“En dos minutos me ha hecho usted feliz para siempre.

Sí, feliz, quién sabe, quizá me ha reconciliado usted conmigo mismo”

          (Fiódor Dostoievski. Las noches blancas)

Estas palabras con las que Dostoievski describe los sentimientos del protagonista de su novela “Las noches blancas” podrían expresar también sus sentimientos más profundos cuando veinte años después decidió unir su vida a la de Anna Grigoriévna Snítkina , su taquígrafa .

La historia comenzó el 3 de octubre de 1866 a las siete de la tarde cuando profesor Pavel Matvevich Olkin  comenzó su clase de  sexto curso de taquigrafía.

Anna Grigrorievna Snítkina , la única mujer de la clase, apenas se había sentado y comenzado a ordenar sus cuadernos sobre la mesa cuando acercándose a su pupitre  el profesor le dijo :

Anna Grigorievna ¿desearía aceptar un trabajo como taquígrafa? Me encargaron que buscara un taquígrafo y he pensado que quizás usted accedería. El trabajo no necesita una velocidad mayor de 200 palabras por minuto y usted puede asumirlo sin ningún problema “

 Anna con gran resolución respondió afirmativamente, siempre tuvo muchos deseos de trabajar, y ahora ante ella se abría un nuevo horizonte, ya que podría ganarse la vida con su trabajo y ser independiente, algo bastante difícil para las mujeres entonces.

Su profesor continuó informándola:

“Deberá trabajar con el escritor Dostoievski, está pensando en escribir una nueva gran novela y se propone hacerlo con la ayuda de un taquígrafo, piensa que la novela ocupará siete hojas grandes de diario y ofrece por todo el trabajo 50 rublos “

También le advirtió :

“ Si decide aceptar le pido que vaya a casa de Dostoievski ni antes ni después de las once y media , tal como él mismo estableció hoy , solo temo que no pueda ponerse usted de acuerdo con él , es un hombre muy hosco y rudo” .

Anna respondió con una sonrisa, diciéndole:

“¿Por qué deberé congeniar con él ?  Tan sólo trataré de poner lo mejor de mí para cumplir mi trabajo con eficiencia.

A pesar de esta respuesta un poco seca dada a su profesor, esa noche Anna no pudo dormir pensando en cómo sería Dostoievski imaginándolo a veces como un anciano de la edad de su difunto padre, otras gordo y calvo, otras alto y delgado, pero siempre desde luego severo y rudo como se lo había descrito su profesor de taquigrafía.

A la mañana siguiente a las once y media en punto estaba en la puerta del piso de Dostoievski. Al poco de llamar le abrió una criada de aspecto algo siniestro, que a Anna le recordó a la protagonista de la novela “Crimen y Castigo “que acababa de leer.

En pocos minutos ya se encontraba en el estudio de Dostoievski, una habitación espaciosa y bien iluminada, en la que al poco tiempo apareció el escritor, que a Anna en principio le pareció extraño y bastante viejo, pero que después de oírle hablar llegó a pensar que no debería tener más de treinta y siete años. Su rostro mostraba cansancio, era de estatura mediana, pelo castaño claro tirando a rojo y caminaba muy derecho.

No sabía por qué a Anna le pareció que ya le conocía, quizás porque antes había visto sus retratos.

Y a primera vista no le gustó nada Fiódor Mijáilovich, que se dedicaba a encender un cigarro tras otro mientras le hablaba de cosas incoherentes. Parecía muy débil y cansado y le resultó muy extraño que casi sin conocerla le dijese que sufría de crisis de epilepsia.

Finalmente, y para probar su habilidad con la taquigrafía Dostoievski comenzó a dictarle un párrafo, hablaba muy deprisa y Anna le pidió que le dictara más despacio.

Al examinar lo que había escrito Fiódor Mijáilovich se mostró muy exigente y le dijo que se había saltado un punto.

Era demasiado sincero, y brusco y además poco cortés, por lo que Anna le dijo:

“Bien probaremos y si no le resulta cómodo trabajar con mi ayuda me lo dice usted francamente y ya está “

Dostoievski estaba muy nervioso y caminaba de un lado a otro de la habitación como si se hubiese olvidado de la presencia de Anna, mientras ella permanecía inmóvil para no molestarle.

Finalmente le dijo que no se sentía en condiciones de dictar y que si podía regresar a las ocho de ese mismo día.

A Anna todo esto le resultaba muy incómodo, y en principio pensó para sí en no regresar esa tarde, pero finalmente decidió hacerlo, porque no quería perder este trabajo que le permitiría ser una mujer independiente.

