Laura Grani

Cuando se habla de tradición y excelencia en torno al cerdo ibérico, hay un nombre que brilla con luz propia: Jamones Blázquez. Esta empresa familiar, que lleva más de 90 años dedicada con mimo y precisión al arte del jamón ibérico, ha conseguido que su legado traspase fronteras sin perder ni una pizca de autenticidad. Fundada en 1932 por Isidoro Blázquez y Teresa Martín, la compañía ha sabido mantener intacta su filosofía a lo largo de cuatro generaciones: respeto por el producto, pasión por el detalle y control absoluto de todo el proceso de producción.

Del campo a la mesa, con sello propio

La excelencia de Jamones Blázquez empieza desde el origen. Seleccionan su propia raza de cerdo ibérico, criado en libertad y alimentado con bellotas en más de 30.000 hectáreas de dehesas ubicadas en Salamanca, Extremadura y Andalucía. Todo bajo una supervisión minuciosa que garantiza la calidad en cada fase, desde la cría hasta la curación. Con cuatro centros de trabajo situados estratégicamente (Crespos, Guijuelo, Extremadura y Salamanca), el control de la producción es total. No hay margen para la improvisación.

“Admiración”: el alma de la casa

Dentro de su catálogo, hay una línea que destaca por encima de todas: “Admiración”. Esta gama de productos es un homenaje al legado familiar y a la pasión que mueve a la marca desde sus orígenes. Su nombre lo dice todo: respeto profundo por la tradición, por el animal y por el trabajo bien hecho. Este jamón de bellota ibérico no solo enamora a primera vista con su color rojo profundo y vetas de grasa infiltrada. También conquista el olfato y el paladar con un perfil aromático que evoca la dehesa, y una textura sedosa que se funde en boca dejando un retrogusto largo, elegante y muy sabroso.

Comerlo es una experiencia que va mucho más allá del sabor: es cerrar los ojos y dejarse llevar por un viaje sensorial al corazón del campo español. Cada loncha es puro placer, una explosión de matices que despiertan emociones. Un capricho que se convierte en rito.

Innovación y sostenibilidad como bandera

Lejos de quedarse en lo tradicional, Jamones Blázquez apuesta fuerte por la innovación. De hecho, es la única empresa del sector del ibérico que cuenta con una planta de biogás integrada en su proceso productivo, cerrando así el círculo de una economía 100% sostenible y respetuosa con el medio ambiente. La trazabilidad, la eficiencia energética y la gestión responsable de los recursos son pilares clave en su modelo de negocio.

Reconocimiento internacional y un legado que se saborea

El buen hacer de la familia Blázquez no ha pasado desapercibido. Su línea “Admiración” está presente en más de 30 países, en algunos de los establecimientos gourmet más exigentes del mundo. Y no es para menos: durante trece años consecutivos han recibido el Superior Taste Award, el máximo galardón otorgado por el Instituto Internacional de Sabor y Calidad (iTQi), con sede en Bruselas.

En definitiva, Jamones Blázquez no solo produce jamón: crea experiencias gastronómicas que hablan de historia, de territorio y de pasión por las cosas bien hechas. Un legado familiar que se honra bocado a bocado, y que transforma lo cotidiano en extraordinario. Porque hay productos que se comen… y otros que se viven.

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