Jesús Reyes Ramón Oliveros

Hay fiestas que se anuncian a bombo y platillo, y luego está Clandestinos. Ese lugar (o no-lugar) donde el arroz se convierte en religión, los chefs en sacerdotes y la Albufera en un templo que solo revela su ubicación cuando ya es demasiado tarde para resistirse. La cita más esperada del calendario gastro-canalla vuelve este otoño con su edición #LoveArroz2025, prometiendo convertir, una vez más, a Valencia en la capital mundial del grano más amado del Mediterráneo.

El concepto sigue siendo irresistible: un encuentro que celebra el arroz como lenguaje universal, con más de 700 asistentes y un cartel que reúne a lo mejor de la cocina española e internacional. Desde Granada, Marbella, Alicante, Murcia o Madrid, hasta cocineros llegados de Nueva York, Ámsterdam, Dubái o Malta. Porque el arroz, cuando se hace con alma y fuego, no entiende de fronteras.

El pulso del Mediterráneo

Entre las cañas doradas de la Albufera, Clandestinos #LoveArroz es mucho más que un festival gastronómico: es una experiencia sensorial, una liturgia contemporánea que fusiona tradición y vanguardia. En los fogones, nombres que ya suenan a leyenda —Cañitas Maite, entre otros chefs con estrella Michelin y Soles Repsol— reinterpretarán el arroz en todas sus formas: meloso, seco, caldoso o reinventado con técnicas que rozan la alquimia.

El público, compuesto por cocineros, productores, periodistas, músicos, actores y gente que simplemente ama comer, se mezcla entre risas, aromas y brillos de paella. En un rincón, suena música en directo; en otro, alguien brinda con vino de la tierra mientras el atardecer tiñe el agua de tonos naranjas imposibles. Imanol Arias se deja ver, David Guapo ejerce de maestro de ceremonias y, como si fuera una película, el evento vibra entre lo improvisado y lo perfectamente orquestado.

Es la magia de Clandestinos: ese caos bello donde cada detalle está pensado para parecer espontáneo. Donde la alta cocina y el espíritu mediterráneo se dan la mano sin pretensiones, sin corbata y con una sonrisa.

Entre arroz, risas y propósito

Pero detrás del brillo hay también compromiso. Este año, todo lo recaudado se destinará a World Central Kitchen, la organización fundada por José Andrés, que desde 2010 lleva comida a zonas afectadas por catástrofes y conflictos. Un gesto que da sentido al lema “Love Arroz”: amor al producto, a la gente y al planeta.

En un mundo donde los eventos gastronómicos se multiplican como granos de arroz, Clandestinos mantiene su esencia: la emoción de lo efímero. No hay otro igual. Aquí, el lujo no está en la etiqueta del vino ni en el número de estrellas Michelin por metro cuadrado, sino en compartir mesa con desconocidos que, por un día, se convierten en cómplices de algo que saben que no se repetirá.

El secreto mejor contado

Quizás por eso Clandestinos no necesita anunciar su fecha exacta. Parte del encanto está en esa espera casi adolescente, en el rumor que corre por los grupos de WhatsApp del sector, en los mensajes que empiezan con un “¿tú sabes cuándo es?”. Porque todos quieren estar ahí, pero pocos saben realmente cómo llegar.

Y cuando por fin sucede, el día se convierte en un himno a la vida buena: arroz, amigos, música, risas y esa luz de la Albufera que no se parece a ninguna otra. El resto —la ubicación, el menú, los invitados— son solo excusas para rendirse al placer más mediterráneo: comer bien y celebrar juntos.

Este otoño, el arroz vuelve a tener coordenadas secretas. Y todos queremos la invitación.

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