Una novela de honor, sangre y memoria de Verónica Martínez Amat.

«Me llamo Sunifred, mi apellido no importa, pues no tengo raíces ni sangre que atestigüe mi nobleza, pero sí puedo declarar con orgullo que fui, he sido y soy, mal que le pese a muchos, un hombre, un hermano, un monje, un guerrero…, en definitiva, un caballero del Temple».

Sunifred, un joven sin linaje ni apellido que lo respalde, pero con el temple de un auténtico caballero, relata su transformación de muchacho pícaro y desarraigado a sargento de la Orden del Temple en la encomienda de Tortosa. Es allí donde entabla una compleja relación con Hug de Monrós, un templario de carácter rígido y austero, y esa insólita amistad marcará el principio de una aventura épica en las postrimerías del siglo XIII. Ambos deberán enfrentarse a conspiraciones, secretos e intrigas, amén de iniciar un peligroso viaje para derrotar a quienes amenazan con destruir la Orden. En su periplo, ambos caballeros cruzarán su camino con una niña cátara perseguida por la Inquisición, una dama descendiente de las guerreras de la Orden del Hacha y un fiero almogávar endurecido por la guerra.

SINOPSIS
Yo, templario nos sumerge en la apasionante vida de Hug de Monrós, un joven nacido en
una ilustre casa noble de Tortosa durante el convulso siglo XIII. Desde niño, Hug es objeto
de desprecio en su entorno familiar debido a su naturaleza tímida y su amor por la lectura,
rasgos que contrastan con el ideal guerrero que su linaje esperaba de él. Sin embargo, el destino le reserva un lugar inesperado cuando, con apenas once años, es entregado al Temple para servir en la causa de Dios, iniciando así un camino marcado por la soledad, el esfuerzo y la búsqueda de su verdadera identidad.
En paralelo a la historia de Hug, el lector conoce a Sunifred, un muchacho desarraigado que sobrevive a duras penas entre el hambre y el abandono. Un encuentro fortuito con un
caballero templario cambia el rumbo de su vida: pasa de ser un marginado a convertirse en
novicio de la Orden, hallando por primera vez un propósito y un lugar al que pertenecer.
Ambos jóvenes, desde sus orígenes tan dispares, cruzarán sus caminos en una compleja
relación de rivalidad y hermandad, tejiendo juntos un destino común entre los muros de la
encomienda templaria de Tortosa.
La novela nos transporta además a escenarios emblemáticos de la época: desde las batallas contra los benimerines en tierras valencianas, donde los templarios luchan por frenar las revueltas mudéjares, hasta los oscuros rincones de la Occitania cátara, donde se conspira en la sombra y se arriesga la vida por mantener viva la fe prohibida. A través de episodios históricos como la redacción del Llibre de les Costums de Tortosa o el funeral de Jaime I el Conquistador, la autora logra integrar los avatares personales de los protagonistas con los grandes acontecimientos de su tiempo.
La narración avanza mostrando la evolución de Hug y Sunifred: sus enfrentamientos, sus
momentos de camaradería y las decisiones que los llevan a enfrentarse no solo a los enemigos exteriores, sino a las intrigas, traiciones y luchas de poder dentro de la propia Orden. Ambos jóvenes deberán enfrentarse al reto de demostrar su valía en un mundo donde la fuerza y la astucia marcan la diferencia entre la gloria y el olvido, mientras el Temple despide sus últimos años de esplendor y asiste al inicio de su caída.

Tortosa, siglo XIII. El mundo arde, la fe se tambalea y los templarios están al borde del abismo. Una travesía por la Europa medieval en busca de la verdad… y la supervivencia.

