¿Cómo comenzar un artículo sobre un autor que es difícil de clasificar y adjetivar?

En Bookólicos conocemos muy bien a Rubén Muñoz Herranz, no solo por su obra, de la que ahora hablaremos, sino por sus valores dentro y fuera del sector editorial y su visión de un mundo injusto alimentado por el capitalismo salvaje. Este autor que mezcla irreverencia y sarcasmo con una prosa enriquecida por un amplio conocimiento del lenguaje, es una joya de la literatura contemporánea aún por descubrir para muchos. En él se hace evidente que los autores autopublicados de calidad no solo existen, sino que no están dispuestos a rendir pleitesía al actual sistema, aunque eso les cueste lectores.
Hablamos de una pluma que se licenció en Ciencias Políticas y que ha impartido y creado los talleres de narrativa El Electrobardo, ha trabajado como corrector profesional y formado a correctores para el Instituto cervantes y Cálamo & Cran, incluso ha impartido cursos de escritura efectiva y clara en el Congreso y Senado de España.
A pesar de toda esta experiencia, las letras han llamado a la puerta de su imaginación tirando de él hacia su faceta de escritor, en la que ya está más que curtido, con la publicación de varias antologías de relatos, un manual de escritura creativa, una novela y hasta una obra política y filosófica, incisiva y sin pliegues. Rubén es un librepensador difícil de amaestrar, es un artista de la palabra en busca de conexiones lectoras que usa las críticas para crecer, es un literato a la antigua usanza que huye de clichés y que desborda sus textos con una voz narrativa muy potente y fácil de identificar. Leerle es siempre una aventura refrescante y cautivadora.

Teniendo en cuenta su elocuencia, lo mejor para conocerle a fondo es dejarle hablar a él, que dibujará mucho mejor que nosotros sus virtudes. Vamos al lío.

Tienes libros para todos los gustos, desde antologías de relatos hasta reflexiones políticas pasando por libros de formación para lectores y escritores. ¿Dónde nace tu yo escritor y qué quieres decirle al mundo?

Mi yo escritor nace de la pulsión de escribir sobre lo que me viene a la cabeza; no puedo evitarlo, mira que me digo a mí mismo que aún estoy a tiempo de estudiar una ingeniería de caminos o los aspectos de la mecánica cuántica que darían dinero en aplicaciones probabilísticas bursátiles, pero nada, si no hago literatura de lo que tengo en la cabeza no duermo. Al mundo le da igual lo que le digas, en uno de los relatos de Deus ex machina pero sin machinase plantea este asunto y el personaje responde: «Te apartas y aun así te aplasta, es solo cuestión de tiempo». Si Flaubert o Goethe consiguieron el efecto contrario a lo que proyectaban en sus narraciones, ¿a qué puedo aspirar yo? Pero desde la conciencia de que el mundo se mueve y responde a simbiosis hormonales químicas muy bien aprovechadas por los poderes (sobre todo privados) económicos, todavía cabe la libertad marginal de expresar tus chaladuras categóricas que llegan a cuatro chalados. Eso motiva, desde luego.

Desde el punto de vista político pasa igual: no puedo dejar de hacer literatura, aunque a diferencia de los medios de propaganda IBEX, yo sí falso mis bulos literarios.

Si hay algo que podemos destilar de tu narrativa es un airado toque sarcástico y una imaginación desbordada tiznada de realismo fantástico. ¿Qué te inspira y qué no a la hora de plantear una historia?

Yo diría que el reto que supone. Desde coger algo de Borges o Cortázar para darle la vuelta, como me las vi y deseé en La suerte de Pasifae de Cuentos versales, hasta utilizar lo más anecdótico y trivial o heroico y aparentemente trascendente para desmitificarlo, para eso están tanto la mitología arcaica como la actual de los telediarios, siempre es un reto colosal acudir al lector con una propuesta literaria: «Oye, amigo/a/e, traigo esta historia que seguramente hayas leído o escuchado mil veces narrada de una forma que nunca habías visto. ¿Te atreves?». Sorprender al lector es cada día más complicado, requiere de más esfuerzo, concentración y técnica de lo que jamás hubiéramos supuesto los que crecimos con Thomas Mann o Joyce. Todo gracias a esas fábricas de arte en probeta consumible que son Netflix y similares: desglosan las sugerencias de Vladimir Propp en sus aplicaciones informáticas y te construyen treinta episodios infumables en un día de cualquier tema que, a partir de ya, te tienes que pensar dos veces si tocar porque en lo inconsciente colectivo está la grotesca serie de Netflix. En fin, otro reto, ahora que lo pienso. En cuanto a lo que no me inspira… No sabría decir si hay algo que no me inspira, cualquier cosa es susceptible de ser tratada como material narrativo: desde los agujeros negros hasta la uña del pie, como nos contaba Max Aub.

Tienes varias antologías de relatos publicadas, pero no muchas novelas. ¿Cuál es tu relación con este género chico? ¿Prefieres narrar en formato corto?

