universidad, soy prácticamente la única que terminó dedicándose profesionalmente al periodismo.

Antes de Movistar también pasaste por un periódico
Sí. Mis primeras prácticas fueron en Mediaset, donde aprendí muchísimo, pero también tuve la oportunidad de irme a Galicia para trabajar en El Correo Gallego.
Quería conocer el periodismo más clásico, el de escribir todos los días, y allí estuve cubriendo información deportiva. Fue una experiencia muy enriquecedora porque me permitió entender otra forma completamente distinta de hacer periodismo.
Después del máster llega tu primera experiencia profesional. ¿Cómo fueron esos primeros años?
Cuando terminé el máster empecé trabajando en Movistar Plus+ como ayudante de realización. Era una consecuencia lógica de las prácticas que había hecho allí y fue una oportunidad fantástica para seguir aprendiendo desde dentro cómo funciona una televisión.
Estuve en ese puesto hasta finales de ese año y, cuando terminó el contrato, recibí una llamada completamente inesperada, de Mediaset. Me ofrecieron incorporarme para ser la mano derecha de Juanjo, que hoy es el director de El Desmarque. Imagínate mi reacción: tenía apenas veinticinco años y me estaban proponiendo participar en un proyecto enorme. No tuve muchas dudas. Pensé: «Vamos hacia delante«.
¿Ahí comienza tu etapa en El Desmarque?
Sí. Dejé Movistar para incorporarme a El Desmarque, aunque al mismo tiempo DAZN me llamó para empezar a narrar tenis. Así que durante bastante tiempo compaginé ambos trabajos. Trabajaba prácticamente de lunes a domingo.
No debía de ser sencillo…
No lo era, pero era el momento de hacerlo.
En El Desmarque estaba muy vinculada a la coordinación editorial y al desarrollo del proyecto, mientras que en DAZN podía empezar a crecer como narradora. Era muchísimo trabajo, pero también una oportunidad para aprender desde dos perspectivas completamente distintas.
Viví desde dentro la transición de Deportes Cuatro hacia El Desmarque. Trabajábamos con profesionales como Manu Carreño y participábamos en todo ese proceso de transformación del área de deportes de Mediaset. Fueron casi tres años muy intensos. Además, fue la primera vez que desempeñé un puesto de coordinación, algo que no es sencillo, especialmente siendo joven.
“Creo sinceramente que en un entorno tan competitivo como el periodismo deportivo, y especialmente siendo mujer, el carácter es una herramienta imprescindible”
¿Crees que ese carácter del que hablabas al principio fue importante?
Muchísimo. Evidentemente valoraban mi capacidad profesional, pero también mi personalidad.
Creo sinceramente que, en un entorno tan competitivo como el periodismo deportivo, y especialmente siendo mujer, el carácter es una herramienta imprescindible. Hay que saber tomar decisiones, defenderlas y mantener la calma en situaciones complicadas. Y sí, reconozco que tengo bastante carácter.
Y luego Movistar+…
Exactamente. Las prácticas sirven para aprender, pero también para dejar una buena impresión. En mi caso, tanto en Movistar como en Mediaset se acordaron de cómo había trabajado años antes. Eso me enseñó una lección muy importante: nunca sabes cuándo una oportunidad puede volver a aparecer. Por eso intento dar siempre el máximo, incluso cuando parece que aquello solo son unas prácticas.
¿Cuándo llega el gran cambio en tu carrera?
Creo que el gran punto de inflexión llegó en el verano de 2023. En ese momento recibí una llamada del circuito Premier Padel para incorporarme como narradora. La propuesta me hizo muchísima ilusión, pero también suponía un reto enorme, porque nunca había narrado pádel. Había retransmitido mucho tenis, pero el pádel es un deporte completamente distinto.
¿Te dio vértigo aceptar una disciplina que no habías trabajado antes?
No, vértigo no, lo vi como un reto. El pádel tiene un ritmo muchísimo más rápido. Se parece más a una retransmisión de fútbol que a una de tenis. En tenis hay muchos momentos para contextualizar, explicar estrategias o analizar un punto. En pádel prácticamente no tienes respiro.
Pedí vacaciones en El Desmarque, hablé con ellos para poder compaginar ambas cosas y me fui a Roma a narrar mi primer torneo.
Y no fue precisamente en cualquier sitio…
No. Mi estreno fue en el Foro Itálico de Roma. Para alguien que ha crecido viendo tenis, estar allí ya era especial de por sí. Aunque fuera narrando pádel, el escenario imponía muchísimo. Recuerdo llegar y pensar: «Estoy aquí de verdad«.