CONTEXTO HISTÓRICO: LA EUROPA MEDIEVAL Y EL OCASO DEL TEMPLE

El siglo XIII fue una de las etapas más apasionantes y convulsas de la Europa medieval. Se trataba de un continente fragmentado en reinos y principados, donde las fronteras eran frágiles y la lucha por el poder era constante.
Mientras el ideal de la cristiandad unida se desmoronaba frente a los intereses particulares de reyes y nobles, el papado buscaba mantener su autoridad como fuerza moral y política sobre los estados europeos. En ese tablero complejo, las órdenes militares, y especialmente la Orden del Temple, jugaron un papel esencial tanto en los campos de batalla como en los entresijos del poder.
La Orden de los Pobres Compañeros de Cristo y del Templo de Salomón, conocidos
como templarios, fue fundada a comienzos del siglo XII con el propósito de proteger a los
peregrinos en Tierra Santa. Pero para el siglo XIII, el Temple había crecido hasta convertirse en una institución poderosa, con extensas posesiones en Europa y Oriente, y una influencia que despertaba tanto admiración como recelo. Eran monjes-guerreros: hombres que combinaban la vida espiritual con el deber de las armas, sirviendo a un ideal de cruzada que ya empezaba a erosionarse por los intereses dinásticos y económicos.
En la Corona de Aragón —escenario central de la novela— los templarios gozaron de un
estatus privilegiado. Se les concedieron encomiendas y castillos clave para la defensa frente a musulmanes y rebeldes, y participaron activamente en las campañas de conquista y pacificación en Valencia y Mallorca bajo el reinado de Jaime I el Conquistador. Este periodo coincidió con los últimos momentos de expansión templaria en la Península Ibérica,
cuando la Orden aún era percibida como un pilar de la cristiandad frente al islam y un aliado valioso de los reyes.
Sin embargo, el siglo XIII también fue el comienzo del fin para los templarios. La pérdida de Acre en 1291, último gran bastión cruzado en Tierra Santa, marcó el ocaso de sus objetivos fundacionales. Sin Tierra Santa que defender, el Temple se convirtió en una potencia incómoda, rica y con propiedades en toda Europa, pero sin un papel militar claro. En Francia, Felipe IV el Hermoso veía a la Orden como un obstáculo para sus ambiciones y una fuente de recursos que codiciaba. Así comenzó el lento proceso de intrigas y acusaciones que culminaría en el proceso contra los templarios en el siglo XIV.

NOTA DE LA AUTORA

El 22 de marzo de 1312 el papa Clemente V promulgaba la bula Vox in excelso donde se
ordenaba la disolución de la Orden del Temple. Dos años después, el 18 de marzo de 1314,
era condenado a morir en la hoguera el último Gran Maestre templario, Jacques de Molay.
Con ello se cerraba el largo proceso que orquestara el rey de Francia, Felipe IV, para ver
destruidos a los templarios.
En España, tras su disolución, aquellos hombres que habían servido al Temple tomaron
caminos distintos. Algunos se integraron en otras órdenes, como la de San Juan del Hospital, la Orden de Montesa o la Orden de los Caballeros de Cristo en Portugal. Otros abrazaron la vida civil y continuaron haciendo lo que mejor sabían hacer: emplear la espada en distintas causas. Otros emigraron a Inglaterra, Escocia — aunque hay quien afirma que este último dato está basado en la mitología que rodea a la Orden— e, incluso, algunos marcharon al norte de África.
Sin embargo, a pesar de los siglos transcurridos, su leyenda, la de esos monjes guerreros
consagrados a Dios y a la protección de aquellos que peregrinaban a Tierra Santa, sigue viva.
Mucho se ha escrito sobre ellos y muchos son los que intentan salvaguardar su legado.
Ríos de tinta han corrido en este sentido para dar a conocer la Orden de los Pobres
Caballeros de Cristo y del Templo del Rey Salomón, ya fuera basándose en hechos
fehacientes y demostrados o en la mitología y leyendas sobre ellos que han trascendido a lo largo de los años.

Una novela histórica, tomando como referente los hechos tal y como se conocen,
invita además a incorporarle una estructura novelística de ficción que nace de la
interpretación del sentido y del sentir de, en este caso, la autora de estas letras.

Cualquier licencia histórica que me haya tomado en el transcurso de la redacción
del libro ha sido en aras de propiciar una historia coherente y cohesionada de
aquello que he querido contar, es decir, usar lo que es conocido e intentar
interpretar, bajo mi propia subjetividad, aquello que podría ser y que logre que el
lector se sienta identificado con la historia.

