Jesús Reyes

Antes de que los vinos de parcela hablaran con elocuencia de su tierra, hubo una familia que supo leer el futuro con la misma claridad con la que otros leen la etiqueta de una gran botella. Juan José Alonso Grijalba, oriundo de Baños de Río Tobía, fue mucho más que un farmacéutico con inquietudes vitícolas: fue un visionario. En plena posguerra, trasladó su laboratorio de Logroño a Madrid y, en un gesto tan pionero como generoso, levantó en la calle Mateo Inurria un microcosmos para sus trabajadores. Viviendas, economatos, colegios e instalaciones deportivas formaron una comunidad viva y digna. Mucho antes de que Google soñara con sus campus, este riojano ya había diseñado una ciudad para su gente.

Aquel impulso innovador regresó a su origen en 1968, cuando la familia Alonso adquirió la histórica finca La Escobosa, vinculada a la estirpe del fabulista Félix María de Samaniego. En 1972, sobre esas tierras, nació Solar de Samaniego. Medio siglo después, la bodega abre una nueva etapa mirando al viñedo con lupa, sensibilidad y precisión. Y para dar ese salto ha fichado a una leyenda del vino español: el enólogo Pepe Hidalgo, uno de los flying winemakers más influyentes del país. Su incorporación ha marcado un giro audaz hacia la modernidad, combinando tradición, sostenibilidad y una interpretación contemporánea del paisaje.

Valcavada y Musco: Rioja Alavesa desde el detalle

El resultado es una nueva colección de vinos de paraje y parcela. Dos conceptos que pueden parecer similares, pero que en el fondo marcan diferencias sutiles y fundamentales. Un vino de paraje nace de un conjunto de parcelas situadas en una misma zona, bajo condiciones similares de altitud, suelo y orientación. Reflejan la identidad de un paisaje concreto. Los vinos de parcela, en cambio, se elaboran a partir de una única viña seleccionada por su singularidad extrema. Son, en esencia, la máxima expresión del terroir: vinos con personalidad única y carácter intransferible.

Desde Laguardia, en pleno corazón de Rioja Alavesa, Solar de Samaniego presenta dos joyas que llevan esta filosofía al extremo. Valcavada es un vino de paraje nacido en Rioseco, una de las zonas más elevadas de la región, entre barrancos y laderas orientadas al sur. Las vides, perfectamente aclimatadas, entregan un Tempranillo de altísima calidad, fresco y con una acidez vibrante. La crianza en roble francés respeta su carácter frutal, aportando finura, equilibrio y un final largo. Es un vino que invita al diálogo, tanto en la mesa como en la sobremesa literaria.

Musco, en cambio, nace de una parcela única con más de 35 años de historia, plantada junto al antiguo humedal del Musco, donde aún sobrevuelan garzas reales. Suelo arcillo-calcáreo, orientación noroeste y una vinificación cuidada dan lugar a un tinto potente y maduro, con aromas de mora, especias y tabaco, y un paso denso en boca que transmite hondura y memoria. Es un vino que se saborea sin prisa, como los libros que inspiran su etiqueta.

Durón: una Ribera burgalesa para el recuerdo

En Roa de Duero, la bodega hermana Durón amplía el relato con tres vinos que exploran el alma más fresca y compleja de la Ribera burgalesa. Óptimo de Durón es un vino de paraje que nace a 850 metros de altitud, en un entorno atravesado por el arroyo de San Miguel y perfilado por suelos pobres y clima continental. Tinta del País, Merlot y Cabernet Sauvignon se ensamblan aquí con precisión para dar un tinto aromático, estructurado y profundamente gastronómico.

Desde la finca Valderil, una parcela de 22 hectáreas, emerge Cueva del Raposo, un vino de parcela que refleja la complejidad de un suelo franco arenoso en el que conviven racimos seleccionados por microzonas. El resultado es un tinto elegante y vibrante, con fruta roja, fondo mineral y un paladar redondo que encarna la nobleza austera de Castilla.

Por último, Durón de Autor completa esta nueva generación con una mirada serena pero decidida al clasicismo. Su equilibrio y finura nacen del respeto a la tierra y del deseo de reinterpretar el carácter castellano desde la excelencia enológica.

Con esta colección, el Grupo Solar de Samaniego escribe un nuevo capítulo en su historia. Una historia donde cada botella es un relato líquido del paisaje, la memoria y la visión de futuro. Y en ese relato, la figura de Pepe Hidalgo actúa como narrador invisible: un maestro del vino que transforma parcelas en palabras, suelos en emociones, añadas en capítulos inolvidables.

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