Fue una experiencia increíble. Seguía trabajando en El Desmarque, narraba tenis para DAZN y además empecé con Premier Padel. Pero llegó un momento en el que era imposible mantener ese ritmo. Premier Padel implicaba viajar constantemente y dedicarle muchísimo tiempo. Sentía que, si quería aprovechar aquella oportunidad, tenía que apostar por ella de verdad. Así que tomé una decisión difícil: dejé Mediaset.

¿Cómo llegas entonces a Movistar Tenis?
Durante todo ese tiempo seguí narrando tenis para DAZN. Después, cuando DAZN perdió los derechos del circuito femenino, mi etapa allí terminó y surgió la posibilidad de incorporarme a Movistar para narrar la ATP. Ese fue otro paso muy importante. Empecé a trabajar de lleno en el circuito masculino mientras seguía compaginándolo con Premier Padel, hasta que finalmente decidí centrarme exclusivamente en el tenis.
Entre el pádel y el tenis, ¿con cuál te quedas?
Con el tenis, siempre.
En el pádel he disfrutado muchísimo y estoy muy agradecida por la oportunidad que me dieron, pero el tenis es el deporte con el que he crecido. Es el deporte que más conozco, el que más me apasiona y al que siempre he querido dedicarme. Mi sueño, desde el principio, ha sido vivir del tenis.
¿Hay tanta diferencia entre retransmitir un deporte y otro?
No tiene nada que ver, como narradora son completamente diferentes. El pádel exige una narración constante. Los puntos son rapidísimos, los intercambios muy dinámicos y prácticamente no tienes tiempo para desarrollar una idea. En tenis ocurre justo lo contrario. Hay pausas, momentos para analizar tácticamente lo que está ocurriendo, explicar el contexto del partido o profundizar en la historia de los jugadores. Como narradora, son dos ejercicios completamente distintos.
“Nunca he sentido que me hayan cerrado una puerta por ser mujer”
Eres una de las pocas narradoras de tenis en España. ¿Has sentido alguna vez que te trataran de forma diferente por ser mujer?
En el tenis, sinceramente, no. Siempre existe un cierto paternalismo, esa tendencia a protegerte un poco más o a estar más pendiente de ti, pero nunca lo he vivido como algo negativo. Al contrario, creo que nace del cariño y del respeto que existe dentro del circuito. Nunca he sentido que me hayan cerrado una puerta por ser mujer.
¿Y en el pádel la situación es diferente?
Sí. Creo que el perfil del aficionado al pádel es distinto al del tenis. Se parece más al aficionado al fútbol: todo es más intenso, más pasional y también más dado al comentario inmediato. Además, cuando empecé prácticamente no había mujeres narrando pádel. Yo era la única.
Y eso hace que estés mucho más expuesta.
¿Por qué crees que ocurre?
Porque la forma de narrar también influye. En tenis hay más conversación, más análisis, más tiempo para desarrollar ideas. En pádel la narración es casi continua. Estás cantando el punto constantemente, elevando el tono de voz, transmitiendo intensidad. Eso hace que la gente se fije mucho más en quién está narrando.
“Sí que he recibido comentarios machistas, sobre todo en redes Sociales. Hay personas que consideran que una mujer no debería narrar determinados deportes y lo expresan con bastante agresividad”
¿Has recibido comentarios machistas?
Sí… Sobre todo en redes sociales. Hay personas que consideran que una mujer no debería narrar determinados deportes y lo expresan con bastante agresividad. Es algo que ocurre.
¿Cómo reaccionas ante ese tipo de comentarios?
Depende. Muchas veces los ignoro porque no merece la pena entrar en determinadas discusiones. Pero otras veces sí hago capturas de pantalla y las comparto. Creo que hay determinadas actitudes que conviene señalar para que la gente sea consciente de que siguen existiendo.
¿Por qué crees que en el tenis ocurre menos?
Quizá porque el aficionado está más acostumbrado a escuchar una voz femenina como narradora en el tenis, no resulta extraño escuchar una voz femenina narrando un partido masculino. En otros deportes todavía queda camino por recorrer.
Aunque no eres la única narradora de tenis en España.
No. Hay alguna compañera más en Televisión Española y otra en Eurosport. Lo que ocurre es que cada cadena tiene unos derechos muy concretos. Movistar es quien más tenis ofrece durante toda la temporada y, dentro de ese equipo, ahora mismo soy la única narradora. Sí hay comentaristas mujeres, pero narradora, únicamente estoy yo.
¿Nunca te planteaste dedicarte al fútbol?
