Leer Africana es dejarse trasportar por las olas del mar, a la vez que temes la impetuosa acometida de su furia. Es sentir en la piel el frío de la tormenta y en el alma la cólera de un trueno. Es recorrer los mares sin el amparo de nadie mientras consigues el respeto de todos. En definitiva, leer Africana es gozar de una lectura escrita con dos plumas cómplices, complementarias en estilo y necesarias para comprender la Historia.
Luis Mollá y Verónica Martínez Amat, nos regalan las vivencias de una esclava ingratamente desconocida (hasta ahora), que circunnavegó la Tierra en 1525. Aquella expedición a Las Molucas, con Juan Sebastián Elcano como segundo y bajo el mando de Frey García Jofre de Loaysa, nos relata la historia de María. Y como es de imaginar, en pleno siglo XVi, la vida era realmente difícil, no solo para una mujer de su condición, sino para los hombres que surcaban los mares.
María busca sobrevivir con las dos únicas armas que posee; unos ojos claros que unas veces embrujan y otras perturban, más el arrojo intrínseco de una madre dispuesta a luchar contra viento y marea por defender la dignidad de su hijo.
A lo largo de la novela, surcamos los mares mediante la exhaustiva descripción de Luis Mollá. El escritor, de quien no sé si pesa más la experiencia como autor reconocido, pues ha recibido varios premios y ha firmado más de una docena de libros, o la de una vida al servicio del mar como marino. Lo que sí puedo asegurar es que he aprendido, sentido y sufrido el embate furioso de una tormenta, a bordo de un barco con las necesidades y herramientas de antaño. Luis deja su impronta en hombres de muy diferente pelaje, clase y condición social. Nos muestra a los que deben esconder remordimientos o la empatía ante el débil y por otro lado, a quienes buscan la riqueza, bien para embrutecerse aún más con ella o para retirarse de una vida demasiado complicada.
A la vez y siguiendo las letras de Verónica Martínez Amat, comprobamos que
esta investigadora histórica ha aprovechado bien sus estudios. Con ella
caminamos por la Ciudad Real de aquellos días, vivimos el ansia de María por
conocer más allá de sus fronteras, el miedo de una niña perseguida por un
negrero, el complicado entresijo de un sentimiento amoroso y la garra de una
mujer valiente.
En la presentación de la novela en el Ateneo de Madrid, Luis Mollá confesó cierta inquietud por la diferencia de estilos y la acogida de tal cuestión entre los lectores. Pues bien, he de decir que puede estar tranquilo. Y para ello, voy a ofrecer dos argumentos.
Primero, intercalar las dos prosas, no solo enriquece la narrativa, sino que logra
un ritmo mucho más ameno. En segundo lugar, voy a centrarme en el inicio y el final de la novela. Es bien sabido que un primer párrafo, echa o engancha al lector, así como, un desenlace puede arruinar una historia o dejarte con ganas de más. en este caso, corrían el riesgo de conseguirlo uno de los autores, fallar los dos o, como ha sucedido en Africana, bordar dos inicios y un final soberbio.
En resumen, Africana debe ser conocida y leída para dar voz a una esclava valiente y desconocida, pero también para formar parte de la complicidad de
dos autores, de quienes espero más libros.










