Las devastadoras imágenes que nos llegan del Líbano no suponen ninguna novedad para su población. El antiguo protectorado francés, otrora conocido como la Suiza de Oriente Medio se vio desestabilizado como efecto colateral del conflicto entre israelíes y palestinos. El complejo puzle de religiones arrastró rápidamente al pequeño país a una guerra civil de veinte años cuyas heridas aún no se habían cerrado.

Antes de retroceder en el tiempo, si queremos contextualizar el conflicto actual entre Hezbolá e Israel, hemos de esbozar primero el mapa social y religioso libanés. Pese a su territorialidad humilde (10.400 km2) y sus escasos cinco millones de habitantes, en Líbano conviven –o más bien coexisten– cristianos maronitas, musulmanes chiíes, musulmanes suníes y drusos.

“Las devastadoras imágenes que nos llegan del Líbano no suponen ninguna novedad para su población.”

Aunque pertenecen a la iglesia católica y reconoce al Papa como su líder espiritual, los maronitas presentan muchísimas particularidades de culto. Estéticamente se parecen poco a al resto de católicos. Después de la creación del protectorado del Líbano (1919) se convirtieron en la minoría mayoritaria del país y en la comunidad de confianza de Francia, la potencia colonizadora.

No ahondaremos ahora en el las diferencias teológicas entre chiíes y suníes. Baste con decir que, aunque cada vez se toleran más, no es ninguna hipérbole afirmar que se han llevado a matar hasta hace muy poco. Los chiíes únicamente son mayoría demográfica en Irán, Irak, Bahréin –donde sin embargo gobierna una dinastía suní– y en Líbano, aunque como minoría mayoritaria. En Siria, pese a que la mayoría de la población es suní, el gobierno está monopolizado por una élite dictatoria chií. El resto del mundo musulmán es suní.

“en Líbano conviven –o más bien coexisten– cristianos maronitas, musulmanes chiíes, musulmanes suníes y drusos.”

¿Y los drusos? Con poco más de un millón de seguidores, esta religión sincrética nació en S X d. C., a partir de las tesis del persa Hamza ibn Alí ib Ahmad. Entremezcla doctrinas del islam chií, el zoroastrismo –antigua religión persa– pero también elementos cristianos, gnósticos y de filosofía griega. Aunque no exclusivamente, la mayor parte de esta comunidad vive en Líbano.

Parafraseando a Vargas Llosa, ¿cuándo diríamos que el Líbano se fue a la mierda? No es fácil decirlo. Aunque si seguimos las tesis más consensuadas, hemos de remontarnos a 1967.

“Parafraseando a Vargas Llosa, ¿cuándo diríamos que el Líbano se fue a la mierda?”

Después de la Guerra de los Seis Días, Israel quedó en posesión del Sinaí y los Altos del Golán. Además, los territorios palestinos de Gaza y Cisjordania pasaron a estar, por primera vez bajo su control absoluto. Como consecuencia, muchos dirigentes y milicianos de Organización para Liberación de Palestina (OLP) huyeron al Líbano.

Poco a poco, el éxodo palestino hacia el pequeño país se intensificó, invirtiendo el equilibrio demográfico, hasta entonces, ligeramente favorable a los cristianos. De resultas, se produjo una oleada de nacionalismo antimusulmán, tanto de los cristianos maronitas, como de los libaneses laicos o liberales que temían una islamización del país.

“el éxodo palestino hacia el pequeño país se intensificó, invirtiendo el equilibrio demográfico, hasta entonces, ligeramente favorable a los cristianos”

Hacia 1968, el ex Presidente Chamoun funda unas milicias paramilitares, las Brigadas de los Tigres Libaneses. Su ideología se define como nacionalista liberal y anticomunista. Se trata de una escisión violenta del Partido Nacional Liberal, fuerza laicista libanesa.

Los cristianos maronitas no tardan en fundar su propio ente paramilitar: Falanges Libanesas. El Partido Demócrata Social, derecha cristiana libanesa, acoge de manera más o menos oficial a esta organización, que pronto se alía con los Tigres.

“el ex Presidente Chamoun funda unas milicias paramilitares, las Brigadas de los Tigres Libaneses”

A partir de 1975 los ataques, emboscadas y atentados terroristas entre los grupos cristianos armados y los milicianos de la OLP se convierten en una triste cotidianidad. Un año después, el conflicto escaló con varias masacres que causaron decenas de muertos. La mediación internacional, propició el Acuerdo de Riad (1976) que dividía la capital, Beirut, en zona cristiana y zona musulmana. Asimismo, partía el país entre un norte cristiano y un sur musulmán. El Estado de diversidad religiosa acababa de morir.

Israel no se limitó a observar el conflicto libanés en la distancia. Ya durante el éxodo temprano de los líderes de la OLP, Tel Aviv temió que el Líbano quedara bajo dominio musulmán palestino. Después de la Guerra de los Seis Días, Israel estaba convencido de que, más pronto o más tarde, Egipto y Siria volverían a atacarle, cosa que ocurrió finalmente en 1973, cuando se produjo la Guerra del Yom Kippur. Asegurarse de que el Líbano no se unía a esta coalición hostil, lo que hubiese significado lidiar con un tercer frente en el norte, se convirtió en una prioridad para el Estado Hebreo.