Me lo ofrecieron, concretamente, narrar fútbol femenino.
Pero preferí ser honesta. He visto muchísimo fútbol durante toda mi vida como aficionada, pero considero que para narrarlo hace falta un nivel de conocimiento muy profundo y, además, requiere una preparación enorme. Entre el tenis, el pádel y todo el trabajo que ya tenía, sentía que no iba a poder dedicarle el tiempo que merecía. Y creo que, cuando haces este trabajo, tienes que estar completamente preparada. Por eso decidí no aceptar esa propuesta.
Si pudieras modificar una única regla del tenis, ¿cuál sería?
Cambiaría el servicio. Es el único golpe del deporte que permite un segundo intento después de fallar. Siempre me ha parecido una ventaja demasiado grande para los grandes sacadores. Hoy en día prácticamente todos los jugadores superan el 1,80 de altura y sacan con una potencia increíble. Incluso cuando fallan el primer servicio, el segundo sigue siendo muy difícil de restar. Creo que el tenis sería un deporte más equilibrado si solo existiera un saque.
Y también revisaría la regla del net. Si durante un peloteo la pelota toca la red y el punto continúa, nunca he entendido por qué, en el saque, cuando la pelota toca la cinta y entra, haya que repetirlo. Me parece una norma que podría evolucionar.
¿Cómo te imaginas profesionalmente dentro de veinte años?
(Ríe). Esa es una buena pregunta.
Lo más probable es que no esté haciendo exactamente lo mismo que hago ahora. Soy una persona muy inquieta, siempre necesito nuevos retos y aprender cosas distintas. Tengo claro que seguiré vinculada a la comunicación y al deporte, pero no sé exactamente desde qué posición.
¿Hay algún proyecto con el que sueñes especialmente?
Sí. Me gustaría presentar un programa de televisión dedicado al tenis. Algo parecido a lo que hace Jorge Valdano con el fútbol, pero llevado al mundo del tenis. Creo que es un deporte que todavía tiene muchísimo margen para crecer a nivel de comunicación.
¿Qué echas en falta?
Más contenido. Hay muy pocos podcasts especializados, pocos programas de debate y muy pocos formatos que profundicen realmente en el tenis durante todo el año. Es un deporte enorme, con historias increíbles y un circuito que prácticamente nunca para.
Creo que merece una presencia mucho mayor en los medios.
“En los grandes torneos de tenis es lógico que exista igualdad de premios pero en términos generales creo que el deporte también es una industria y si un producto genera más ingresos que otro es normal que existan diferencias económicas”
Una cuestión que aparece recurrentemente en las tertulias… ¿Crees que hombres y mujeres deberían cobrar exactamente lo mismo en el deporte?
Depende del contexto. En los grandes torneos de tenis me parece lógico que exista igualdad de premios. Pero, en términos generales, creo que el deporte también es una industria. Si un producto genera más ingresos que otro, es normal que existan diferencias económicas.
Al final hablamos de un negocio. Creo que el tenis lleva muchos años haciendo un gran trabajo en ese aspecto. El circuito femenino tiene una visibilidad enorme y el público está acostumbrado a consumir ambos. Eso ayuda muchísimo.
Hace poco uno de tus vídeos se hizo muy viral hablando de los influencers. ¿Qué querías transmitir realmente?
Mucha gente interpretó el mensaje como un ataque a los influencers y no era eso. No tengo nada contra ellos. De hecho, creo que tienen su espacio y cumplen una función muy importante. El problema aparece cuando se confunden dos profesiones completamente distintas.
La diferencia fundamental es la responsabilidad. Un influencer vive, en gran medida, de generar interacción. Su objetivo es conseguir visualizaciones, comentarios o repercusión. El periodista, en cambio, tiene una responsabilidad con la información. Debe preguntarse si algo es noticia, si está contrastado y si publicarlo puede perjudicar injustamente a alguien.
Yo he escuchado muchas cosas durante torneos que jamás he contado. Podrían haber generado muchísimas visitas o mucha repercusión en redes sociales. Pero no todo vale. Hay una ética profesional que forma parte del periodismo y que para mí sigue siendo fundamental. Siempre me enseñaron una idea que comparto completamente. El protagonista debe ser la noticia, nunca el periodista. Cuando el objetivo pasa a ser que todo el mundo hable de quien informa, creo que algo empieza a desvirtuarse.
¿Crees que el fenómeno de los influencers ha cambiado el deporte?
Muchísimo. Pero tampoco creo que sea algo completamente nuevo. Lo que ha cambiado es el formato. Antes la gente opinaba del partido en un bar, con sus amigos o en una tertulia. Hoy esa misma conversación se hace delante de una cámara y llega a miles de personas.
