El asalto a la frontera ceutí del pasado 30 de julio desencadenó muchas especulaciones acerca del papel desempeñado por el gobierno marroquí. No es para menos, pero antes de profundizar en esa incógnita, deberíamos reparar en una pregunta previa: ¿quién gobierna Marruecos? O dicho de otro modo, ¿quiénes ejercen el poder en nuestro vecino meridional?
Sobre el papel, la reforma constitucional de 2011 acercó Marruecos a lo que en la historia europea hemos denominado monarquía liberal. Esta categoría se estrenó en Francia (1833) con Luis Felipe. Describe a reyes que, pese a ver sus poderes limitados por un parlamento y una constitución, seguían dirigiendo el gobierno del país. Sería una especie de intermedio entre la monarquía absoluta y la parlamentaria, en que el monarca sí queda privado de todo poder político. Hoy día, únicamente Lichtenstein mantiene este régimen, al norte del Mediterráneo.
«¿quién gobierna Marruecos? O dicho de otro, ¿quiénes ejercen el poder en nuestro vecino meridional?»
Con la Primavera Árabe agitando El Magreb y Oriente Medio, Mohamed VI aprobó una nueva constitución que reducía sus poderes. Se daba un carácter más democrático a las instituciones marroquíes. En la práctica, muchos de esos cambios se han quedado en lo puramente estético. No por casualidad, el desencanto de los marroquíes con su clase política no deja de crecer.
Teóricamente, hoy Marruecos dispone de un parlamento dividido en dos cámaras: la Cámara de Representantes, escogida por el pueblo, y la Cámara de Consejeros, cuyos integrantes son escogidos indirectamente, en representación de territorios y sectores profesionales y económicos. El rey debe nombrar al primer ministro del partido político más votado y a los ministros a propuesta de este.
«la reforma constitucional de 2011 acercó Marruecos a lo que en la historia europea hemos denominado monarquía liberal»
El monarca retiene algunos poderes autónomos en distintas materias. Puede disolver el parlamento previa consulta al presidente del Tribunal Constitucional y notificación formal al gobierno – aunque no estuvieran de acuerdo. Puede cesar a ministros, sin otro percance de que una consulta previa a su presidente. Dispone de un veto suspensivo, es decir, puede pedir al parlamento que debata una ley por segunda vez, para sancionarla. Además, mantiene importantes prerrogativas en materias de defensa y de indultos.
Ahora bien, esto es el texto constitucional. La práctica es muy diferente.
En Marruecos, el poder político efectivo se encuentra muy lejos del parlamento, del consejo de ministros y, desde luego, de los ciudadanos. Este radica en la Casa Real, la élite económica del país y las agencias de inteligencia.
«el poder político efectivo se encuentra muy lejos del parlamento, del consejo de ministros y, desde luego, de los ciudadanos»
La Casa Real o “Makhzen” es el auténtico núcleo del poder. En palacio se encuentra el llamado Gabinete Real, integrado por personas de la estricta confianza del monarca, designados a su placer. En la práctica, este gobierno paralelo adopta las decisiones políticas principales del país, puenteando no sólo a los ministros oficiales, sino al mismo parlamento.
Hemos de tener en cuenta que el Makhzen no es un mero conglomerado de funcionarios, militares y personalidades destacadas. Su poder principal es económico. Entre propiedades, inversiones y demás patrimonio, se estima –a falta de transparencia no estamos totalmente seguros– que el rey ostenta una fortuna que ascendería a los 5.000 millones de dólares. La riqueza regia se articula en un holding de empresas, Al Mada, que controlaría directamente el 3% del PIB marroquí.
«La casa Real o “Makhzen” es el auténtico núcleo del poder»
Por si esto no bastaba, el rey nombra a dedo a los llamados ministros de soberanía: interior, asuntos exteriores, defensa, asuntos religiosos y la secretaría general del gobierno. Oficialmente, no existen los ministros de soberanía. El art. 47 de la constitución de 2011 no hace distinciones, dice que el monarca nombra a los ministros, a propuesta del jefe de gobierno. En la práctica, desde 2011, todos los jefes de gobierno han aceptado esta imposición de palacio. Se propicia así que la Corona controle directamente carteras clave del gobierno, al margen de las mayorías parlamentarias.
El poder político y económico de la Corona se ve reforzado por su alianza con una élite empresarial y de altos funcionarios. Esta clase alta controla los principales resortes del poder económico, administrativo y militar, denostando aún más al poder político electo. De hecho, muchas veces se apoderan de los cargos políticos. Sin ir más lejos, el actual primer ministro, Aziz Ajanuch, es un multimillonario y directivo empresarial perteneciente a esta élite social.