¿QUIÉN ES QUIÉN? | PERSONAJES PRINCIPALES

Hug de Monrós

Nacido en el seno de una noble familia de Tortosa en la que es el segundo hijo, su infancia
estuvo marcada por el desprecio de un entorno (sobre todo de su padre, el señor de Monrós) que valoraba la fuerza por encima de la introspección. Desde pequeño, Hug fue un
muchacho reflexivo, inclinado al estudio, a la fe sincera y al cuestionamiento ético. Es enviado al Temple a temprana edad, y abrazó la causa con la esperanza de hallar en la Orden el sentido del honor y la redención de un linaje que lo había marginado. Todo gracias a frey Gallard de Josa, quien vio en aquel niño de once años, gordo y sin aspiraciones más allá de los libros, al hombre en el que se convertiría. Frey Gallard lo acoge como paje, confiándole tareas en las que él se sentía seguro. A lo largo de la novela, Hug se enfrenta a pruebas que desdibujan las fronteras entre el bien y el mal: las intrigas dentro del Temple, las traiciones de quienes consideraba hermanos y el choque entre las reglas templarias y su propia conciencia.
Su figura encarna la lucha del hombre que, aun sabiendo que el mundo no premia la
rectitud, no renuncia a ella. Hug representa el espíritu templario más puro, el que intenta
sobrevivir en medio de las ruinas morales de una época en descomposición.

Sunifred

Sunifred es el contrapunto en la novela del personaje de Hug, pero también se convierte en
su hermano a todos los efectos, no solo por la Orden. Irrumpe en el relato encontrándose
con Pedro de Moncada, en un altercado que revela la vida de pícaro que acostumbra a llevar.
Es un superviviente, un buscavidas, descarado y resolutivo, pero que sabe aprovechar la
oportunidad que Moncada le brinda para encauzar su camino. A sus órdenes se convierte en un sargento templario, y más tarde en caballero de la Orden tras reconocerle Moncada como hijo suyo. Su figura parece siempre moverse entre la lealtad y la ambición, pero aunque sus métodos y maneras no son muy ortodoxos, y siempre sobrevuele sobre él la sospecha de la traición, finalmente se confirma en él un trasfondo siempre bondadoso y leal.

Arnau de Tella

Arnau es un almogávar de origen humilde, criado en Valencia, que personifica el espíritu
guerrero y libre de los soldados de frontera. Impulsivo y valiente, vive con pasión tanto en el campo de batalla como en sus relaciones personales. Arnau se mueve entre el honor
heredado de su abuelo, un legendario almogávar, y las tentaciones del resentimiento y la
venganza que también guían su vida. Acabó imprudentemente con la vida del marido de su
tía, un borracho maltratador, y desde entonces vive su particular exilio integrándose en
diferentes misiones y encomiendas. Uno de los objetivos de su vida es encontrar a su
sobrino, a quien rescata del infierno de su casa cuando tenía tres años, y quien resulta ser a futuro Philippe d’Alayrac, el perfecto padre de Furneria.

Cixilona de Miravalle

Cixilona es una dama noble de Tortosa, descendiente de las legendarias mujeres de la Orden del Hacha. Es un personaje que aporta al relato el contrapunto femenino de integridad, coraje y sabiduría. Dotada de una profunda humanidad, su vida se entrelaza con los caminos de los protagonistas, y su figura recuerda el papel olvidado de las mujeres en la historia templaria. A través de Cixilona, la novela reivindica la valentía silenciosa de quienes, sin portar espada, defendieron sus creencias. Es obligada a contraer matrimonio de conveniencia con Blai, el primogénito de los Monrós, el hermano mayor de Hug, un borracho maltratador con quien tiene dos hijos. A su muerte se desposa con Pere, el hermano menor, pero realmente siempre ha estado enamorada de Hug.

Furneria

Furneria es hija de Philippe d’Alayrac y Aude, perfectos cátaros y último eslabón de un linaje perseguido por la Inquisición. Furneria es un ser puro y frágil en apariencia, pero que
encarna la fuerza de la fe y la dignidad frente a la adversidad. Su destino simboliza la
esperanza en la continuidad de las ideas y el sacrificio de quienes, en la sombra, resistieron a la intolerancia y al olvido. Arnau, sangre de su sangre, encomendará su vida a protegerla de quienes por parte de la Inquisición tratan de acabar con ella; en esta misión, se apoyará en Hug y Sunifred. Es una pieza clave para descifrar lo que esconden los documentos sobre la Orden que Sunifred protege por mandato de Moncada.

