Unas semanas atrás, Francia anunció su irrevocable decisión de reconocer a Palestina como Estado. Pocos días después, Reino Unido amenazó a Israel con hacer lo mismo, a menos, que haya un alto al fuego en Gaza. Ergo…, si la ayuda a humanitaria llega a la Franja, ¿no dará el paso? El reconocimiento de Palestina como Estado no suena como una mala idea. A decir verdad, no lo es. Pero ¿eso lo convierte automáticamente en una buena idea?

La verdad es que, en la actualidad, los países que reconoce a Palestina como Estado no son la excepción, sino la regla. 147 de los 193 miembros de la ONU reconocen a Palestina como Estado. La mayoría de estos países mantienen relaciones diplomáticas estables con la Organización para la Liberación Palestina. De hecho, incluso hay países como Estados Unidos, Alemania, Austria, Suiza e Italia, que, a pesar de no reconocer un Estado palestino, mantienen relaciones diplomáticas con las autoridades palestinas.

«El reconocimiento de Palestina como Estado no suena como una mala idea. […] Pero ¿eso lo convierte automáticamente en una buena idea?»

Comparativamente, a Israel le reconocen 164 de los 193 miembros de la ONU, de los cuales 8 han suspendido sus relaciones diplomáticas, con el Estado hebreo. No parece tanta ventaja ¿verdad?

Esto nos conduce a una incómoda pregunta: ¿qué ventajas tiene para los palestinos verse reconocidos como Estado? Pues, no despreciaré el valor simbólico-político, incluso moral, del gesto. No obstante, a nivel práctico, reconocer a Palestina como Estado sólo te obliga a reconocer el pasaporte palestino y… a poner una alfombra roja en la escalera del avión, cuando su Presidente visite tu país.

«147 de los 193 miembros de la ONU reconocen a Palestina como Estado»

Ni siquiera te obliga a mantener abierta una embajada u oficina consular en su territorio. Guatemala, Liberia, República Democrática del Congo o Nepal reconocen a Palestina como Estado, pero ni tiene sedes diplomáticas acreditas ante Palestina, ni han albergan a un cónsul o embajador palestino en sus territorios.

En muchos sentidos, el reconocimiento de Palestina como Estado parece más una medida de consumo interno, que una decisión que aspire a una repercusión internacional seria. Los gobiernos pretenden contentar así las legítimas simpatías de sus opiniones públicas hacia los palestinos. Aunque una vez hecho, el gran gesto no se traduce en nada. No obliga a involucrarse en la resolución del conflicto de ninguna manera.

«el reconocimiento de Palestina como Estado parece más una medida de consumo interno, que una decisión que aspire a una repercusión internacional seria»

En pocas palabras, después del reconocimiento, todo sigue igual. De resultas, una decisión de gran valor político se pervierte y degrada a un espejismo para confundir y manipular a la opinión pública occidental y a los propios palestinos.

Hay un segundo efecto perverso en dar este paso. El reconocimiento de Palestina como Estado es prematuro. Según la definición más aceptada en derecho internacional, un Estado es una entidad que aúna: territorio, población, forma de gobierno y soberanía.

«un Estado es una entidad que aúna: territorio, población, forma de gobierno y soberanía»

Empezando por el primero, hoy sería discutible que Palestina disponga de un territorio propio. La mayoría de los Estados que han reconocido a Palestina suelen tomar como referencias las llamadas fronteras de 1967, anteriores a la Guerra de los Seis Días. En realidad, se trata de las fronteras fijadas por el armisticio de 1949 que puso fin a la guerra árabe-israelí del año anterior, Guerra de la Liberación o de la Independencia para los hebreos, la Nakba (catástrofe) para los palestinos.

Conocidas como las fronteras de la Línea Verde, por el color del lápiz, con que se fijaron sobre el mapa, estas comprenden Gaza, Cisjordania –con una manga de tierra que se extiende hasta Siria, hoy anexada a Israel– y Jerusalén Este, como capital. Por tanto, en contra de la creencia popular, el reconocimiento del Estado Palestino, por regla general, desecha las fronteras establecidas por el por el Plan de Partición del Mandato Británico de Palestina (1947), aprobado por la Resolución 181 de la Asamblea General de Naciones Unidas.

«La mayoría de los Estados que han reconocido a Palestina suelen tomar como referencias las llamadas fronteras de 1967, anteriores a la Guerra de los Seis Días»

Al margen de su inconcreción territorial, las autoridades palestinas carecen de soberanía real. Basta con mirar la partición palestina de 1949/1967 sobre un mapa, para darse cuenta de que los palestinos controlan apenas una ínfima porción del territorio que les conferiría.

El gobierno palestino de Ramala, en Cisjordania, depende de Tel Aviv para cuestiones tan básicas como la seguridad civil o la recaudación de impuestos. La policía y militares israelíes pululan por Cisjordania. Esto sin mencionar a los colonos hebreos en la zona. Jerusalén Este fue anexionado a Israel.

«Al margen de su inconcreción territorial, las autoridades palestinas carecen de soberanía real»

En cuanto a Gaza, desde hace más de una década, padece un bloqueo terrestre y aéreo, con la complicidad de Egipto. En la actualidad, es de sobras conocido que más de la mitad de la Franja se encuentra militarmente ocupada y el resto padece los efectos de una inmisericorde ofensiva bélica.

La comunidad palestina tampoco dispone de una forma de gobierno definida. Hay uno en Cisjordania y otro en Gaza.

Los Estados que reconocen a Palestina, reconocen al gobierno del partido Al-Fatah en Cisjordania. Oficialmente, este se estructura en una república semipresidencialista. En la práctica esto resulta más que discutible. La República Palestina es, más bien, un partido político que juega a disfrazarse de Estado.

«La comunidad palestina tampoco dispone de una forma de gobierno definida»

Para hacernos una idea, el parlamento o Consejo Legislativo celebró su última elección en 2006. Como Hamás se convirtió en la primera fuerza, el gobierno de Al Fatah suspendió sus sesiones hasta disolverlo en 2018. Deberían haberse convocado elecciones en 2021, pero estas nunca llegaron. Esto nos recuerda la brecha entre los palestinos de Gaza y los de Cisjordania.

Al Fatah carece de cualquier autoridad efectiva sobre Gaza. La Franja se encuentra gobernada por los integristas salafistas del grupo terrorista Hamás, quienes ejercen el poder con mano de hierro.

Incluso resulta dudoso quiénes integran la población palestina. De buenas a primeras, podríamos decir que todos los residentes en Gaza y Cisjordania que carecen de otra nacionalidad serían los potenciales palestinos.

«Incluso resulta dudoso quiénes integran la población palestina»

Sin embargo, también hay muchos palestinos exiliados que se han acogido a otras nacionalidades. Dentro de Israel hay árabes musulmanes con pasaporte israelí y algunos árabes que viven en condición de no nacionales. Mucha gente dentro de estos grupos manifiesta interés en la nacionalidad palestina, acorde con su identidad cultural.

El reconocimiento estatal prematuro de Palestina no ayuda a los palestinos. Más bien les perjudica, porque concede a los Estados la excusa para desentenderse de las problemáticas relativas a la nacionalidad, el territorio, la organización gubernamental y la soberanía palestinas. En definitiva, para desentenderse de la solución real del conflicto.