Laura Grani

No fue un evento. Fue un gesto histórico.
El Día de las Parrilleras, celebrado el pasado 20 de enero en el restaurante Piantao Legazpi (templo máximo de la carne argentina bajo la batuta del chef Javier Brichetto), dejó claro que el fuego no entiende de géneros, pero sí de talento, técnica y carácter. Y de eso hubo mucho —y muy bueno— alrededor de la parrilla.

 

En un oficio donde menos del 10 % de los especialistas en brasas son mujeres, reunir a cinco parrilleras cocinando juntas en un mismo asador no es solo una celebración: es una declaración. Y que ocurriera en Piantao no fue casualidad. Desde sus inicios, Javier Brichetto ha defendido una parrilla gastronómica, exigente y contemporánea, pero también abierta, inclusiva y profundamente coherente con los valores que predica.

Cinco mujeres para cinco maneras de entender el fuego

La jornada fue una demostración colectiva de que la excelencia en la parrilla no responde a una única fórmula. Vanesa Martín Narganes, Irene Nan “La China”, Anai Meléndez, Jayne Hardcastle y Lola Mira compartieron espacio, brasas y miradas distintas sobre un mismo lenguaje: el del producto tratado con respeto.

Desde la precisión casi quirúrgica de la chuleta perfecta hasta la sensibilidad necesaria para trabajar verduras, pescados o cortes menos obvios, cada una aportó su experiencia, su biografía y su manera de enfrentarse al fuego. Historias de perseverancia, de aprendizaje a base de quemaduras —reales y metafóricas— y de una determinación que ha sabido abrirse paso en un territorio históricamente masculinizado.

Especialmente simbólica fue la presencia de Irene Nan, que llegó a Piantao sin experiencia previa en parrilla y acabó convirtiéndose en jefa de cocina bajo la tutela de Brichetto. Un recorrido que resume bien el espíritu del día: aprender, compartir y volar libre.

Talento de grupo

El Día de las Parrilleras no se sostuvo solo sobre las brasas. También se construyó desde la sala, el vino y la complicidad de otras profesionales que entienden la gastronomía como un espacio compartido. Entre ellas, Meritxell Falgueras, que puso voz y sensibilidad al maridaje, acompañando cada plato con una lectura líquida afinada y cercana, pensada para sumar —nunca para eclipsar— el trabajo de las parrilleras.

Junto a ella, varias enólogas de Canarias participaron activamente en la jornada, presentando sus vinos y aportando otra capa de relato: la de territorios volcánicos, proyectos personales y una forma de entender el vino tan ligada al origen como lo está la parrilla al fuego. Su presencia reforzó la idea de que el talento femenino en la gastronomía no opera en compartimentos estancos, sino en red.

A ese apoyo se sumó Elisabeth G. Iborra, considerada la primera sumiller de carne de Europa, cuya asistencia fue un gesto claro de respaldo a una jornada que iba mucho más allá de la exhibición técnica. Iborra lleva años construyendo un discurso riguroso y pedagógico alrededor de la carne, y su presencia subrayó algo esencial: que el verdadero avance del sector nace del respeto mutuo, del conocimiento compartido y de profesionales que se reconocen entre sí. Porque cuando la gastronomía avanza, rara vez lo hace en solitario.

Más que una exhibición, una celebración

El formato del día —con un pase de prensa al mediodía y una celebración nocturna para el sector— permitió algo poco habitual: ver a las parrilleras en acción y, después, compartir mesa, conversación y reconocimiento. Sin prisas, sin jerarquías forzadas y con el fuego como hilo conductor.

Porque si algo dejó claro el Día de las Parrilleras es que la parrilla no necesita épica impostada. Necesita oportunidades, visibilidad y espacios donde el talento pueda expresarse sin tener que justificarse.

En Piantao, al menos por un día, las brasas hablaron en femenino. Y lo hicieron con una claridad imposible de ignorar.

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