Laura Grani

Hace tiempo que la Denominación de Origen Calificada Rioja ha establecido la categoría “Vinos de Viñedos Singulares” para reconocer la excelencia de los mejores terroir de la región.

Para recibir esta mención los viñedos a partir de los que se elaboran los vinos tienen que cumplir con unos requisitos muy exigentes que abarcan también las modalidades de vendimia, elaboración y crianza.

Para que nos entendamos, estamos frente a los vinos más top de la que, sin duda, es una de las denominaciones más conocidas mundialmente. Y Bodega Viñedos de Sonsierra, en San Vicente de la Sonsierra, en la Rioja Alta, es una cooperativa pionera (nace en 1962) que agrupa más de 240 viticultores de una comarca de tradición centenaria y características únicas para el cultivo de la vid.

De hecho se trata de la primera cooperativa que comenzó a comercializar vinos embotellados (cuando las cooperativas solo vendían a granel). Con unas 430 hectáreas de viñedos y un planteamiento valiente, Bodegas Sonsierra ha decidido invertir en un proyecto volcado a valorizar lo más excelso de su producción.

Una bodega única

Esto ha llevado a la creación de una bodega única en España por sus características, exclusivamente destinada  a I+D. Allí se pueden experimentar todas las posibilidades de los últimos avances en apoyo a las técnicas tradicionales.

Prácticamente, el sueño de cualquier enólogo. En este caso, el director técnico es Rafa Usoz, que puede presumir de haber capitaneado unas 33 campañas en tan bonitas trincheras.

Fruto de esta experimentación y trabajo minucioso es la colección de Vinos de Viñedos Singulares de la Bodega, recientemente presentada en Madrid en el Centro Riojano. Nueve vinos singulares, de producción tan limitada que roza lo anecdótico (en algunos casos no hay más que unas 500 botellas).

Las etiquetas están inspiradas en la heráldica de la comarca que habiendo sido tierra de reinos, reyes y caballeros recibió, en el siglo XIV, de Enrique de Trastámara, el privilegio de la hidalguía.

Vinos de viñedos singulares

Tres han sido los vinos que hemos podido disfrutar: El Manao, del que solo se han producido 576 botellas, es un vino lleno de matices. Aparecen inicialmente notas de fruta madura, confitura de frutos negros, regaliz, tostados suaves, café y tabaco de fondo. Intenso y amplio en la boca.

Duermealmas, sólo 1.728 botellas, llena la nariz de fruta. Mora, grosella, violeta con unos toques cremosos y especiados. Largo e intenso con un buen final.

El Rincón de los Galos, 2.016 botellas, es el más concentrado  y complejo en nariz.  Fruta y madera: moras, fruta negra, regaliz, notas de café, chocolate y recuerdos minerales. Sedoso y envolvente que llena la boca.

Una colección de vinos singulares y seguramente exclusivos que hará las delicias de más de un enófilo.

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