“el Acuerdo de Riad (1976) dividía la capital, Beirut, en zona cristiana y zona musulmana”

Sabemos a ciencia cierta que Israel suministró financiación y armas a los grupos paramilitares cristianos. Después de la Guerra del Yom Kippur, las evidencias sugieren que sus servicios secretos, El Mossad, llevaron a cabo operaciones de bandera falsa para azuzar la violencia entre las comunicades religiosas.

Hacia 1977, Israel se involucra directamente en la creación de las Fuerzas Libanesas, una especie de refundación de las Falanges con aires de ejército oficial. También se integra en esta organización, aunque conservando una notable autonomía, el Ejército del Sur del Líbano. Este otro grupo paramilitar cristiano lucha por reivindicar los derechos de la población cristiana, minoritaria, en la zona meridional del país que el Acuerdo de Riad ha asignado a los musulmanes.

“Israel suministró financiación y armas a los grupos paramilitares cristianos”

A grandes rasgos, los objetivos de las Fuerzas Libanesas consisten en asegurar que Líbano permanezca como un Estado laico y/o cristiano, frente a las injerencias de Siria que se extiende sus tentáculos a través de las organizaciones paramilitares chiíes libanesas, vinculadas al partido Amal –“esperanza” en árabe.

En 1978, con la aquiescencia tácita de las Fuerzas Libanesas, Israel invade el sur del país. Bajo el liderazgo del Presidente Carter, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, aprueba la inmediata creación de la Fuerza Internacional Provisional de las Naciones Unidas para el Líbano (FINUL). Su propósito general es asegurar la paz en la zona y más específicamente prevenir que Israel cruce el río Litani, confinándolo así en el extremo sur del pequeño país.

“En 1978, con la aquiescencia tácita de las Fuerzas Libanesas, Israel invade el sur del país.”

Como suele decirse, éramos pocos y…, en 1981 Siria ataca el norte cristiano del Líbano y ocupa algunas regiones. Pese a lo que se cupiera esperarse, esto provoca un efecto devastador en el bando musulmán de la guerra, acentuando la división entre chiíes y suníes, que temen ver el Líbano convertido en una dictadura chií como Siria o Irán. La violencia entre ambas comunidades no tarda exacerbarse.

En 1982, apoyado por Reagan, Israel cruza el río Litani y ocupa Beirut. La ONU evita el enfrentamiento directo con las fuerzas israelíes. Poco después, se produce uno de los episodios más dramáticos de la guerra: la masacre de los campos de refugiados palestinos de Sabra y Chatila.

“en 1981 Siria ataca el norte cristiano del Líbano y ocupa algunas regiones”

Ante el abuso de la desinformación, conviene aclarar que la matanza la perpetraron paramilitares cristianos próximos a las Fuerzas Libanesas, no soldados israelíes. Tampoco existen evidencias de que los israelíes la incitaran. No obstante, el Derecho Internacional Humanitario es claro. La Convención de La Haya (1907), en su sección tercera, asigna a la potencia ocupante el deber de velar por la seguridad de la población civil. Israel se desentendió por completo de esta obligación.

Triplemente amenazados por los cristianos, los israelíes y los chiíes de Amal, los líderes palestinos de la OLP, suníes, decidieron abandonar el Líbano. Huyeron a Túnez poco después de las matanzas de Sabra y Chatila. Semanas más tarde, Israel consideró que, con la marcha de la OLP, el problema libanés quedaba resuelto y evacuó Beirut, replegándose tras la zona de seguridad de la ONU, en el sur de Líbano. No podía estar más equivocados…

“uno de los episodios más dramáticos de la guerra: la masacre de los campos de refugiados palestinos de Sabra y Chatila”

Pese a que la retirada de Israel auguraba los más funestos pronósticos para los cristianos, que perdían a su valedor, a comienzos de los ochenta, los musulmanes pusieron mucha más energía en matarse entre sí. La ONU operaba como una eficaz barrera de seguridad entre comunidades religiosas, pero no dentro de la comunidad musulmana.

En 1983, Hezbolá (el Partido de Dios), la facción radical de Amal, se escinde de su organización madre. Dos años más tarde, con apoyo sirio, Amal ataca los campamentos palestinos. Empieza la Guerra de los Campamentos, la mayor persecución de chiíes contra suníes que se prolonga hasta 1988. En estos ataques a los campamentos refugiados, los milicianos de Amal recibieron el apoyo de los Drusos.

“En 1983, Hezbolá (el Partido de Dios), la facción radical de Amal, se escinde de su organización madre”

Ese año, Hezbolá y Amal se enfrentan en las barriadas de Beirut. El Partido de Dios acusa a Amal de ser un títere de Siria, un régimen excesivamente laico a su entender. Paradójicamente, estos integristas entrarán en una tregua tácita con los cristianos, mientras el general Michel Aoun y sus milicias cristianas lanzan una ofensiva, a la postre infructuosa, contra los serios en 1989.

