Laura Grani

En el mundo del vino hay proyectos que son pura aventura y pasión. Solo pueden emprenderlos los soñadores, los que no paran frente a las dificultades y superan cualquier bache, porque quieren hacer realidad su visión.

Bosque de Matasnos es uno de ellos y es el ejemplo de que, con esfuerzo y sacrificio, se puede llegar a la excelencia. Una bodega que ya solo por su emplazamiento, a 950 metros de altura, constituye un reto e impone unas dificultades de nivel alto.

Su viñedo está circundado por el bosque que le da el nombre, allí se está construyendo la que será la nueva bodega y allí se encuentra el Txoko, un lugar de encuentro para experiencias que unen vino, gastronomía y almas.

Bodega de altura

La idea de montar una bodega de altura, en esta zona de la Ribera del Duero Alta, la tuvo Jaime Postigo, el bodeguero soñador de esta historia.

El viñedo ocupa unas hectáreas que antes fueron bosque, hasta que, en los años 60, los antiguos propietarios decidieron dedicarlas al cultivo del cereal. Para despejar la zona de toda la madera talada, acudieron todos los que tenían animales de carga, y el trabajo durísimo y las temperaturas llevaron a muchos animales a la muerte. De aquí el nombre, bosque de mata-asnos.

La ilusión de Jaime fue, desde el inicio, conseguir unos grandes vinos y para eso en Bosque de Matasnos han renunciado a grandes producciones. Prefieren tirar la mitad de los racimos de las cepas viejas, para que la planta concentre todo sus polifenoles y fructosa en los pocos que le quedan.

El resultado son vinos de elegancia y complejidad evidente. Se elaboran con las variedades que han resultado adaptarse mejor a este particular emplazamiento. Si en sus inicios la bodega solo contaba con cuatro hectáreas de viñedo, ahora cuenta con 58 que, en la ambiciosa visión de Jaime, llegarán a ser 120.

Las variedades tintas escogidas son la Tempranillo, la Merlot, la Syrah y la Malbec; entre las blancas, se han asentado con éxito la Viognier, la Verdejo, la Chardonnay y la Albillo Mayor, la blanca local.

Dan para grandes vinos que además envejecen apaciguadamente en las barricas más exclusivas del mercado, construidas con maderas seleccionadas por los mejores fabricantes de Francia o EEUU. Así que, tal y como lo ha soñado Jaime Postigo, no cuesta imaginar a sus vinos en el top ten de los vinos españoles.

La sostenibilidad como prioridad

Es más, todo el proyecto Bosque de Matasnos nace con vocación de sostenibilidad 100%,  poniendo en primer lugar el respeto y cuidado del territorio. Desde el inicio se han desarrollado colaboraciones con entidades que asesoran y ayudan a las empresas en este sentido.

Una de las iniciativas más loables ha sido la reintroducción de especies para la lucha biológica, como el cernícalo o el autillo que combaten las plagas de roedores.

Las abejas, tan amenazadas en nuestros días, viven a sus anchas en este paraíso libre de pesticidas donde unos humanos presurosos se encargan de que a lo largo de todo el año haya flores para su sustentamiento y para que puedan trabajar a gusto, al mismo tiempo que polinizan. Por esta razón, no nos sorprende que la miel de Bosque de Matasnos sea certificada como totalmente libre de pesticidas, ya que unas abejas tan felices no van a alejarse mucho de su comedor.

Las ovejas también han encontrado aquí casa y trabajo, ya que se emplean a fondo en las tareas de limpieza del bosque junto con el ganado bovino. También hay paneles solares y pronto la bodega contará con su propia reserva de agua.

Visitando este edén, solo se puede desear que haya más proyectos así y, por supuesto, más soñadores como Jaime Postigo y los suyos.

Hemos escogido tres vinos con alma de bosque:

BMA Petit Blanco: coupage de Viognier, Verdejo, Chardonnay y Albillo Mayor. Complejo y untuoso por su estancia sobre lías. En boca, mucha fruta, albaricoque, piña, cítricos y hasta frutas blancas. Estupendo para combinar con pescado, arroces o carnes blancas. También con quesos de media curación y cremosos.

BMA Etiqueta Blanca: Tempranillo con un toque de Merlot y Malbec. Muy elegante y fino al mismo tiempo que intenso y largo. Los aromas de coco y vainilla combinan con un toque mineral. Acompañaría voluptuosamente carnes rojas, quesos, embutidos, caza y setas.

BMA Tempranillo y Malbec: suntuoso, fresco y largo. Sus taninos son muy elegantes y finos. En boca es muy complejo, con fruta roja y negra, vainilla, un toque de nuez moscada, cacao y hasta tabaco. Un gran vino, perfecto para platos con fuerza como los del bosque y de Castilla y León.

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