Las hermanas Brontë, Charlotte, Emily y Anne, son figuras icónicas de la literatura del siglo XIX, cuyas obras han trascendido el tiempo y continúan resonando en la actualidad. Nacidas en el pequeño pueblo de Haworth, en Yorkshire, Inglaterra, estas tres escritoras sobresalieron en un mundo dominado por hombres, creando historias que exploraban la condición humana, el amor, la independencia y la lucha contra las convenciones sociales.
Sé que muchos seguidores de esta serie de artículos relacionados con la literatura decimonónica esperaban la entrada de este trío de mujeres cuya historia está marcada por la tragedia, haciendo de su vida y obra una leyenda gótica que perdura aun en nuestros días; tanto era así que podía haber cambiado el título por el de “Las hermanas Brontë: voces de la literatura y la sombra de la tuberculosis”. Un tanto tétrico, sí, pero asombrosamente acertado.
Vida de las Hermanas Brontë
Charlotte, Emily y Anne crecieron en un entorno familiar marcado por la tragedia. Su madre murió de cáncer cuando eran muy jóvenes, y su padre, Patrick Brontë, un clérigo anglicano, se ocupó de la educación de sus hijas. Las Brontë fueron educadas en casa, donde desarrollaron un amor por la literatura, creando un mundo imaginativo que les permitió escapar de la dura realidad de su vida en un páramo solitario.
Charlotte (1816-1855), la mayor de las tres hermanas Brontë y por quien escribo hoy este artículo dado que falleció en el mes de marzo, mostró desde temprana edad un notable talento para la escritura. Nacida en Thornton, Yorkshire, Charlotte fue una estudiante dedicada y una líder natural entre sus hermanas. Su amor por la literatura se consolidó en su juventud, cuando comenzó a escribir cuentos y poemas inspirados en su vasta imaginación y en los paisajes de los páramos que rodeaban su hogar. Después de la muerte de su madre, Charlotte asumió un papel protector en la familia, lo que la llevó a concentrarse en la educación de sus hermanas y en su propio desarrollo literario. Su obra más famosa, «Jane Eyre», publicada en 1847, es una novela innovadora que explora la lucha por la autonomía y la identidad de una mujer, así como las complejidades del amor y la moralidad.
Emily (1818-1848), la segunda hermana, es conocida por su única y poderosa novela, «Cumbres borrascosas», que se publicó también en 1847, aunque hay fuentes que indican que se publicó en 1848 yo lo pongo en duda. Emily era una personalidad más reservada y enigmática, a menudo considerada la más introspectiva de las hermanas. Desde pequeña, mostró un profundo amor por la naturaleza y una conexión especial con los paisajes salvajes que la rodeaban. Su obra refleja esta conexión, así como su fascinación por las pasiones humanas.
Anne (1820-1849), la menor de las tres, aunque a menudo eclipsada por sus hermanas, también hizo contribuciones significativas a la literatura. Su novela «Agnes Grey», publicada, por supuesto, en 1847, ofrece una mirada crítica a las condiciones de vida de las institutrices en la Inglaterra victoriana, un tema que conocía bien debido a su propia experiencia. Anne fue una defensora de los derechos de las mujeres y su obra a menudo aborda cuestiones de clase y género.
La Tuberculosis en el Siglo XIX
El doctor Roi Piñeiro Pérez, en su artículo “Breve historia de la tuberculosis”, indica lo siguiente: “La tuberculosis alcanza su máxima extensión desde mediados del XVIII hasta finales del XIX, en el contexto de los desplazamientos masivos de campesinos hacia las ciudades y el desarrollo de la Revolución Industrial, con largas jornadas de trabajo, hacinamiento, viviendas con alta humedad y ventilación deficiente. Durante el Romanticismo el ideal de belleza se relaciona con la palidez cutánea, por lo que se mitifica la enfermedad y se bautiza como “la plaga blanca”.
En este fragmento, el doctor Piñeiro, nos ofrece una escueta, pero clara descripción de la situación social de la época a la que la familia Brontë no es ajena. La tuberculosis fue una de las principales causas de muerte en el siglo XIX. Esta enfermedad pulmonar, caracterizada por la pérdida de peso, fiebre y tos persistente, tenía un alto índice de mortalidad y era particularmente prevalente entre las clases más desfavorecidas y en entornos urbanos. Sin embargo, su impacto no se limitaba a los estratos bajos; muchas familias de la clase media y alta también fueron devastadas por la enfermedad.
La sociedad de la época, influenciada por un enfoque romántico y casi poético hacia la enfermedad, a menudo consideraba la tuberculosis como un signo de sensibilidad y genialidad. Esta percepción se reflejaba en la literatura, donde los personajes enfermos a menudo eran retratados de manera idealizada, lo que contribuía a mitos sobre la enfermedad. Sin embargo, el estigma social también afectaba a los enfermos, quienes eran a menudo apartados y marginados.
En el caso de las Brontë, la tuberculosis impactó profundamente su vida. La enfermedad no solo segó la vida de su madre, sino que también afectó a sus hermanos: Branwell, quien murió a los 31 años, y a Anne, que falleció a los 29 años. Emily, por su parte, sucumbió a la enfermedad a la edad de 30 años, mientras que Charlotte, que se había casado y dicen que estaba esperando un hijo, también murió de tuberculosis a los 38 años.
Una Huella Imborrable
La producción literaria de las Brontë fue intensa pero breve, ya que las tres hermanas sufrieron en carne propia las adversidades de la vida, incluyendo la muerte de sus hermanos y la constante sombra de la enfermedad. Cómo no hablar de sus obras incluso pasados casi dos siglos desde su publicación.
«Jane Eyre» (Charlotte Brontë, 1847): Esta novela narra la vida de Jane Eyre, una huérfana que enfrenta una infancia difícil y abusiva. A medida que crece, se convierte en institutriz en Thornfield Hall, donde se enamora de su enigmático empleador, el Sr. Rochester. La historia explora temas de amor, identidad, moralidad y la lucha por la independencia, culminando en un giro sorprendente que desafía las convenciones sociales de la época.
«Cumbres borrascosas» (Emily Brontë, 1847): Esta obra cuenta la tumultuosa historia de amor entre Heathcliff y Catherine Earnshaw, ambientada en los páramos ingleses. La novela es conocida por su estructura compleja y su atmósfera oscura, explorando las pasiones destructivas y la venganza. A través de sus personajes intensos y su narrativa no lineal, Emily Brontë aborda temas de amor, clase social y la naturaleza humana.
«La inquilina de Wildfell Hall» (Anne Brontë, 1848): Esta novela sigue la vida de Helen Graham, una mujer que se muda a Wildfell Hall con su hijo y oculta un oscuro pasado. A medida que se desarrolla la historia, se revelan los problemas de su matrimonio con un hombre alcohólico y abusivo. La obra es considerada una de las primeras novelas feministas, ya que aborda temas como la opresión de las mujeres y la búsqueda de la autonomía personal.
En esta ocasión me resulta especialmente difícil recomendar lecturas adicionales más allá de las nombradas en este artículo. Sin embargo, y por curiosidad, invitaría a los lectores sumergirse en la antología poética de 1846. También me atrevería a recomendar una edición especial de la obra “Cumbres borrascosas” de la editorial Alma, colección El jardín secreto, la cual incluye material adicional encartado como recortes de periódico, mapas, invitaciones, cartas…










