Laura Grani
En una finca cerca del río Tajo, en El Carpio de Tajo (Toledo), se cultivan más de 300.000 olivos que dan vida a uno de los proyectos oleícolas más interesantes de los últimos años: Casas de Hualdo. Aquí no solo se hace aceite, se piensa, se cuida y se embotella una forma de entender el campo, la tradición y el sabor con mayúsculas.

Detrás de la marca hay una mezcla bien agitada de innovación y raíces: cultivos responsables, energía renovable, cuidado del entorno y un objetivo claro: ofrecer aceites que hablen de la tierra pero también se disfruten con libertad. Nada de discursos encorsetados. Esto va de sabor, textura y experiencias reales.
El line-up: cuatro AOVEs con personalidad
La gama de aceites de Casas de Hualdo no va de “uno para todo”. Aquí cada variedad tiene su propia historia, aroma y estilo:
- Arbequina: ligero, frutado, con notas de manzana y almendra. El más versátil y fácil de querer. Perfecto para ensaladas, tostadas, repostería o un buen tomate aliñado.
- Picual: el intenso del grupo. Verde, vegetal, con carácter. Te va a ir bien con carnes, legumbres, quesos potentes y platos de cuchara.
- Cornicabra: pura raza manchega. Más picante, más amargo, más largo en boca. Para quien quiere un AOVE que se haga notar. Ideal con verduras asadas, pescados al horno o pan (del bueno).
- Manzanilla: la rareza con rollo. Floral, delicado, con notas verdes y un punto especiado. Va de lujo con marisco, fruta o incluso postres.
Y si no quieres elegir, tienen el Reserva de Familia, un coupage top que mezcla lo mejor de cada cosecha. Equilibrado, complejo, elegante. Para tener siempre a mano.
No solo aceite: un universo comestible
Casas de Hualdo no se queda en el AOVE. En su catálogo también hay quesos artesanos elaborados con leche cruda de oveja manchega de su propio rebaño, incluyendo tanto el clásico Manchego con D.O.P. como creaciones más modernas de pasta blanda. Un punto más a favor de los paladares curiosos.

Además, cuentan con una huerta ecológica donde cultivan hortalizas y frutas de temporada con criterios de agricultura regenerativa. Todo cultivado in situ, con mimo y sin prisas. El proyecto tiene alma rural, cabeza técnica y mucho ojo para lo bien hecho. Y eso se nota. Tanto si eres del team “pan con aceite” como si lo tuyo es buscar el maridaje perfecto para un tartar, aquí hay un producto que habla tu idioma.
¿Conclusión? Casas de Hualdo es de esas marcas que lo hacen bien sin hacer ruido. Y sí, un buen AOVE cambia cualquier plato. Pero si es de los que saben a algo más, mejor todavía.
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