Pedro de Moncada

Pedro de Moncada es el maestre provincial del Temple en Aragón y un estratega nato,
fuertemente anclado a su sentido del deber, íntegro, y consciente de las intrigas que rodean a la Orden. Rescata a Sunifred cuando aún es un chiquillo pícaro y lo convierte en el hombre que llega a ser. La relación con el crío revela un profundo afecto por él, aun soportando sus insolencias y descaros. Confía tanto en él que le encarga proteger los documentos cruciales para el futuro de los templarios.

Bettisia

Bettisia es una joven siciliana que se convierte en compañera inseparable de Arnau después de que este la salvara en un altercado con otros hombres. Su historia es la de una mujer que, pese a las adversidades y al desarraigo, logra abrirse camino con inteligencia, coraje y determinación en un entorno dominado por el poder de las armas. Bettisia es arrastrada por la mala decisión de Arnau de regresar a Valencia, donde lo apresan, pero demuestra tesón y estrategia para remontar y convertirse en quien logra liberar a Arnau de prisión

NOTA DE LA AUTORA

En esta novela aparecen y tienen voz muchos personajes históricos reales. Basándome en lo que de ellos se conoce por testimonios documentales, me he permitido ficcionar aspectos de su vida cotidiana y de los deseos, anhelos y ambiciones que motivarían sus acciones. Éste es el caso de los siguientes personajes:

Comenzamos por frey Gallard de Josa, comendador de la casa templaria de Tortosa desde
noviembre de 1272 hasta noviembre de 1274, de quien me llegaron unas páginas en las que se hablaba de él como el impulsor del Llibre del Costums de Tortosa, tratado jurídico que regulaba los derechos de los ciudadanos tortosinos, de la propia ciudad y de su extenso territorio. Conocer a frey Gallard fue el revulsivo que necesitaba para idear el comienzo de esta novela.
Pedro de Moncada, quien tanto protagonismo tiene en esta historia, fue maestre provincial
de Aragón desde abril de 1279 hasta noviembre de 1282. No he encontrado muchos datos
sobre él, más allá de que era hermano de Guillem de Moncada, consejero y lugarteniente real, junto al que participó en la batalla de Llutxent en 1276, en la que fue hecho preso en el castillo de Biar. En cuanto a su muerte, en algunas fuentes se dice que murió en 1282 y, en otras, que murió defendiendo Trípoli del asedio de los mamelucos. Para la novela, y por el bien de la historia que he querido contar, he utilizado este último dato.
Bernat de Montoliu y Bernat de Rocamora fueron comendadores de la preceptoría de Tortosa. El primero en 1285; y el segundo lo fue por dos veces, una en 1278 y otra durante el periodo comprendido entre mayo y septiembre de 1289.
De Esquieu de Floyran (traidor de la Orden que trama una estratégica venganza contra los
templarios tras haber sido expulsado de la misma y encarcelado) se sabe que era natural de Biterris y que fue uno de los que declaró en contra de la Orden del Temple en los juicios  que se llevaron a cabo en Francia. Según él, estando preso por asesinato conoció en la mismacárcel a un templario que le narró las prácticas herejes y ritos secretos de la Orden.  En la novela se da detalle de la entrevista que tuvo con el rey Jaime II y al que unos años después requirió el pago por tal información. Fue nombrado prior de Montfaucon.
Gérard de Boizol fue uno de los que también declararon contra el Temple, como cuenta en
el juicio el templario Ponsard de Gisy, comandante de Payns, en su defensa. Su amistad con Floyran y las motivaciones que lo movieron a declarar contra los templarios han salido de mi imaginación.
Frey Ramón de Saguardia, lugarteniente del maestre provincial y comendador de Masdéu y
frey Berenguer de Sant Just, comendador de Miravet, resistieron en la fortaleza de Miravet
— tal y como cuento en la novela— el asedio al que los sometió el rey Jaime II tras recibir la bula Pastoralis praeeminentiae del papa Clemente V. Tras su rendición, fueron apresados y encarcelados.
Saguardia volvió a la encomienda de Masdéu una vez que fue puesto en libertad y allí acabó sus días. En cuanto a los cátaros, son personajes reales Philippe d’Alayrac, Aude Bourrel, Pierre Bernier, Guillaume Belibaste y el pastor Pèire Mauri.
Philippe y Aude murieron de la forma en la que se narra en este libro, uno condenado a la
hoguera en 1310, y la otra de unas fiebres en 1307, hasta que su cuerpo fue exhumado dos años después para quemarlo. Aude fue conocida como la última dama perfecta, apelativo que yo le concedo a la hija de ambos, Furneria, personaje enteramente de ficción.
La persecución de la Inquisición francesa en la época fue real y trajo a los creyentes cátaros hacia España para huir de ella, asentándose en tierras de Tarragona, el Maestrazgo y Valencia. En esa huida se utilizaron los caminos de la trashumancia que cruzaba los Pirineos y por ello la importancia de los pastores — como Pèire Mauri— en su diáspora. En cuanto a Belibaste, se necesitaría de más espacio para contar su historia, baste decir que al final se asentó en Sant Mateu (Castellón) y que fue engañado para volver a Francia, donde fue apresado por la Inquisición y condenado. Según la leyenda popular, mientras moría en la hoguera pronunció las siguientes palabras: «Dentro de setecientos años, el laurel reverdecerá». Palabras que yo he puesto en boca de Furneria.
Con los personajes de ficción que imaginé para esta novela, he intentado, como siempre,
contar una historia, un cuento, desde un punto de vista natural, donde cada uno de ellos es
reflejo de los defectos y virtudes que nos identifican como seres humanos, libres y pensantes — o eso quiero creer—, en el mundo, y en la época, que a cada cual le ha tocado vivir: Por ejemplo, los caballeros templarios Sunifred y Hug de Monrós, hermanados con un mismo fin, que no es otro que buscar, cada uno a su manera, la supervivencia de la Orden a la que se deben; Cixilona de Miravalle, digna descendiente de aquellas mujeres tortosinas que integraron la Orden del Hacha — leyenda que tantas alegrías me ha dado—; Arnau de Tella, descendiente también, a su vez, del almogávar Gonzalo de Tella, protagonista de otra de mis novelas; Raymond d’Alayrac, superviviente de la persecución a los cátaros; y, por último, Furneria, la última dama perfecta, a la que no sólo he dotado del rasgo de tener los iris de diferente color, anomalía que se conoce como heterocromía, sino también de TEA (trastorno del espectro autista), una afección grave que afecta al desarrollo del cerebro en cuanto al uso de la comunicación y de las habilidades sociales.

