Laura Grani
Entrar en Lula by Aurora Torres es como adentrarse en la esencia misma de la Vega Baja. Este restaurante no es solo un lugar para comer, es el latido de una tierra fértil, un reflejo de la memoria y el cariño que Aurora siente por su hogar. Hija de agricultores, Aurora creció entre los campos de calabazas, boniatos y alcachofas de Alicante, ingredientes sencillos pero llenos de historia y significado, que hoy protagonizan su menú de este año: “Paisaje de calabazas, salazones y boniatos”. Con una energía que ilumina y una pasión profunda por sus raíces, Aurora transforma estos ingredientes humildes en platos que conmueven y despiertan recuerdos.
Raíces y recuerdos: El legado de Lula
Aurora es todo corazón. Aunque se formó con algunos de los mejores chefs de España, como Pedro Subijana y Elena Arzak, nunca olvidó el aroma de la huerta y el sabor de la comida que compartía en casa. Esos recuerdos la llevaron a abrir su primer restaurante en una antigua posada de Los Montesinos, La Herradura.

En su interior, hace tres años, inauguró esa pequeña joya, el espacio gastronómico Lula, un homenaje a su abuelo, apodado “el Lula”, quien regentaba una casa de comida de las que antaño alimentaban el cuerpo y el alma de esa gente humilde y trabajadora que puebla estas tierras. Hoy, este restaurante cuenta con el único Sol Repsol de la Vega Baja y es su templo personal, un lugar donde cada plato cuenta una historia y cada bocado es un abrazo a la tierra que la vio crecer.
Un paseo por la memoria en cada bocado
El recorrido comienza con unos aperitivos que nos transportan a los sabores de la infancia de Aurora. Un pan de calabaza ecológica y una falsa sobrasada de habas seca con bacoreta (un tipo de atún local) abren el festín con una combinación de texturas y sabores que resultan profundamente familiares y, a la vez, sorprendentemente refinados.

La grasa de la bacoreta le da esa untuosidad con un toque salado que despierta los sentidos, como si nos dijera “esto es solo el principio”. Está también la anchoa en tres elaboraciones acompañada por el paté hecho con su hígado. Una tapa deliciosa.
Ensalada de texturas: La Vega Baja en el plato
El siguiente plato, una ensalada de boniato asado, tomate seco, piñones y pipas de calabaza tostadas, nos lleva de la mano a los campos de la Vega Baja. La dulzura del boniato y el sabor intenso del tomate seco se entrelazan con el “viso”, una caballa elaborada con uno de los salazones más antiguos de la región, como si el plato quisiera recordarnos las raíces y la fuerza de esta tierra. Es una ensalada llena de textura y sabor, que evoca los largos paseos entre los cultivos y el olor a tierra recién regada.
Guiso de alcachofas y boniato: El abrazo de la abuela
Después llega un plato de esos que te acarician el alma: un guiso de alcachofas y boniato. Aquí, Aurora nos trae un trozo de hogar, un plato de cuchara que sabe a cocina de abuela, a recuerdos y a días fríos junto al fuego.ç

Las alcachofas de la Vega Baja, firmes y llenas de sabor, se combinan con el dulzor suave del boniato en un caldo preparado con amor y paciencia, de esos que alimentan y reconfortan. Cada bocado es como un susurro de la tierra, un recordatorio de las comidas en familia y de los valores de la cocina sencilla.
Mar y huerta: La fusión del pargo y el trigo
El menú continúa con un pargo con trigo y limón, que rinde homenaje tanto a la costa como a la huerta. Servido sobre col autóctona y aderezado con un guiso de trigo al estilo marroquí, mar y tierra en una armonía perfecta. El toque de limón de los Montesinos aporta frescura y una ligera acidez, como una caricia de sabor que realza la delicadeza del pargo. Este plato es un canto a las raíces árabes de la región, un guiño a la historia que ha forjado la identidad de la Vega Baja.

Cordero y calabaza: el plato que abraza
Y luego llega el plato estrella, el cordero a baja temperatura con pieles de calabaza. Cocido lentamente hasta alcanzar una ternura exquisita, el cordero se presenta en su jugo, acompañado de pieles de calabaza que aportan un toque crujiente y colorido. Un toque de menta fresca corona el plato, y con cada bocado, sentimos el cariño y la dedicación de Aurora, como si su cocina nos abrazara y nos contara un pedacito de su historia, con delicadeza y respeto.
Un final dulce: Calabaza, chocolate y nostalgia
Finalmente, el viaje culmina con los postres de calabaza y chocolate. La calabaza, suave y aterciopelada, se funde con el chocolate en un abrazo dulce que llena de nostalgia y confort.

Un guiño a los momentos felices de la infancia, a esos postres caseros que alegraban cualquier comida. Y los turrones artesanales elaborados en Catral son la guinda perfecta, un final que sabe a hogar y a la ilusión de las festividades.
La Vega Baja en cada bocado: La misión de Aurora Torres
Un año más, esta cocinera fuerte como la roca y dulce como un pastel ha conseguido diseñar un menú que transporta y abraza. Solo quedan pocas semanas, hasta finales de noviembre, para disfrutarlo que es un paseo por los recuerdos, un tributo a la Vega Baja y a la vida que Aurora Torres ha elegido. En cada plato, ella nos invita a sentir el latido de la huerta, a redescubrir los sabores humildes de su tierra y a conectar con las emociones que nacen de lo auténtico y lo verdadero. En Lula, los ingredientes más sencillos se transforman en una sinfonía de sabores y emociones, y al terminar el menú, uno se siente un poquito más cercano al corazón de una mujer especial que cocina, por encima de todo, con amor.
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