Jesús Reyes

El próximo 26 de octubre, los arrozales de l’Albufera valenciana acogerán la quinta edición de Clandestinos #LoveArroz. Una cita que reúne al talento gastronómico alrededor de un ingrediente humilde, capaz de provocar discusiones monumentales y reconciliaciones a cucharadas.

En España podemos discutir de política, fútbol y hasta de quién prepara la mejor tortilla de patatas. Pero basta pronunciar «paella» para que aparezcan millones de expertos dispuestos a defender su receta como si estuvieran redactando la Constitución.

Clandestinos #LoveArroz demuestra que el arroz da más juego cuando se comparte que cuando se utiliza como arma arrojadiza. En su quinta edición reunirá a cocineros, productores y enamorados de la gastronomía. La única batalla será por la última cucharada.

Una paella, una provincia y un país entero para comérselo

¿Quién dijo que para defender una tradición había que encerrarla bajo siete llaves?

«Una paella, una provincia» invita a recorrer España a través de sus productos, sus cocineros y sus maneras de entender el arroz. Cada territorio aporta ingredientes e historias sin cuestionar la identidad de la receta valenciana.

Clandestinos reivindica esa convivencia entre respeto y creatividad. El patrimonio gastronómico se protege con conocimiento, pero sigue vivo cuando se comparte.

Los verdaderos influencers del arroz llevan las botas manchadas de barro

Conocemos de memoria a muchos cocineros, pero apenas sabemos quién cultiva lo que después aparece en sus platos. En Clandestinos, los agricultores no son figurantes de una postal mediterránea: son protagonistas.

Junto a l’Albufera se reconoce el trabajo de generaciones que han construido un paisaje y una cultura. Edu Torres, quinta generación de molineros e impulsor del evento, defiende desde Molino Roca que la calidad del grano es el punto de partida de cualquier gran receta.

Los chefs se llevarán aplausos, fotografías y estrellas Michelin. Pero sin agricultores, al espectáculo le faltaría lo principal.

Aquí los secretos de cocina se comparten. Menuda forma de ser clandestinos

En Clandestinos, profesionales acostumbrados a cocinas donde cada segundo cuenta se reúnen sin competir e intercambian técnicas, ideas y experiencias.

Por sus ediciones han pasado Rodrigo de la Calle, Mario Sandoval, Paco Roncero, Luis Valls, Ade Bueno, Miguel Martí y los responsables de Cañitas Maite, Javier Sanz y Juan Sahuquillo. También profesionales de los equipos de Dani García y José Andrés, además de Rubén Guerrero. A este universo se suman Sacha Hormaechea y Pablo Montoro, junto a invitados de Nueva York, Argentina, Malta e Inglaterra.

La conversación continúa en las redes con Cocituber, Octopus Black, Pausa y Plato y Vero Zuma. Pero lo mejor ocurre cuando las cámaras dejan de grabar y los conocimientos circulan con la misma naturalidad que las paellas.

Edu Torres y David Guapo han visto cómo aquella reunión de apasionados del arroz adquiría proyección internacional sin perder su camaradería.

El arroz está en su punto. La lista de invitados, desbordada

El aforo de 2026 se completó en una sola mañana. Conseguir invitación ya exige mejores reflejos que alcanzar el último trozo de socarrat. La organización estudia posibles sorteos para abrir nuevas oportunidades de participación.

Esta edición tendrá incluso su propia cremà, con una falla de Pablo Ovejero en homenaje a Imanol Arias, habitual del encuentro. Porque en Valencia hasta los homenajes pueden acabar entre llamas. Y nadie se escandaliza.

También estará Iván Massagué, conocido por El hoyo y El barco. Los focos comparten espacio con una alfombra verde de arrozales y con David Guapo como maestro de ceremonias.

Su verdadero mérito está en haber convertido una fiesta gastronómica en una conversación colectiva sobre el origen de nuestros alimentos, el oficio de cocinar y el placer de compartir lo aprendido.

Ese día volverán a encenderse los fuegos entre los arrozales valencianos. Habrá tradición, creatividad, producto, una buena dosis de espectáculo y muchas ganas de disfrutar de una cultura gastronómica que lleva siglos reuniendo a personas alrededor de una paella.

Y cuando el último grano haya desaparecido y las llamas de la cremà se hayan apagado, quedará una reflexión que merece acompañarnos hasta la próxima edición.

Quizá España no consiga ponerse de acuerdo sobre lo que debe llevar una paella. Pero Clandestinos ha descubierto algo bastante más importante: cuanto más sueltos quedan sus granos, más personas consigue reunir alrededor de una mesa.

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