TEMAS QUE ABORDA LA NOVELA

El honor y la lealtad
La novela explora cómo el honor y la lealtad se convierten en valores difíciles de sostener
cuando todo alrededor se desmorona, pero también en conceptos básicos que hay que
proteger y perpetuar en función de la integridad de los personajes. Hug de Monrós y otros
caracteres se enfrentan a dilemas que ponen a prueba sus principios frente a las intrigas, la
corrupción y la ambición. Yo, templario siembra en el lector algunas reflexiones acerca de
qué significa ser fiel a uno mismo y a sus ideales, incluso, o sobre todo, cuando el precio a
pagar es el sacrificio personal, ser señalados o la mera incomprensión.

El ocaso de un mundo
La obra es un canto elegíaco al final de una era: el hundimiento de la Orden del Temple y el
derrumbe de los viejos códigos de caballería. La autora muestra cómo las grandes instituciones, nacidas al amparo de nobles ideales, se ven erosionadas por el poder político, la codicia y la traición interna. La novela se convierte así en un espejo de todo tiempo histórico donde los grandes sueños acaban enfrentándose a la realidad.

La humanidad tras la armadura
Más allá de las batallas y las conspiraciones, Yo, templario es una novela de personas:
hombres y mujeres que aman, sufren, dudan y luchan por un lugar en un mundo hostil. La
autora se esfuerza en mostrar el lado más humano de los templarios y sus contemporáneos, despojándolos del mito para acercarlos al lector como seres de carne y hueso, con sus virtudes y defectos.

La conspiración
El tema de la conspiración aparece estrechamente vinculado a la caída del Temple. A través
de personajes como Esquieu de Floyran o Gérard de Boizol, la novela retrata el modo en que las intrigas internas, las delaciones y las alianzas ocultas con el poder político contribuyen a acelerar la destrucción de la Orden. Las redes de acusaciones y maniobras que se tejen tanto dentro como fuera del Temple revelan un mundo donde el interés personal y la supervivencia pesan más que el honor.