Pese a que la ofensiva de Aoun se prolongará hasta 1990, cuando su ejército quedará virtualmente aniquilado, Arabia Saudí logra que en 1989 las distintas comunidades libanesas sellen los Acuerdos de Taif que, hasta la actualidad, rigen el status quo político del país.

“Arabia Saudí logra que en 1989 las distintas comunidades libanesas sellen los Acuerdos de Taif que, hasta la actualidad, rigen el status quo político del país”

Según sus términos, el parlamento debe asegurar un mínimo de representación a cada religión. La presidencia de parlamento ha de confiarse a un musulmán chií, el primer ministro debe ser un musulmán suní y el jefe del Estado, un cristiano maronita. Este peculiar equilibrio religioso trata de asegurar la paz en un país donde la violencia se niega a desparecer. No obstante, impide aflorar una vida política libre del encapsulamiento religioso, lo que se traduce en parálisis política y administrativa. Como hemos visto, de este mal no se libra la capacidad de defensa militar.

En 1991, todas las milicias se disolvieron, excepto de Hezbolá y el Ejército del Sur del Líbano, que mantuvieron enfrentamientos armados en el sur del país. Un año más tarde, una operación especial de helicópteros israelí abate a tiros al líder de Hezbolá, Abbas al Musawi, junto a su esposa y a su hijo de cinco años. Su sucesor, Hassan Nasralá dirigió la organización, hasta que Israel acabó con él, hace pocas semanas en un bombardeo.

“La presidencia de parlamento ha de confiarse a un musulmán chií, el primer ministro debe ser un musulmán suní y el jefe del Estado, un cristiano maronita.”

Si al retirarse al sur de Líbano, la actitud de Israel rayaba el triunfalismo, este optimismo no tardó demasiado en disiparse. A partir de 1993, Hezbolá hace del Estado Hebrero y del ejército libanés sus principales objetivos terroristas. El Líbano se mantiene, además, como un terreno fértil para la actividad paramilitar palestina. Tan hastiado como resignado, en 1996, Israel lanza la operación Uvas de la Ira, un bombardeo masivo contra milicias palestinas que les atacaban desde el norte. En un intento por frenar el bombardeo, los palestinos trataron de usar a civiles libaneses como escudos humanos. No hace falta decir que la popularidad de los palestinos entre los libaneses, que ya no era muy boyante, terminó de hundirse.

A principios del tercer milenio, Israel abandona definitivamente el territorio libanés. Poco después, el cristiano Ejército del Sur del Líbano se disuelve y sus líderes se exilian a Israel. Desde entonces, únicamente los milicianos de Hezbolá siguen activos en el país, lo que no significa que se hayan debilitado. Más bien al contrario. En los últimos años, su purismo religioso se ha flexibilizado y han tendido puentes con el Hamás suní.

“En 1991, todas las milicias se disolvieron, excepto de Hezbolá y el Ejército del Sur del Líbano”

Pero no todo es negativo. Pese a sus muchas dificultades, en 2005, los libaneses le dieron una lección al mundo, después del asesinato del ex primer ministro Rafiq Hariri. En las calles se sucedieron oleadas de manifestaciones donde convergieron maronitas, chiíes, suníes y drusos, en la conocida como Revolución de los Cedros. El clamor popular exigía la marcha de las fuerzas sirias que todavía ocupan una franja del país y el fin de las injerencias extranjeras en general. Damasco cedió y sus fuerzas armadas se replegaron hacia su lado de la frontera.

En prevención del resurgimiento de hostilidades entre suníes y chiíes, el gobierno libanés pidió a la ONU que se hiciera cargo de la investigación del magnicidio de Hariri. Se crea así el Tribunal Especial para el Líbano que enjuiciará este y otros casos desde La Haya. Con la perspectiva del tiempo, esta inhibición en favor de la esfera internacional se ha revelado valiosísima para remendar a la fracturada sociedad libanesa.

“en 2005, los libaneses le dieron una lección al mundo, después del asesinato del ex primer ministro Rafiq Hariri”

Por desgracia, apenas un año después de la Revolución de los Cedros, en 2006, el ataque de Hezbolá a un puesto fronterizo israelí propicia una nueva invasión israelí del sur del Líbano. Durante semanas, la aviación y artillería hebreas someten a intensos bombardeos la zona centro y meridional del país, incluido Beirut.

Desde entonces, el país ya nunca se ha recuperado de este ataque. Ni siquiera los Acuerdos de Doha (2008) que propiciaron la entrada de chiíes próximos a Hezbolá en el gobierno libanés han servido ya para reconstruir a un país arruinado que desde hace semanas se hunde un poco más en esa miseria truculenta que es la guerra, prólogo de una miseria casi igual de grave, pero más duradera en la posguerra.