Por un lado, el mundo ideal de la agenda 2030, empeñada en amargarnos la vida: no tendrás nada y serás feliz, no comerás chuletones y no podrás viajar en avión. Ya hay ciudadanos que, aunque siguen viajando en avión, se niegan a reconocerlo ante amigos y conocidos. En Alemania, el país donde el reciclaje y el verdismo roza el trastorno obsesivo compulsivo, han inventado una nueva palabra Flugscham vergüenza de volar.

Por otro lado, el mundo real. La importancia de las empresas de combustibles fósiles y en especial en el patrocinio en el deporte. Veamos: Estamos en plena Vuelta a España, donde participan equipos ciclistas financiados por empresas de combustibles fósiles como Emiratos Árabes Unidos (apoyado por Emirates) Ineos o Citroen. Además Skoda (marca de automóviles) es una de las principales empresas de la Vuelta. Se acaban de terminar los Juegos Olímpicos y se están celebrando los Juegos Paralímpicos, ambos salen adelante gracias al importante apoyo financiero de Toyota y Dow Chemicals. En las retransmisiones televisivas vemos anuncios de Hyundai, Total o Mercedes-Benz.

«Según el reciente estudio «Sweat not oil» presentado por las organizaciones británicas de lucha contra el cambio climático las empresas de combustible sólido se han convertido en los principales patrocinadores del deporte»

Según el reciente estudio «Sweat not oil» presentado por las organizaciones británicas de lucha contra el cambio climático Rapid Transition Alliance, Possible, New Weather Institute y KR Foundation, las empresas de combustible sólido se han convertido en los principales patrocinadores del deporte. Se estima el valor del patrocinio de las empresas de combustibles fósiles en alrededor de 46 mil millones de dólares, aproximadamente una décima parte del valor económico del negocio deportivo global que alcanza unos 471 mil millones de dólares.

Ligas, federaciones y clubes, a todos les gusta el dinero de las energéticas, automóviles o aerolíneas. Iberdrola patrocina, y muy bien, el deporte femenino y en especial la liga femenina de fútbol, Endesa la liga ACB. Toyota, a partir de esta temporada también esponsorizará la ACB y seguirá apoyando generosamente al deporte paralímpico. Los grandes equipos de futbol Liverpool (MG Motor), Paris Saint-Germain (Qatar Airways, Renault), Juventus Turin (Jeep) y Real Madrid (Emirates, Audi) están financiados por empresas de automóviles o aerolíneas.

El patrocinador más grande sigue siendo la industria automóvil con casi 200 contratos publicitarios, seguida de las aerolíneas con 63 acuerdos. El dinero de la gran publicidad mundial se regula en unos 258 acuerdos deportivos, que afecta no sólo al fútbol, sino también al tenis, baloncesto, atletismo, ciclismo, rugby, fútbol americano, vela, golf y deportes del motor. La compañía rusa de gas Gazprom y el gigante químico Ineos están muy bien representados en el deporte. Toyota es uno de los grandes en la publicidad del deporte. El otro es la aerolínea Emirates, que da nombre a un estadio en Londres y financia al Real Madrid.

En este mundo que vivimos de inquisición permanente y de crear sentimiento de culpa en el ciudadano, ya hay voces, entre otros, los autores del estudio «Sweat not oil» y el poderoso lobby del cambio climático que están pidiendo que se ponga fin a este patrocinio del deporte por parte de los emisores de CO2. Exigen que se limite o prohíba la construcción de campos de fútbol de hierba artificial, de campos de golf (el cultivo más rentable que existe) o los cañones de nieve en las estaciones de esquí, muchas áreas de deportes de invierno ya no tienen nieve garantizada. Incluso aspiran a suprimir la Formula 1. Según este estudio el negocio mundial del deporte tiene una huella de carbono, que en el mejor de los casos sería tan grande como la que tiene Túnez y en el peor, como Polonia.

«¿Permitirán los sumos sacerdotes de la iglesia de la calentología que Iberdrola siga financiando el deporte femenino, Toyota el deporte paralímpico y que los aficionados podamos comernos un bocadillo de salchichón en el descanso de los partidos?»

¿Cual será el futuro? ¿Permitirán los sumos sacerdotes de la iglesia de la calentología que Iberdrola siga financiando el deporte femenino, Toyota el deporte paralímpico y que los aficionados podamos comernos un bocadillo de salchichón en el descanso de los partidos?. ¿Se prohibirá el patrocinio de las industrias de combustible fósil como ya sucedió con la industria tabaquera?. Peor aun ¿Se equiparará el patrocinio de empresas con gran huella de carbono al dopaje?  ¿Llevar una camiseta con el logo de Emirates implicará descalificaciones, multas y prohibición de competir? ¿Emitir CO2 será tan grave como consumir EPO?. Nuestra opinión: El deporte profesional no debería ceder ante otro lobby ideológico.