El resentimiento y la venganza
Son motores silenciosos que empujan a muchos personajes. Esquieu de Floyran, por
ejemplo, actúa movido por viejas ofensas, rencores incubados durante años, y el deseo de
ajustar cuentas con una Orden que lo expulsó. Lo mismo ocurre, en menor medida, en los
actos de aquellos que optan por traicionar a sus hermanos para salvarse o medrar. También
en el caso del personaje de Arnau. La novela nos recuerda que el rencor, cuando se alimenta en el tiempo, puede ser más letal que cualquier espada.

ALGUNOS EXTRACTOS RELEVANTES

(…) Ni en sus mejores sueños habría creído que él (Sunifred), un descastado, hijo de una
ramera que se vendía por un mendrugo de pan y de un padre del que nunca supo ni su
nombre, porque lo más seguro es que fuera uno de tantos de los que pasaron por el lecho de su madre, se vería entre aquellas paredes y con los prohombres más destacados de Aragón. Y todo gracias a que frey Pedro lo había acogido bajo su ala, dándole una mejor vida de la que le hubiera esperado, una vida de manos vacías, dispuestas a hacer lo que fuera por llevarse algo a la boca.
Ahora era una persona nueva y daba gracias al cielo por haber tenido la fortuna de cruzarse con aquel caballero en las inmedia ciones de Llutxent, y haber tenido el buen tino de seguir a los moros cuando frey Pedro fue apresado. Siempre fue un muchacho de recursos y supo aprovechar el lance en cuanto tuvo la oportunidad.

(…) Floyran era liberado de la cárcel gracias a la intervención de Gérad de Boizol, quien lo
acogió en su casa mientras se maduraba el plan que el primero había rumiado mientras
estuvo preso. Se vengaría de la Orden. Consagraría su vida a ello si fuera menester. Su honra volvería a ser inmaculada y su orgullo, restablecido. Se impondría ante todo el Temple si fuera necesario.
Sólo hacía falta saber qué resortes pulsar para ver su venganza cumplida. Tenía tiempo y
paciencia, y, sobre todo, testarudez, una pequeña falta venial que serviría a su propósito.
Nada lo iba a detener.

(…) Aunque Hug intentaba evitarlo, aquel insolente joven se pegó a él y surgió entre ellos
una especie de camaradería a pesar de las ideas tan di ferentes que tenían. Sunifred era
irreverente y descuidado y siempre intentaba eludir en la medida de lo posible la observancia de la estricta convivencia de la casa. Al contrario que Hug, no tenía reparos en quejarse de la poca comida y de la falta de sueño que cumplir con las reglas conllevaba. Pero era un buen guerrero, listo y buen observador, y aquella amistad inexplicable que lo unía a frey Pedro de Moncada servía como garantía de que nadie pusiera muchos reparos a sus pequeños deslices en la obediencia a la Orden.
(…) Creo en Dios y en la pureza de nuestra fe. Porque la Iglesia, y su clero católico, se ha
corrompido y ha per dido de vista lo más importante, el verdadero camino, más preocupados por lujos y riquezas que por seguir la palabra del Altísi mo. Se han pervertido moralmente, han antepuesto lo material a lo espiritual. Y la impunidad con la que actúan me revuelve las tripas. Mientras, nosotros tenemos que huir, escondernos, sin encontrar un lugar donde vivir en paz.

Raymond d’Alayrac

(…) Cometimos el error de confiar en Esquieu de Floyran, miembro de nuestra Orden en
Francia, cuando todavía estábamos conformando los mimbres de esta nuestra pequeña
alianza, por llamarla de alguna manera. Se tanteó con él la posibilidad de que se uniera a
nosotros, pues contaba con buenas relaciones dentro de las más altas esferas de París. Sin
embargo, fue llamado a capítulo y se le expulsó del Temple porque se embolsaba parte de las donaciones para colmar su propia ambición, amén de que, después, fue apresado por
asesinato y estuvo un tiempo en la cárcel, imagina hasta dónde llega su mezquindad. Un
hermano contó que allí dentro porfiaba contra el Temple sin descanso. Nos odia a muerte y,
desde entonces, va contando vilezas sobre nosotros allá donde se le quiera escuchar. Por
fortuna, en aquellos tiempos en los que aún creíamos que era amigo, no habíamos
planificado todavía ninguna de las acciones que avanzan hoy por buen camino, a Dios
gracias.
—Pero él no pertenece ya al Temple, y habéis dicho que desconfiáis de alguien dentro de
nuestra casa.
—A eso iba… Floyran tuvo muy buena relación con frey Ber nat de Rocamora, comendador
de Tortosa hace unos años, y éste, a su vez, envenena los oídos del hermano a cargo en este momento de la preceptoría tortosina, Bernat de Montoliu. Ro camora deseaba el puesto de maestre provincial, que al final me fue concedido, y desde entonces no ha perdido la oportunidad de malmeter contra mi persona en cuanto ha tenido ocasión.

