Laura Grani

Ubicado en el corazón del Eixample valenciano, Travieso Bar es un lugar ideal para los amantes del vino, pero también para aquellos que buscan sabores sorprendentes y combinaciones fuera de lo común. Un espacio que desprende una fresca rebeldía, donde cada copa y cada plato cuentan una historia de gran pasión, experimentación y respeto por la calidad.

 

Detrás de este proyecto está Nacho Otamendi, un emprendedor de espíritu inconformista que dejó atrás un mundo completamente ajeno a la hostelería para aventurarse en lo que realmente le apasiona: el vino y la gastronomía. Su visión no solo ha conseguido que Travieso Bar se convierta en un éxito, sino que también ha aportado un aire fresco y rebelde a la escena gastronómica valenciana.

Desde el inicio, su apuesta por el vino ha sido firme y arriesgada. Con hasta 60 referencias por copas, seleccionadas cuidadosamente entre pequeñas bodegas españolas y joyas internacionales, este rincón vinícola es un paraíso para los que disfrutan explorando nuevas etiquetas. Además, para garantizar la calidad de cada copa, han implementado un sistema revolucionario de vacío, que permite preservar el vino durante más tiempo sin alterar sus matices. Así que solo queda disfrutar de esa cava tan variada y en continua rotación donde Nacho se recrea para nuestro disfrute.

Platos que sorprenden y desafían lo convencional

Pero Travieso Bar no es solo vino. A Nacho le encanta jugar y se entusiasma experimentando, así que su cocina es un reflejo de la misma filosofía: jugar con los contrastes y ofrecer sabores intensos y bien equilibrados. La carta es intencionalmente  corta  porque cada bocado está pensado para provocar sensaciones, combinando acidez, toques salados e incluso pequeñas notas dulces que redondean la experiencia.

 

Uno de los platos más icónicos es el sándwich de pastrami, elaborado de forma completamente artesanal con picaña marinada en una mezcla secreta de especias. Lo verdaderamente especial de esta versión es que se ahúma antes de la salmuera, lo que intensifica su sabor y le da una textura jugosa e inconfundible. Este pastrami no es solo un plato, es casi un manifiesto gastronómico: una fusión entre la tradición y la experimentación que caracteriza a Travieso Bar.

Otro imprescindible de la carta es el cordero estilo kebab, una pierna cocinada en un kamado, un horno japonés que aporta una jugosidad y un aroma ahumado espectacular. Es un plato que desafía la idea clásica del kebab, llevándolo a otro nivel con ingredientes de alta calidad y un toque artesanal.

La ensaladilla es otro guiño a la tradición con un giro moderno. Su secreto está en la mezcla de encurtidos finamente triturados, torrezno crujiente y un toque de mango, que equilibra la acidez con un sutil dulzor. Es la prueba de que un plato tan familiar puede seguir evolucionando sin perder su esencia.

El pulled pork, cocinado a baja temperatura, es una auténtica delicia para los amantes de la carne tierna y melosa. Cada bocado se deshace en la boca, liberando todo el sabor que ha ido desarrollando durante su lenta cocción.

La carta sigue con propuestas que despiertan la curiosidad, como la Gilda traviesa XXL con extracto de vermut, que transforma este clásico pintxo en una experiencia nueva y sorprendente.

Un espacio donde todo encaja

El local no se queda atrás. Su diseño mezcla elementos industriales con materiales cálidos como la madera y la cerámica, logrando un equilibrio entre lo moderno y lo acogedor. El ambiente es relajado, ideal tanto para una cena tranquila como para una noche animada entre amigos.

Travieso Bar supera con creces el concepto un restaurante convencional, es un espacio donde el vino y la gastronomía entretienen y sorprenden. Cada visita es una oportunidad para probar algo nuevo, para dejarse sorprender y para disfrutar sin reglas ni etiquetas.

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