La magia de ‘Wicked’ llega por fin a España

No es raro conocer la historia del Mago de Oz: Dorothy y su perrito Toto piden ayuda al todopoderoso Mago para poder regresar a Kansas, haciendo un curioso grupo de amigos por el camino: la bruja buena Glinda, un león cobarde, un hombre de hojalata sin corazón y un espantapájaros sin cerebro, quienes se enfrentarán a la malvada bruja del oeste.

Wicked, el aclamado musical que se ha estrenado por primera vez en España, bajo la dirección de David Serrano y producido por ATG Entertainment, sucede antes de todo esto. Cuando Glinda (Cristina Llorente) aún era Galinda, cuando la bruja del Oeste solo era Elphaba (Cristina Picos) y cuando la línea entre los buenos y los malos estaba aún por dibujar.

Esta producción totalmente nueva del espectáculo con música y letra de Stephen Schwartz y libreto de Winnie Holzman, que podrá verse en el Teatro Nuevo Alcalá desde el 3 de octubre, todo tipo de público podrá sorprenderse: desde los más conocedores del título, redescubriendo la historia a través de los nuevos diseños de escenografía (Ricardo Sánchez Cuerda), vestuario y coreografía (Iker Karrera); hasta aquellos que ponen el pie en Oz por primera vez, en un teatro transformado para ofrecer una experiencia inmersiva.

Llorente y Picos interpretan a las dos brujas protagonistas, personajes que originaron Kristin Chenoweth e Idina Menzel y que recientemente han popularizado Ariana Grande y Cynthia Erivo en la adaptación cinematográfica, respectivamente. Este deslumbrante duo compuesto por lo que tradicionalmente consideraríamos un hada madrina (Glinda) y una bruja (Elphaba) deslumbra gracias a la potencia individual de las actrices por separado, culminando en su química cuando interactúan, ya sean llevándose a matar o sacrificándose la una por la otra.

La dulzura y levedad de Cristina Llorente como Glinda, quien, literalmente hace su primera aparición flotando por el escenario, sumadas al vestuario de Antonio Belart presentan al personaje como la personificación de la bondad. Llorente hace un espectacular trabajo de llevar a nuestra buja buena desde el estereotipo de niña superficial y consentida, hasta el icono de todo lo que está bien, por lo menos de puertas para fuera. Destaca, también la limpieza de su voz, así como su registro que la lleva hasta los agudos propios de una ópera, y su faceta cómica que hace posible que el público se encariñe con Galinda en su etapa más insufrible.

Cristina Picos, por su parte, arrolla de la mano de Elphaba desde que pone el pie en el escenario, arrancando una ovación del público ya en su primera canción (El Mago y yo). Pintada por completo de verde -un proceso que dura dos horas diariamente- Picos introduce a Elphaba no como la malvada bruja del oeste, sino como una devota, responsable y entregada hermana mayor que ha de cuidar de Nessarose (Lydia Fairén) cuando esta va a la universidad, ya que va en silla de ruedas y su padre considera que necesita protección. Firme, valiente, con sus valores claros y sin pelos en la lengua, Elphaba es una revolucionaria de buen corazón que hará que el público se haga una inevitable pregunta: “¿Cómo llegó a ser el terror que conocemos?”.

Junto a ellas, veremos como las vidas de sus más allegados se ven transformadas por los extraños sucesos que están ocurriendo en Oz: Fiyero (Xabier Nogales), el galán príncipe que prefiere pasar por la vida sin pensar, solo bailando; Dr. Dillamond (Esteban Oliver), el profesor cabrío que abrirá los ojos a sus alumnos sobre la historia; Madame Morrible (Guadalupe Lancho), la directora de la Universidad de Shiz que verá el potencial de Elphaba; Boq (Neizan Martín), el simpático Munchkin deslumbrado por Glinda; y, por supuesto el todo poderoso Mago de Oz (Javier Ibarz) consagrado a cumplir deseos.

Envueltos en una escenografía que recuerda a una casa de muñecas que no deja de abrirse para descubrir nuevos espacios, con más de 2.600 flores led y ataviados con las más de mil piezas de vestuario confeccionado a base de capas con estampados únicos y piedras brillantes, los ciudadanos de Oz aparentan vivir en un cuento de hadas, pero si el público presta atención, podrá ver cómo los actos de represión silenciosa ocurren desde el inicio de las clases y culminarán en un intento de revolución. Con grandes críticas al poder, a la repulsión hacia lo diferente y a la demagogia, frases como “la mejor manera de unir a la gente es darle un enemigo común”, sonarán menos a cuento y más a actualidad.

Pese a ser la primera vez que Wicked llega a España, el público no es ajeno a su historia o sus canciones, al fin y al cabo, ha sido visto por más de sesenta millones personas en todo el mundo; hasta tal punto que, durante Popular, uno de los temas más populares del musical, se escuchaban en el patio de butacas tarareos reprimidos en un intento de no cantar la canción más asociada a Glinda. Algo similar ocurría con el que puede ser considerado como el final del primer acto más famoso de todo Broadway: Desafiando la Gravedad (Defiying Gravity). Pero en esta ocasión nadie hacía esfuerzos por no cantar, debido a la dificultad propia de la canción, que Picos parecía no notar en su magistral interpretación. En ese momento se extendía un tenso silencio anticipando lo que casi todo el mundo sabía que venía, algo que deseaban y, quizá temían, al mismo tiempo, pero que lejos de defraudar, superó las expectativas.

Es necesario mencionar al polivalente elenco que se transforma constantemente (en ocasiones en menos de treinta segundos) en todo aquello que necesite el espectáculo. Desde humildes munchkins hasta los más sofisticados ciudadanos de Ciudad Esmeralda, Lucía Ambrosini, Antonio Mañas, Laura Enrech, Carles Vallés, Anna Coll, Aarón Mata, Clara Rengel, Iván Amigo, Carla Places, Nacho Porcar, Mia Lardner, Esteban Provenzano, Laura López, Odo Cabot, Jessica Garcés, Jon Ipiña, Belén Marcos, Gallo Ryan, Julia Saura y Oscar Muñoz se mueven como uno y dan brillo y color al mundo de Oz.

Wicked nos obliga a revisitar una historia en la que todos creíamos saber quién estaba en el bando correcto, plantando una semilla que empuja a replantearse el mundo más allá de Dorothy y Toto.