Conversación entre el hermano Fernán y Pedro de Moncada

«Un almogávar no se rinde. Un almogávar despierta al hierro y se enfrenta a las batallas a
pecho descubierto. No da tregua ni la recibe, y honrará a su sangre guerrera hasta el último aliento».
Gonzalo, abuelo de Arnau

ESCENARIOS DE LA NOVELA
1. Tortosa
La encomienda templaria de Tortosa es el corazón geográfico de la novela. Es allí donde Hug de Monrós crece como caballero, donde se forjan las primeras lealtades y rivalidades, y donde se viven los dilemas más profundos de la Orden. La ciudad, situada estratégicamente junto al Ebro, aparece descrita como un crisol de culturas y tensiones: frontera entre la cristiandad y el islam, y entre los poderes civiles y religiosos.
2. Corona  de Aragón (Valencia y el Maestrazgo)
El territorio de la Corona de Aragón, y en especial las tierras del Reino de Valencia y el
Maestrazgo, es escenario de las campañas templarias para sofocar las revueltas mudéjares y afianzar el dominio cristiano. La novela describe con detalle estos parajes: desde fortalezas en lo alto de los montes hasta aldeas arrasadas por la guerra. Estos espacios simbolizan la frontera física y moral donde los personajes deben decidir entre la obediencia y la compasión.
3. Occitania (sur de Francia)
Las tierras de Occitania, cuna y refugio de los cátaros, aparecen como escenario clave en el
trasfondo de la novela. Allí se libran las últimas luchas de los perfectos cátaros y se entretejen las conspiraciones que llevarán al Temple a su caída. Montañas, caminos de trashumancia y aldeas perseguidas por la Inquisición forman un paisaje de exilio, resistencia y tragedia.
4. Trípoli
La novela nos transporta también a Oriente, al asedio de Trípoli (1289), donde los
templarios libran sus últimos combates en Tierra Santa. Es un escenario de épica y derrota, el lugar donde el Temple aún intenta sostener su razón de ser frente al avance mameluco.  La caída de Trípoli simboliza el fin del sueño cruzado y marca el inicio del ocaso de la Orden.
5. Miravet y otras fortalezas templarias
Fortalezas como Miravet o Masdéu son escenarios de los últimos episodios de resistencia
templaria tras la persecución decretada por la corona y el papado. La novela describe con
rigor estas construcciones como bastiones de la fe y del honor, que se convierten en prisiones de los últimos templarios fieles a sus votos.

SOBRE LA AUTORA
Verónica Martínez Amat es licenciada en Filología Inglesa y Máster en Investigación
Histórica, amén de haber realizado otros estudios relacionados con la Archivística y la
Biblioteconomía. Su pasión por los libros y la lectura le vienen desde muy niña,
despertando su imaginación a nuevos mundos y aventuras que, como no podía ser de
otra manera, han acabado plasmados en el papel. Más tarde, descubrió en la Historia
aquella inclinación natural que le faltaba para convertirse en una escritora de novelas.

Según sus palabras:
«Hace tiempo que recorro el devenir de los tiempos, buscando rincones ignotos donde
sumergirme y permanecer. Piedra antigua, sueños lejanos, símbolos tallados, leyendas,
mitos, fábulas olvidadas… Y cuando hallo esa historia que eleva mi pasión al cielo, la
hago mía, aunque no los sea, porque no puedo negarle a mi existencia la más pura y
simple verdad: que mi corazón es libre y es la pluma quien me da la libertad».

Haciendo alarde una vez más de su intensa vocación literaria, la autora da voz al
Temple en esta nueva novela desde la mirada de los olvidados: los novicios, los
huérfanos, los descastados.

Con el rigor histórico y la narrativa épica que le caracterizan, Verónica Martínez
Amat regala a los amantes del género una nueva historia que engancha desde la
primera a la última página.