Cuando ya se iba a ir, de pronto Dostoievski un tanto precipitadamente le dijo:

“Sabrá que me puse muy contento cuando Olkin me ofreció una señorita taquígrafa y no un hombre. Tal vez usted se asombre y le resulte extraño. ¿quiere saber por qué?

¿Por qué? le contestó ella.

“Porque un hombre seguramente comenzaría a beber; usted no lo hará.

La idea de que Dostoievski pensase que ella pudiese beber le pareció tan fuera de tono, tan grotesca e imprevisible, que muy enfadada le contestó :

“No, no beberé, de eso puede estar seguro”

Cuando se fue Anna estaba muy triste, Dostoievski le había producido una visión penosa y no le había gustado en absoluto, su trabajo se estaba desvaneciendo y con el todo su sueño de independencia.

Cuando regresó de nuevo a su casa por la tarde a las ocho, Dostoievski fue mucho más amable, le ofreció su propia mesa para tomase las notas de sus dictado, y a Anna se emocionó por poder utilizar para trabajar  la misma mesa en  la que se había escrito “ Crimen y Castigo” .

Fiódor Mijáilovich le pregunto por su familia y también que le había impulsado a estudiar taquigrafía, ofreciéndole tomar el té y sincerándose con ella relatándole la terrible experiencia vivida durante  en su falsa ejecución y posterior destierro a Siberia de una manera tan sincera y honda que en el aquel momento Anna tuvo la impresión de que ya conocía a Dostoievski desde hacía mucho tiempo, este pensamiento le resultó muy grato y empezó a sentirse mucho más cómoda con él .

La conversación comenzó a ir de un tema a otro, y Anna se sentía un poco preocupada porque no comenzaba a dictarle hasta que finalmente él propuso que comenzaran a escribir

Mientras dictaba, Dostoievski caminaba sin cesar por la habitación con paso rápido sin dejar de fumar, tirando el cigarrillo sin acabarlo.

Ana se dio cuenta de que Fiódor Mijáilovich estaba demasiado inmerso en su trabajo y demasiado cansado, y de hecho le dijo que no podía continuar dictando, que se fuera y que volviera de nuevo al día siguiente a las doce de la mañana.

Anna regresó tarde a su casa y no mencionó a su madre, para que no se disgustara, la impresión tan penosa que había tenido en su primer día de trabajo al estar con un hombre tan infeliz que despertaba en ella unos sentimientos tan extraños.

Con tantas emociones estaba agotada, y se fue a dormir pronto pidiendo a su madre que la despertara temprano para transcribir con buena letra el texto taquigrafiado que le había dictado Dostoievski.

Pero esto le llevo más tiempo del que ella pensaba en un principio, por lo que por la mañana  llego a la cita a casa del escritor  con media hora de retraso, y Dostoievski muy agitado le dijo al verla :  Pensaba que el trabajo le había resultado muy difícil y que no querría regresar. Como no tenía su dirección temí perder todo lo dictado ayer.

Dostoievski comenzó a dictar, pero le era imposible concentrarse, porque estaba acostumbrado a escribir el mismo, y por ello se sentía inquieto e incómodo. Alrededor de las cuatro, cuando habían terminado de trabajar, al despedirse, el escritor le dijo:

¡Que gruesa es su trenza! ¿No le da vergüenza llevar pelo postizo?

A Anna esto le pareció una gran descortesía y además una salida de tono, y muy molesta de nuevo le contestó que no era un postizo que era su propio pelo.

Y de nuevo volvió a pensar para sí, que si no fuera por las ganas que tenía de ser independiente y ganarse su propio sueldo como taquígrafa no volvería más a trabajar para él y soportar sus groserías.

Pero poco a poco iban pasando los días y con ellos llegó la rutina del trabajo, Anna llegaba a casa de Dostoievski a las doce y estaba allí hasta las cuatro, trabajando en tres etapas de media hora cada una, conversando y tomando te en los intervalos.

Fiódor Mijáilovich estaba cada vez más tranquilo y se habituaba con placer a este nuevo método de trabajo, el volumen de lo escrito iba creciendo más cada día y al terminar el trabajo él siempre preguntaba:

¿Cuántas páginas hicimos ayer?¿ Cuántas nos faltan todavía?

Durante estas sesiones de escritura Dostoievski cada vez se mostraba más cercano, y un día de repente le dijo a Anna  :

-“De nuevo con el mismo vestido de seda? . Pienso que debería ponerse algo más sencillo.