Me siento un poco argentino, eso es lo que responde la pregunta. He crecido con Borges, Cortázar, Roberto Artl, Silvina Ocampo, Sábato, Bioy… ahora María Negroni o Samanta Schweblin. O de más arriba del Yucatán, con los escritores yanquis como Tobías Wolff, Alice Munro, Grace Paley, Flannery O´Connor, Margaret Atwood (esta es más de Canadá, aunque pronto será otra provincia yanqui)… Siempre me sentí más identificado con lo que hacían ellos en narrativa corta que con lo que hacían otros en novela. Es muy difícil ser bueno en novela y bueno en relato: los relatos de Nabokov se pueden leer, pero ni por asomo se acercan a la grandeza poética de Pálido fuego o Ada o el ardor. Sábato es un caso especial porque podía narrar ensayo o crónica y lo hacía como si fuera relato corto, aún intento desentrañar sus excelencias técnicas después de tantos años (sin conseguirlo). Y ya en Europa la anomalía literaria, para mí, siempre fue Stanislaw Lem: prodigioso en los trayectos cortos, insuperable en los largos.

La construcción del relato con todas las connotaciones inherentes a la circularidad que solicitaba Cortázar es para mí el máximo reto y acicate que puede sentir un escritor. ¿Cómo ser diestro? ¿Cómo no pecar de negligente? ¿Cómo no contar demasiado en tan poco espacio? ¿Cómo ser significante, tenso e intenso en tan poca extensión?

Eres un autor provocador que huye de la autocensura. ¿Podríamos decir que hacer pensar al lector forma parte de tu identidad narrativa?

Intento que no. Intento que lo narrado responda por sí mismo a su esencia —a los motivos de argumento y trama elegidos— y a su existencia perdurables, aunque eso ya depende del tiempo y del lector. Otra cosa es que el lector se sienta movido a pensar, reír, llorar o a cerrar el libro por puro hastío o náusea. Pero la intención es hacer literatura, si después lleva aparejado hacer pensar al lector, bienvenido sea, aunque no es la intención (ante todo porque el lector ya piensa antes de acceder a mí y sería una arrogancia imperdonable creer que alguna mente se activa al leerme).

Nos encontramos en un momento histórico en el que publicar un libro se ha democratizado. Siendo formador, tanto de escritores como de correctores, y a la par autor autopublicado, ¿cuál es tu visión del actual sector editorial?

Mira, es el argumento de otro de los relatos de Deus ex machina pero sin machina, «Todos ellos escritores». Mi opinión es que el sector editorial se hundió hace muchos años y no necesariamente por la incidencia de la IA, como están aprovechando para construir el enésimo relato meritocrático del capitalismo día tras día (si eres bueno de verdad, lo conseguirás), sino por los vicios y consecuencias lógicas inherentes al sistema ideológico en el que vivimos. Es decir, los autores se cansaron de esperar respuesta editorial; los autores se cansaron de publicar un libro tras un esfuerzo y espera ímprobos para percibir un 10 % de las regalías; los autores se cansaron de ser el último eslabón de una cadena en la que parecen relevantes la venta, el marketing, la traducción, la corrección, la distribución y la edición, mientras el autor es el último mico. Huelga decir que sin autor no hay libro, asunto que parece olvidarse. Los autores se van a Amazon, a Lektu, etc., porque si no son escritores de la enjundia y los registros tardofranquistas de Sonsoles Ónega, Pérez-Reverte o Luis Alberto de Cuenca, no tienen posibilidad de ser leídos.

Y sí, Amazon es la máxima expresión de los vicios capitalistas y no debería ser un remedio, pero ¿en qué se diferencia Amazon de los libreros/distribuidores/editores que te bombardean con publicidad cada año de que lo suyo es un negocio de barrio, honesto y mueve la economía local, y luego te clavan veintiún euros por un libro de un autor ya fallecido y que está en dominio público? ¿Es más honesto editar un libro por dos euros, venderlo a dieciséis y devolverle 1,6 euros al autor? El problema, como siempre en este sistema y en este país, es que la base de la ganancia empresarial no es el producto en sí, sino la explotación del obrero: en este caso, el escritor.

Como formador del sector editorial has trabajado para instituciones de prestigio como el Instituto Cervantes o Cálamo & cran. ¿Qué te ha llevado a hacerte formador en Bookólicos que es un proyecto emergente?

Tendría que decir que la amistad (o me gano unas toñinas). Aparte de eso, que el esfuerzo por integrar sectores y dar oportunidades a autores con un sello de calidad me ha llamado la atención desde el principio. Precisamente, el curso que tengo con Bookólicos puede ayudar a autopublicarse a cualquiera con un mínimo de atención a los vídeos. Además, Bookólicos carece de los vicios de empresas asentadas porque mantiene ese discreto encanto del soul de la calle, como dirían los Commitments. Con Cálamo, como entidad que forma parte del entramado capitalista, me pasa como a esa Marge Simpson que llevan a juicio y le preguntan por el doctor Nick Riviera: «Cuando no tienes nada bueno que decir de alguien, lo mejor es no decir nada».

Llegados a este punto es difícil no sentir curiosidad por su literatura, si aún no la conocéis, así que os listamos sus obras, empezando por la más reciente: Deus ex machina pero sin machinaComuniqueision, ­Poética, Cuentos versales, Manual de escritura creativa y ­redacción (MECIR), Ética para Savater y Edera y el mensaje secreto.

Ahora bien, si os engancháis, ya no podréis parar de leerle.

Os dejamos enlace al libro digital que tiene en Bookólicos y al curso Edítate, en el que actualmente es formador, porque con él no es posible dejar de aprender sobre las letras, algo que en estos días que corren es toda una experiencia.

https://www.bookolicos.com/descubre/comuniqueision

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