«Pedro Sánchez no ha pactado con Otegi, pero ustedes se han abrazado a los herederos del franquismo”. Susana Díaz centró su intervención en el debate de Presupuestos en reprender al Gobierno andaluz por contar con el apoyo de Vox. Las críticas que ha recibido por este reduccionismo no han tenido en cuenta que, en realidad, de lo que se trataba era de aplicarse en repetir las consignas diseñadas por el equipo de Pedro Sánchez.

«Desconozco si Díaz considera que Vox es heredero del franquismo. Los hechos no le dan la razón»

Desconozco si Díaz considera que Vox es heredero del franquismo. Los hechos no le dan la razón. No hay tantos nostálgicos de la dictadura y Vox puede ser más o menos conservador, pero es un partido liberal, al que como mucho se le puede achacar haber aprendido técnicas populistas de la derecha estadounidense o de algunos Gobiernos de la Europa oriental. Su liberalismo conservador nos podrá gustar más o menos –a mí nada-, pero se trata de un partido que nace como escisión del PP ante el desacuerdo en dos temas claves: el abordaje de la cuestión de ETA y el aborto. Sobre el paralelismo entre Vox y Bildu, pienso que la propia Susana Díaz ni tan siquiera lo comparte. Sus declaraciones públicas anteriores y, en ocasiones, críticas con el nacionalismo, hacen de esta frase más una rogatoria a Sánchez para que le permita seguir, que una convicción.

No obstante, alguien debería recordarle a Susana Díaz que ese tipo de reacciones tardías solo añaden deshonra a lo inevitable. Antes que teórico, Maquiavelo trabajó en la cancillería florentina de 1490 a 1512 y tuvo la oportunidad de apreciar en César Borgia a un príncipe ágil y prudente. En el hijo del Papa valenciano Alejandro VI, observó facultades que se refrendaron cuando en 1502 Borgia tuvo que hacer frente a una conjura de los señores en los que se había apoyado para tratar de lograr su aspiración de fundar un Estado en la Romagna. Los señores temieron ser devorados por su antiguo aliado. Borgia se deshizo de ellos fingiendo llegar a un acuerdo y encerrándolos en una fortaleza donde fueron convenientemente estrangulados. Este episodio lo confirmó, a ojos del florentino, como modelo de príncipe virtuoso, incorporándolo al capítulo séptimo de su inmortal obra.

Sin embargo, todo cambiaría en 1503. La elección del Papa Julio II deja a César en una posición delicada. Ya no cuenta con la ayuda de su padre y la república de Venecia se expande peligrosamente por el norte. Borgia puso todas sus esperanzas en el nuevo Papa. Lo que se hubiera esperado de un príncipe audaz hubiese sido que obstaculizara su elección, ya que se trataba de un Papa al que como cardenal había perjudicado. Una antipatía mutua que hacia comprensible que reclamara venganza o que le engañara prometiéndole unas prebendas que no estaba dispuesto a otorgar.  Esta decepción, y la posterior caída del que pudo ser su modelo de príncipe, hará del español Fernando El Católico el verdadero Príncipe virtuoso de su época. Lo que hoy calificaríamos como hombre del Estado, político con mayúsculas.

«Los barones, antaño fieles escuderos, se debaten hoy entre el silencio y las oportunas visitas a la farmacia para mantener el sillón a salvo»

Este episodio histórico nos ayuda a comprender la inutilidad de los esfuerzos de Díaz por confiar en que su seguidismo de Sánchez pueda tener frutos. Los barones, antaño fieles escuderos, se debaten hoy entre el silencio y las oportunas visitas a la farmacia para mantener el sillón a salvo. Fue ella una de las que maniobró contra el actual Presidente, durante los turbulentos días de su caída y posterior exilio por la ruta 66 hasta la mansión Castells. Recordemos quién envió a su subalterna a la puerta de Ferraz, en uno de los sainetes más recordados de la historia del PSOE. Fue también la que urdió el apoyo de los “notables” del partido –hoy claramente insuficientes para evitar su evidente decadencia – en la carrera por la Secretaría General. Pero, sobre todo, no podemos olvidar el debate en que calificó a Sánchez de perdedor, al preguntarse “si lo más conveniente para el PP era un candidato que había tenido dos derrotas” o ella que parecía abonada a la victoria. Esta última invectiva debe aun quemar las entrañas de nuestro Gran Timonel, cada vez que otea el semblante de la andaluza desde el balcón de su palacio.

En ese debate, Díaz le dijo que su problema no era ella, sino el mismo “porque todos te han abandonado». Sánchez tomaría buena nota y aprendió que la lealtad se puede asegurar con lucrativos puestos de libre designación, aunque el resultado sea la sustitución del Consejo de Ministros por uno paralelo de asesores contratados con el fin de evitar su desahucio del Palacio de la Moncloa. Además, situó en el partido a sus fieles, sin importar su valía, pues al fin y al cabo se trata de la misma organización que le dio la espalda en el momento más difícil de su carrera. Sánchez debiera agradecer a Díaz este diagnóstico. Sin embargo, a pesar del provecho obtenido, continuará con la mirada fija en Sicilia desde las alturas monclovitas. Ya lo dijo el propio Maquiavelo: pocos ven lo que somos, pero todos ven lo que aparentamos.

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