Diciéndola a continuación a boca jarro y sin venir a cuento:

 “ Su nombre no me gusta nada, porque a mi entender todas las que se llaman Ana son cerradas y reservadas “.

No obstante y a pesar de estas salidas de tono de Fiódor , Anna cada día se sentía cada vez más feliz trabajando a su lado , sobre todo cuando a veces la llamaba  “Muchachita “ “ la buena Anna Grivorievnna” o “ querida” .

El trabajo progresaba y el 30 de octubre, en tan solo 26 días de trabajo, el libro “ El jugador “ estaba escrito.

Anna supo que precisamente ese día era el cumpleaños de Dostoievski, y decidió cambiar su vestido de lana negro, que utilizaba normalmente por uno de seda de color lila, Fiódor al verla se sonrojó, y Anna quedó muy sorprendida cuando le escucho decirle que el color del vestido la hacía mucho más esbelta, pensando  que por fin hacía un comentario agradable sobre su persona .

Anna le entregó el manuscrito ya terminado, Fiódor le dijo que lo leería durante todo el día para hacer las últimas correcciones y que al día siguiente se lo entregaría a su editor  Stellovski , ya  el 1 de noviembre  era la fecha tope impuesta por el editor para la entrega, y de repente le dijo:

¿Sabe que pienso, Anna Grigorievna,?  dijo Dostoievski,  “  que como nos entendemos tan bien y estamos tan habituados a nuestra conversación , sería una pena que terminada la novela no volviéramos a vernos .¿ Dónde podré volver a verla?

Ella le respondió que podría ir a visitarla a su casa, pero estas palabras solo eran un cumplido, porque  en el fondo la intimidaba un poco que Dostoievski fuese a su casa de  visita .

A continuación, el escritor la estrechó la mano y agradeciendo su colaboración le entrego los 50 rublos que habían estipulado.

Acompañándola hasta la puerta le recordó de nuevo el compromiso de ir a verla a su casa, diciéndole:

-¿Cuándo puedo ir? ¿Mañana?

Ella comenzó a darle largas porque tenía otros compromisos, y cuando finalmente al cabo de unos días, Dostoievski fue a verla a su casa al despedirse le dijo:

Realmente vengo a pedirle ayuda, mi buena Anna Grigorievna ahora , me he acostumbrado a trabajar con usted, espero que no tenga inconveniente en seguir colaborando conmigo 

Anna le respondió:

Le seguiría ayudando con mucho gusto, pero no sé que pensará Olkin , quizás prefiera designar para este trabajo a otra alumna .

A lo que Dostoievski respondió un poco tenso:

“Pero yo ya estoy habituado a usted y estoy muy contento .Sería raro que Olkin pensase en recomendarme otra taquígrafa ,con la que tal vez no podría ponerme de acuerdo . Pero si es usted la que no quiere trabajar conmigo no insistiré.

A pesar de todo esto el 8 de noviembre de 1866, Anna Grigorievna volvía a llamar a la puerta de casa de Dostoievski citada en principio para colaborar con él en una nueva novela.  Este día frio y claro se convirtió en el más importante en la vida de Anna  Grigorievna , que llegó a casa del escritor  casi con media hora de retraso , y nada más que la criada le abrió la puerta, Anna oyó a  Fiódor decir con voz muy alegre :

¡Al fin llegó!

Y ayudándola a quitarse el abrigo le dijo:

¡Que contento estoy de que haya venido , temía que no lo hiciera!

A lo que Anna le respondió

Pero ¿por qué pensar eso?. Cuando doy mi palabra, la mantengo

-Disculpe, -añadió él – sé que usted siempre es fiel a su palabra ¡ Estoy tan contento de verla de nuevo ¡ Estoy pensando en una nueva novela .

Anna respondió:

-¿Cómo será , muy interesante imagino?

El respondió:

“Para mí sí , pero no sé cómo terminarla . Interviene la psicología de una joven, si hubiera estado en Moscú, le hubiera preguntado a mi sobrina Sonia, en su lugar recurriré a usted para que me ayude.

Anna muy orgullosa de poder ayudar al gran escritor en el argumento de su nueva novela le preguntó:

– “Quien es el protagonista?

