Laura Grani
En Rioja, pocas bodegas pueden presumir de tener tanto pasado sin quedarse ancladas en él. Bodegas Franco-Españolas lo ha conseguido. Desde 1890, cuando un bordelés con visión se instaló en Logroño buscando una nueva vida para sus vinos, esta casa ha sido testigo y protagonista de la evolución del vino en España. Sus etiquetas han estado en hoteles de lujo, en novelas de Hemingway y, sobre todo, en millones de mesas donde se brinda con ganas.
El corazón clásico y la nueva intuición: dos vinos, una misma historia
Ahora presenta dos vinos que resumen a la perfección su filosofía: mirar hacia delante sin olvidarse de dónde vienen.
Talla de Diamante 2024 es la nueva versión de un blanco mítico. No es exageración: fue el primer vino que elaboró la bodega hace más de un siglo, y desde entonces no ha parado de conquistar paladares. Pero esta «talla» no vive de glorias pasadas. Es fresca, luminosa, con ese punto amable que conquista tanto a fans de los blancos suaves como a quienes solo buscan algo rico y fácil de beber. Ideal para abrir una botella sin motivo y acabar celebrando lo que sea. El espíritu clásico con aire moderno.

Frente a él, Pálpito 2022 representa todo lo contrario… y al mismo tiempo, lo mismo. Es una novedad, sí, pero con raíces profundas. Una garnacha que nace de una intuición —literalmente— y de un viñedo viejo que guarda recuerdos de familia y paseos con la abuela. Borja Eguizábal, tercera generación al frente de la bodega, quiso rendir homenaje al origen. Y lo hizo sin fórmulas ni estrategias: simplemente siguiendo el instinto. El resultado es un vino con personalidad, limitado y especial, que se disfruta mejor cuando se quiere saborear algo con alma.

Uno brilla como un clásico que se actualiza sin perder su esencia. El otro late con fuerza, como una nueva voz que llega para quedarse. Ambos son Rioja, pero no el Rioja de siempre. Son dos formas de entender el vino que comparten una misma bodega, una misma pasión y una misma idea: que los mejores vinos no se explican, se sienten.
Y si te cuesta elegir entre uno y otro, no sufras. Hay días para dejarse llevar por el encanto de Talla de Diamante, y otros para seguir un Pálpito. Y todos valen la pena.
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