«La riqueza regia se articula en un holding de empresas, Al Mada, que controlaría directamente el 3% del PIB marroquí»
Además del palacio y de las grandes fortunas y altos funcionarios, hemos de mencionar el rol clave de los servicios secretos. Las principales agencias de inteligencia y seguridad marroquíes son la Dirección General de Estudios y Documentación (DGED), la Dirección General de Seguridad Nacional (DGSN) y la Dirección General de Vigilancia del Territorio (DGST, siglas francesas). La primera trata la inteligencia vinculada al ámbito exterior. Las otras dos se ocupan a aspectos policiales y de seguridad interior. El grado de independencia de estas agencias del gobierno oficial es, sino absoluto, prácticamente total. Sus directivos siempre son personas de la confianza del rey y del del poder financiero.
A propósito, a falta de la investigación oficial, que el gobierno español no parece tener prisa por reclamar, diversos indicios señalan a las tres agencias, como colaboradas imprescindibles, sino, directamente, promotoras de la entrada masiva de migrantes en Ceuta.
«El poder político y económico de la Corona se ve reforzado por su alianza con una élite empresarial y de altos funcionarios»
La principal responsabilidad recaería en la DGSN que, en connivencia con el ministerio de interior en su conjunto, habría retirado a los gendarmes y policías fronterizos. Además, existen indicios sólidos de que habría alentado o facilitado el transporte de cientos de migrantes en vehículos, ya no por mera omisión, sino de manera activa.
La DGST es la agencia con capacidad tecnológica para detectar los mensajes en redes sociales que anunciaban el salto masivo. Considerando sus recursos y su historial, hemos de hacer un verdadero acto de fe para dar por bueno que no se enteró de nada.
«diversos indicios señalan a las tres agencias, como colaboradas imprescindibles, sino, directamente, promotoras de la entrada masiva de migrantes en Ceuta»
Lo más probable es que la DGST detectara esos mensajes –nuestro CNI lo hizo. Debería haber dado la alerta, para impedir el asalto, coordinándose con el resto de su gobierno. Pero parece que no sólo es que no avisó, sino que avivó la propagación de estos mensajes.
Una responsabilidad más secundaria tendría la DGED. Si bien, como responsable de la inteligencia exterior, debería haber avisado a su ministro de exteriores para que, a su vez, ese aliado leal que es Marruecos avisara a Madrid y coordináramos una estrategia.
«La DGST es la agencia con capacidad tecnológica para detectar los mensajes en redes sociales que anunciaban el salto masivo»
En su conjunto, vemos que la red de poder en Marruecos carece de controles democráticos –digan lo que diga nuestro gobierno actual y su predecesor– y se concentra en unas pocas manos, eso sí, muy acaudaladas. Ahora bien, este sistema dista de gozar buena salud.
La economía nacional discurre en dos velocidades antagónicas. Mientras el ciudadano medio vive al borde de la pobreza, o directamente en la miseria, la élite disfruta de un nivel de vida espectacular. Muchos de ellos, empezando por el propio Mohamed VI, amante de París, pasan más tiempo en sus complejos de lujo extranjeros, que en el país que dirigen.
«Muchos marroquíes asisten incrédulos y airados, a la perpetuación de una política de obras megalómanas»
Muchos marroquíes asisten incrédulos y airados, a la perpetuación de una política de obras megalómanas. Estas infraestructuras, en muchos casos, poco aportan a la población local. La línea de alta velocidad o el super estadio de futbol que quieren edificar para el próximo Mundial –podría ser de los mayores del mundo– son un buen ejemplo. Otro tanto ejemplifica la mezquita de Fez, la más grande de África.
Además, Marruecos está comprando programas informáticos y drones a Israel, así como pedidos similares a Estados Unidos. Pese a estas novedades armamentísticas, su ejército tiene importantes carencias de base que dificultan su consolidación como unas fuerzas armadas modernas que rivalicen con las europeas.
«A las tensiones socioeconómicas que estallan periódicamente se suman los recelos de los sectores socialmente conservadores»
Poco sorprenderá que la población local no esté contenta. A las tensiones socioeconómicas que estallan periódicamente se suman los recelos de los sectores socialmente conservadores. Muchos perciben al rey y a su entorno como excesivamente occidentalizados y alejados del tradicionalismo islámico.
En esta olla a presión, el nacionalismo se convierte aquí en una válvula de escape para frenar estas tensiones. El proyecto irredentista del Gran Marruecos aspira a anexionarse no sólo el Sahara Occidental y Ceuta y Melilla; sino las Canarias, parte de Argelia ¡y toda Mauritania! Cualquier crisis, incluidas las migratorias, que permitan agitar el expansionismo vienen bien para distraer atención del debate social y los abusos de una élite corrupta.
«En esta olla a presión, el nacionalismo se convierte aquí en una válvula de escape para frenar estas tensiones»
Si nos centramos en los eventos recientes de Ceuta, la sensación es que la cosa se fue de las manos… Todo apunta a que los dirigentes marroquíes buscaron una crisis, pero de menores dimensiones. De ahí que hayan reculado rápido. Las bravuconadas de alguno de los ministros y personas cercanas a palacio, que hemos escuchado estos días, deberíamos interpretarlas en clave interna marroquí. Más allá de su apariencia, una provocación a España, buscan la agitación social interna, para apuntalar una estructura de poder social profundamente desigual que se asienta sobre pies de barro.