Él respondió

“Un hombre no muy joven , de mi edad

   Cuente, cuente dijo Anna con mucha curiosidad, Dostoievski prosiguió:

“En mi nueva novela el protagonista tuvo una infancia muy triste, especialmente la muerte de su padre que había alejado al artista de la pintura, después se encontró con una mujer a la que pronto empezó a amar, pero los sufrimientos que le provocaba ese amor, la muerte de la mujer , de la hermana y de otras personas queridas, la miseria, las deudas”

Todo estaba narrado con tanta fuerza que Anna supo enseguida que estaba hablando de una vida vivida, de su propia vida, no de una fantasía literaria.

Dostoievski describió al protagonista de su novela con tintes muy oscuros, un hombre que padecía una enfermedad incurable en el brazo que le impedía pintar y hacer las obras que deseaba, envejecido prematuramente Anna reconociendo al propio Fiódor en su descripción le dijo:

¿Por qué trata tan mal a su protagonista?

A lo que él la respondió:

“Veo que no congenia usted con él “

Anna respondió que era todo lo contrario, que pensaba que era una persona de buen corazón al que a pesar de que el destino le había deparado muchas desgracias, todavía amaba a la humanidad y quería ayudarla, y que al describirlo como autor no había sido justo con él.

A lo que Dostoievski respondió.

-“Si estoy de acuerdo con usted, realmente tiene buen corazón y es capaz de amar todavía . Entonces -continuó- en ese periodo decisivo de su vida el pintor encuentra a una joven más o menos de la edad de usted. La llamaremos Anna, para no nombrar a la protagonista. Es un hermoso nombre.

En ningún momento a Anna se le pasó por la cabeza que Fiódor cuando hablaba de la protagonista de su hipotética nueva novela se estaba refiriendo a ella, y pensó que se refería a Anna Vasielvna Korvin -Krukóvskaia, su antigua amante

Y le preguntó:

¿La protagonista, es hermosa?

A lo que él le respondió:

“No es una belleza, pero es muy bonita. Su rostro me gusta.”

Anna le dijo de nuevo:

“Ha idealizado mucho a la protagonista. ¿Es posible que sea como la describe?

A lo que contestó:

– “Es así realmente. La he observado muy bien. Al pintor cuanto más la ve más le gusta, convenciéndose de que junto a ella alcanzaría por fin la felicidad. Sin embargo, ese sueño le parece irrealizable. En realidad ¿Es posible que una joven llena de salud y vigor llegase a amar a un hombre viejo, enfermo y lleno de deudas?. El amor por el pintor ¿no sería un gran sacrificio para la joven? ¿ No se acabaría arrepintiendo de ligar su destino al suyo? ¿No habré caído en un error de psicología? Es precisamente sobre este punto sobre el que querría saber su opinión.

A lo que Anna respondió sin dudar:

“Y ¿ por qué va a ser imposible que Anna ame al pintor?. Si su Anna como usted la ha retratado en la novela no es vacía ni ligera y tiene buen corazón. ¿Por qué no podría amar al pintor? ¿qué importa que sea pobre viejo y este enfermo? ¿Se debe amar solamente por la riqueza o por la belleza? ¿Cuál es el sacrificio que deberá hacer la joven? Yo creo que ninguno si ella ama al pintor también será feliz y nunca se arrepentirá

Anna hablaba con  mucho entusiasmo y Fiódor la miraba muy conmovido y en silencio.

Finalmente, dijo:

“Suponga que el pintor soy yo y que le he hecho una declaración de amor y que le pido que sea mi esposa. ¿ que respondería?

Anna miró el rostro de Fiódor, que se había vuelto tan querido para ella , del que se había enamorado inconscientemente durante todos los días de trabajo y convivencia y sin pensarlo  dos veces le respondió inmediatamente  que le amaba y que lo haría durante toda su vida .

En este momento Dostoievski “hubiera podido responderle a Anna con las mismas palabras que  él mismo había escrito para el protagonista de  sus “ Noches blancas “:

“En dos minutos me ha hecho usted feliz para siempre. Sí, feliz. Quién sabe, quizá me ha reconciliado usted conmigo mismo.

Porque realmente con el matrimonio con Anna Grigorievna Snítkina su aplicada taquígrafa, Dostoievski se había reconciliado consigo mismo, abandonando su vida de viudo solitario y triste para comenzar a ser un feliz padre de familia.

Y desde luego sin la ayuda de su taquígrafa Anna Grigorievna Snítkina convertida ya en Anna Grigorievna Dostoievskava, con la que Fiódor Mijáilovich compartió sus últimos años de vida, que finalmente también se convirtió en su editora , su  carrera literaria no habría sido la misma.