L.G.
Una patata cocinada en heno, un fondo de umami que no lleva sal, un dashi de jamón ibérico y un presidente que se anima a ponerse el delantal. No fue un congreso cualquiera. Durante dos días, la ciudad de Salamanca —más acostumbrada al latín que al glutamato— se convirtió en escenario de una conversación urgente: ¿qué puede hacer la gastronomía por el mundo?
Voces que inspiran
La primera Cumbre Internacional de Gastronomía de Castilla y León no se conformó con sacar músculo con 32 estrellas Michelin, ni con presumir de productos. Lo que allí se cocinó fue otra cosa: ideas, emociones, compromisos. La cocina como relato, como forma de vida. Y también como trinchera frente a la despoblación, la emergencia climática o la desconexión con la tierra.

Entre los ponentes destacaron Shinobu Namae, chef japonés y embajador de los océanos por la ONU; Ana Roš, de Hiša Franko; Carme Ruscalleda y su hijo Raül Balam, de Moments; Nacho Manzano, de Casa Marcial; Paco Morales, de Noor; y Oriol Castro, de Disfrutar. Cada uno trajo una reflexión: sobre sostenibilidad, territorio, salud mental o legado familiar. Sus ponencias, tan diversas como personales, tejieron un mapa de conexiones entre alta cocina, identidad cultural y compromiso con el entorno. Desde el respeto absoluto al producto hasta la revisión de las raíces desde la emoción y la técnica, cada intervención fue una lección de honestidad.
Lo inesperado también se cocina
El chef peruano-japonés Micha (Rest. Maido en Lima) convirtió su ponencia en una experiencia sensorial, mientras explicaba la ruta del sabor desde el ADN hasta la emoción. Invitó al presidente Mañueco a cocinar con él en directo.

En otra mesa redonda, con lo más estrellados de los cocineros locales y moderada por el periodista Javier Pérez Andrés, se habló de despoblación rural con soluciones prácticas: apoyar al proveedor local o transformar pueblos con pequeños proyectos como una granja de ranas.
Una ciudad entera volcada con la gastronomía
La cumbre también salió a la calle. La Ruta de Tapas Cocina Monumental, en la que participaban 19 restaurantes emblemáticos de la ciudad, llenó Salamanca de versiones creativas de la cocina regional.

En el Teatro Liceo se celebró una emotiva gala conducida por Poty Castillo, organizada por la Asociación de Empresarios de Hostelería de Salamanca, con reconocimientos a restaurantes históricos como Casa Duque y La Botica de Matapozuelos. La cena final, en el Casino de Salamanca, demostró que la alta cocina también tiene acento local.
¿Y ahora qué?
La Junta de Castilla y León apuesta por convertir esta cumbre en un emblema de su estrategia turística bajo la marca Tierra de Sabor. Pero más allá de la proyección institucional, lo que importa es el mensaje: que una trucha, una croqueta o una patata cocinada con tiempo pueden decir mucho más de un territorio que cualquier campaña publicitaria.
Porque cuando la cocina se hace con preguntas, ya no es solo cocina. Es política, es emoción, es futuro. Y en esta cumbre, por fin, se habló de todo eso.
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