Es una evolución lógica de la comunicación. No estoy en contra de ellos en absoluto. Me parece fenomenal que existan y que las marcas quieran trabajar con ellos. Generan audiencia, acercan el deporte a públicos diferentes y cumplen una función muy concreta dentro de la industria. El problema aparece cuando se les atribuye un papel que corresponde al periodismo.
Son dos profesiones distintas.
“Hay eventos donde tiene sentido contar con influencers porque ayudan a amplificar el mensaje, pero hay otros que ya tienen una dimensión enorme y no es necesario sustituir a profesionales por creadores de contenido”
¿Dónde está el límite?
Creo que depende del contexto.
Hay eventos donde tiene todo el sentido contar con influencers porque ayudan a amplificar el mensaje. Pero hay otros acontecimientos que ya tienen una dimensión enorme por sí mismos y donde quizá no sea necesario sustituir a profesionales por creadores de contenido. Es simplemente una cuestión de entender qué aporta cada uno.
Al final esto tampoco es tan diferente de lo que ocurría hace años. Antes quienes cumplían esa función eran los actores, los músicos o los grandes personajes públicos. Siempre ha existido alguien con capacidad para atraer atención. Lo que ha cambiado es la plataforma desde la que lo hacen.
¿Qué jóvenes jugadores crees que pueden dar que hablar en los próximos años?
Es una pregunta complicada porque en el tenis hacer pronósticos nunca es sencillo. Pero, por ejemplo, me gusta mucho el hijo de Lleyton Hewitt. Está haciendo un recorrido muy interesante y creo que tiene potencial para seguir creciendo.
¿Y en el tenis español?
Hay varios nombres interesantes.
En categoría femenina me gusta mucho Charo Esquiva. Todavía es muy joven, pero está haciendo muy buen trabajo en el circuito júnior. También hay otras jugadoras como Kaitlin Quevedo que ya está por primera vez dentro del top-100 y actuó como número uno para España en la Billie Jean King Cup haciendo un papel impresionante. Creo que el tenis femenino español tiene relevo.
En el masculino ya tiene esa nueva generación marcada con Jodar, Mérida, Llamas, Landaluce…
¿Cuándo se detecta realmente que un niño puede llegar a ser profesional?
Muchísimo antes de lo que la gente imagina. Con once o doce años ya empiezas a identificar qué jugadores tienen algo diferente. No significa que todos vayan a llegar, porque el camino es larguísimo, pero sí empiezan a apreciarse diferencias muy claras.
¿Por qué es tan importante alcanzar el Top 100?
Porque cambia completamente tu vida como tenista. A partir de ahí accedes directamente a muchos torneos importantes, entras en los cuadros finales de los Grand Slams y dejas de jugar tantas fases previas. Eso supone un cambio enorme también desde el punto de vista económico.
La gente piensa que todos los tenistas viven muy bien, pero no es verdad. Durante muchos años la mayoría pierde dinero, tienen que pagar viajes, hoteles, entrenadores, fisioterapeutas… Incluso ganando torneos pequeños muchas veces no recuperan toda la inversión. Por eso es tan difícil. En muchos casos las familias hacen una inversión enorme durante varios años. Confían en que el jugador pueda llegar algún día al circuito grande y recuperar todo ese esfuerzo, pero no siempre ocurre.
Es una profesión muy dura.
¿Hasta qué edad puede un jugador seguir persiguiendo ese sueño?
Cada caso es distinto. Pero, en términos generales, alrededor de los veinte años ya empiezas a saber cuál puede ser tu recorrido. Si todavía no has conseguido puntos importantes o no has dado el salto al circuito profesional, normalmente llega el momento de tomar otras decisiones.
Muchos optan por estudiar una carrera, marcharse a una universidad estadounidense o dedicarse a entrenar. Es una decisión difícil, pero forma parte del deporte
¿Un tenista favorito?
David Ferrer. Siempre. Me ha parecido un ejemplo extraordinario de trabajo, sacrificio y competitividad. Ha demostrado que no todo depende únicamente del talento.
¿Y un torneo?
Wimbledon, si pudiera elegir un Grand Slam para cubrir de principio a fin, sería Wimbledon. Tiene algo especial.
¿Una ciudad?
Madrid… Es mi casa.
¿Un viaje pendiente?
Soy bastante aventurera. Me gustaría recorrer países como Finlandia… Siempre me han llamado mucho la atención.
¿Un artista?
Leiva.










