Alua Tega es una actriz y bailarina afincada en Sabadell, Barcelona, que dedica su vida al arte y a quien le fascina actuar. Como actriz ha trabajado en cine, videoclips y en publicidad. La furia de Gemma Blasco es el primer largometraje en el que ha participado, una película protagonizada por Ángela Cervantes y Álex Monner que muestra la tragedia de una mujer tras sufrir una agresión sexual y en la que Alua interpreta a Marina, una de las amigas de la protagonista y que se estrenará en 2025.

No me duele na de Carla Álvarez o Al cielo se va en bici de Horacio Ruiz, Tierra quemada de CIA La Dama, Al calor del amor en un bar o el videoálbum Alto cielo de Queralt Lahoz son algunos de los cortometrajes y videoclips que ha protagonizado. Como bailarina ha formado parte del grupo de danza urbana Souldiers, con quien ha competido a nivel nacional siendo en cinco ocasiones campeones de España. 

¿Estás inmersa en algún proyecto?

Siempre me ha gustado escribir, plasmar mis pensamientos en forma de poesía, prosa, canciones… y hace tiempo tenía una idea constantemente en la cabeza, así que he decidido escribirla en forma de guion para realizar mi propio proyecto. Quiero asumir todos los roles posibles, así como una especie de reto personal porque me parece interesante tocar distintas funciones en una producción cinematográfica. Seré guionista, directora y actriz principal, y con la ayuda de personas con las que he trabajado y a las que admiro, creo que podemos sacar una obra muy interesante.

Además, he participado en el cortometraje Abaco de Jaume Roma, que ha comenzado su recorrido por festivales y se proyectó el pasado 26 de septiembre en el Festival u22 de Barcelona, y está disponible en Filmin.

También estoy en varios procesos de casting de largometrajes, pero aún no puedo confirmar nada, aunque tengo fe, ja, ja. Y a la par voy trabajando en proyectos publicitarios, cortometrajes y videoclips que me van saliendo, y entrenando danza, boxeo y pole dance entre otras disciplinas porque no se me da muy bien estar quieta.

¿Qué puedes contarnos sobre el proyecto que estás preparando?

El proyecto, Scroll, tiene forma de cortometraje, aunque el título no es definitivo. Trata, entre otras cosas, sobre el uso abusivo que hacemos de la tecnología, que en teoría es una herramienta para facilitar la comunicación, pero irónicamente, nos aleja y aísla de los demás. La premisa de la que parte es: ¿Cómo funcionaría la humanidad si de repente internet se cae? ¿Cómo reaccionaría la gente? A partir de eso, escribiendo, escribiendo y escribiendo, y teniendo un montón de sueños sobre el guion, ha ido saliendo adelante.

¿Cuándo decides que quieres ser actriz?

Iba a estudiar una carrera de ciencias, me gustaba especialmente la biología marina, pero también me quería dedicar a la danza y no me acababa de decidir. En ese momento de duda apareció Lucia Alemany, que me escribió por Instagram y me dijo que quería que participase en 69 raons, la serie que estaba preparando para À punt en la Comunidad Valenciana. Me pilló totalmente desprevenida, nunca me había planteado interpretar como trabajo, pero a partir de esa experiencia, me enamoré de la interpretación y comencé a estudiar y formarme.

Evidentemente sigo practicando danza y haciendo proyectos como bailarina, y también estudiando de manera autodidacta, pero mi trabajo principal quiero que sea de actriz.

Háblanos sobre tu experiencia en La furia, tu primera participación en un largometraje y cómo llegas a esta producción.

En ese momento estaba haciendo varios castings para diferentes películas y una de ellas era La furia. Hice el casting con Ángela Cervantes, no sé por qué, pero no tenía especial esperanza en que me cogieran.  Para mi sorpresa me seleccionaron y al cabo de nada estaba ensayando con el resto del equipo. Ha sido una experiencia increíble, trabajar con gente tan buena y cálida es una maravilla. Ha sido mi primer largometraje y he aprendido un mucho tanto a nivel personal como de interpretación.

La verdad que desprende Ángela en esta película es bestial, te arranca el alma. Trabajar con Álex, de quien admiro su trabajo y que es todo un referente para mí, fue maravilloso. Y la cohesión y sentimiento de familia que logramos también con el resto de actores, Carla Linares, Pau Escobar, Sergi Torné…  lo llevo en el corazón para siempre.

Tierra quemada es una idea original, dirección artística y coreografía de Verònica Hernández Royo, un videoclip en el que participas como bailarina, pero el que también ha tenido su importancia la interpretación. ¿Qué puedes contarnos sobre él?:

Trabajar con CIA La Dama y vivir los proyectos de Vero como bailarina es siempre un gustazo, pero que me permitiera implicarme hasta el punto de dirigir el acting fue todo un honor y una experiencia bestial. Además, en este caso implicamos a mujeres de varias edades, entre ellas mi madre y mi abuela, y eso le añadió un nivel más de profundidad y magia. Fue bestial. Encarnar a Judas, corporizar la danza de Verònica y vivir todo el proceso con mujeres a las que admiro… Bueno, qué decir, ¡mejor miraros el vídeo! Ja, ja.

Con Queralt Lahoz has trabajado en Alto Cielo, un videoálbum que incluye lo videoclips No me salves, Con miedo a ti y Tan rico. ¿Cómo surgió la posibilidad de participar en este proyecto?

Envié material y me escogieron, sin embargo, se me solapaba con otro proyecto y no podía hacerlo. Luego este proyecto se aplazó y les informé de que sí que podía. Más tarde me enteré que no me habían seleccionado las directoras del proyecto, sino la propia Queralt Lahoz.

Como bailarina, la danza urbana es muy importante para ti. Cuéntanos sobre tu trayectoria, pues has llegado a competir a nivel nacional.  

He practicado muchos estilos de danza distintos desde los 2 años: gimnasia artística, ballet, contemporáneo, commercial, jazz, hasta danza del vientre y flamenco, pero las que más me interesan tanto por su historia como por la libertad que me generan son las danzas urbanas, especialmente el popping, hip hop y breakdance. Las descubrí cuando a los 14 años entré en la escuela Soul Dance Center, lo que ahora es Soul Headquarters. Allí formé parte de Souldiers, el grupo con el que competí durante unos 8 años, y con el que aprendí, crecí y ganamos campeonatos como el World of Dance, IDance Nacional, The Show Box, entre muchos otros.

Para finalizar: ¿Qué te aporta la danza que no lo hace la interpretación y qué la interpretación que no la danza?

La danza me permite tanto dejarme llevar, dejar de ser yo y ser un concepto o un ser amorfo, también sacar todas las emociones y pensamientos y controlar absolutamente todo mi cuerpo.

La interpretación me permite dejar el ego fuera y encarnar otra persona sin juzgarla, poseerme, ser un canal por así decirlo. Esto también me sucede con la danza, pero es desde otro lugar, allí cedo mi cuerpo, aquí también mi ego, mis pensamientos y emociones. También uso las mías propias a veces, pero las que dirigen son las del personaje. Es complejo, no sé si me explico mucho, de hecho, no sé si lo entiendo yo misma.