Hace un mes, Nepal puso, por primera vez, a una mujer al frente de su gobierno: Sushila Karki. El nombramiento de esta jurista, ex presidenta del Tribunal Supremo, lo llevó a cabo el Presidente de la República. Pero fue en las redes sociales donde se aupó su candidatura, después de que las protestas que forzaran la marcha de su predecesor.

Las tres últimas décadas de Nepal se resumen en una crisis enlatada en una nueva crisis. A principios de los noventa, la monarquía nepalí aceptó limitar sus poderes bajo una constitución. ¿La democratización de la corona rebajó la tensión? A ver, digamos que no mucho…

«Hace un mes, Nepal puso, por primera vez, a una mujer al frente de su gobierno: Sushila Karki.»

Hacia 1996 las guerrillas maoístas empiezan a operar en el país de los Himalayas en lo que degeneraría en una auténtica guerra civil hasta 2006.

En 2001, se produjo un hecho insólito. El príncipe heredero Dipendra, al parecer descontento porque le negaban el derecho a escoger esposa, asesinó a sus padres, el rey Birendra y la reina Aishwarya, a su hermano, a su hermana, así como a dos de sus tíos y tres de sus tías. Tras masacrar a la mayor parte de la familia real, Dipendra se puso el cañón en la sien con tan mala fortuna que no se quitó la vida –otras versiones apuntan a que fue herido por la guardia palaciega.

«Tras masacrar a la mayor parte de la familia real, Dipendra se puso el cañón en la sien»

Durante tres días, en los que técnicamente se convirtió en rey de Nepal, Dipendra se debatió entre la vida y la muerte, hasta dejar por fin este mundo. Le sucedió en el trono su tío, Gyanendra, tristemente famoso por haber abusado de su condición de miembro de la realeza, para mangonera en la industria tabacalera y turística del país.

Entre el hambre y las ganas de comer, el prestigio de la monarquía nunca se recuperó. Tampoco ayudó que Gyanendra aboliera la precaria democracia nepalí, en 2005, ni que recrudeciera el terrorismo de Estado contra las guerrillas maoístas.

«Le sucedió en el trono su tío, Gyanendra»

En 2007, el monarca se rindió y cedió sus poderes de gobierno. Un año después, la Asamblea Constituyente proclamó la república. Sin embargo, el Partido Comunista de Nepal, de signo maoísta, mostró un escaso interés en una transición democrática. Si bien, sólo tenía el 30% de los votos.

Incapaz de aprobar una nueva constitución, la asamblea se disolvió en 2012. Sin embargo, sí escogió a un Presidente y un Vicepresidente, sin suprimir la oficina de primer ministro. Esto es llamativo de hasta qué punto la asamblea estaba dividida. Normalmente, las repúblicas que separan la Jefatura de Estado de la de gobierno no establecen una vicepresidencia. Su creación muestra, por una parte, la falta de acuerdo en torno a la forma de Estado, entre parlamentarismo y presidencialismo, pero también un intento de ofrecer algún cargo a las distintas facciones políticas y étnicas.

«En 2007, el monarca se rindió y cedió sus poderes de gobierno. Un año después, la Asamblea Constituyente proclamó la república.»

Así, la presidencia se le entregó a un miembro del Partido del Congreso, facción izquierdista, relativamente moderada. La vicepresidencia se concedió al partido Foro de los Derechos del Pueblo Madhesi, fuerza demandante del federalismo, mayoritaria entre los habitantes de la llanura de Tarai. La jefatura de gobierno, el verdadero poder, quedó en manos del Partido Comunista Unificado, marxista leninista, que en 2011 cedería el testigo a los exacerbados maoístas del Partido Comunista del Nepal.

La Segunda Asamblea Constituyente sí consiguió aprobar una constitución. Se declaró Nepal una República Parlamentaria Federal y se consolidó al primer ministro como director de la agenda gubernamental. La presidencia de la república se redujo a un rol ceremonial. Lo curioso es que mantuvieron el cargo de vicepresidente de la república. Que yo conozca, entre las demás repúblicas parlamentarias, únicamente Bulgaria contempla una vicepresidencia del Estado.

«La Segunda Asamblea Constituyente sí consiguió aprobar una constitución.»

Más o menos a la vez que caía la monarquía, se minimizó la lucha armada paramilitar y terrorista. Las esperanzas de una mejora en la vida de nepalíes parecían realistas. Por desgracia, como ocurre en la mayoría de las revoluciones, una vez en el poder, los revolucionarios se abandonaron a la corrupción.

Durante casi dos décadas, el poder lo han monopolizado tres grandes facciones: el Partido del Congreso, el Partido Comunista Unificado y el Partido Comunista. Durante las últimas décadas, han dirigido el gobierno a través de distintas coaliciones. Y todas han incurrido en los mismos vicios.

«Durante casi dos décadas, el poder lo han monopolizado tres grandes facciones: el Partido del Congreso, el Partido Comunista Unificado y el Partido Comunista»

La crisis definitiva estalló bajo el gobierno del Partido Comunista Unificado, pero no se le puede achacar la responsabilidad exclusiva. Sin duda suya, era gran parte de la culpa, pero los anteriores gobiernos y los demás partidos no lo habían hecho mejor.

La juventud nepalí empezó a manifestarse en las calles exigiendo medidas contra la corrupción y cambios en el ejercicio del poder. Conocidas como protestas de la generación Z, estas escalaron a principios de este septiembre.

«La crisis definitiva estalló bajo el gobierno del Partido Comunista Unificado, pero no se le puede achacar la responsabilidad exclusiva»

Ante el auge de las protestas, el primer ministro Sharma Oli –quien había ostentado el cargo entre 2015-2016, 2018-2021 y 2024-2025– lanzó una brutal represión que se saldó con 72 muertos y miles de heridos. En paralelo anunció la clausura de las redes sociales, principal herramienta de comunicación de los manifestantes, con la excusa de que incentivaban la violencia.

Como se imaginará, semejante reacción sólo avivó el vigor de la protesta que no tardó en recrudecerse. El rechazo de la calle al gobierno se hizo insoportable. El golpe de gracia llegó cuando ejército manifestó que no podría seguir obedeciendo las brutales órdenes del gobierno, si este no llegaba a un acuerdo con la población.

«el primer ministro Sharma Oli lanzó una brutal represión que se saldó con 72 muertos y miles de heridos»

Después de pactar que él y sus ministros hallarían asilo en barracones militares, Sharma Oli dimitió el 9 del mes pasado. El Presidente del país, Ram Chandra Poudel, sorprendió a la nación anunciando que para la elección del nuevo jefe de gobierno no se limitaría a escuchar a los partidos políticos, sino a los jóvenes y a los manifestantes en general.

Ahí es que cuando entraron en juego las redes sociales que Sharma Oli había intentado prohibir. Los manifestantes querían que el gobierno de transición a unas elecciones –y la supervisión de esos comicios– quedara en manos de alguien ajeno a los tejemanejes políticos. Entre los nombres propuestos se alzó con una gran fuerza el de la ex presidenta del Tribunal Supremo.

«Los manifestantes querían que el gobierno de transición a unas elecciones quedara en manos de alguien ajeno a los tejemanejes políticos»

Cumpliendo su palabra, el Presidente puso a Sushila Karki al frente del gobierno el 12 de septiembre. Ese mismo día, la primera ministra obtuvo del Jefe del Estado la disolución del parlamento. Ahora, los nepalíes caminan hacia unas urnas de las que pueden salir escaldados los partidos dominantes en las últimas décadas.