Cuando la psicóloga le pregunta a Fleabag por qué ha empezado a ir a terapia, esta le contesta que es un regalo de cumpleaños de su padre. La terapeuta, desconcertada, no puede creérselo: ¿habrá cajas regalo de «vale por una sesión de terapia»? Por eso quiere saber si es un chiste y en seguida le recomienda a la paciente que no haga bromas en su gabinete, para que «nada se pierda en la traducción humorística». Fleabag confiesa que no sabe si puede evitar bromear, la terapeuta vuelve a preguntar si eso también es un chiste y, por fin, la paciente explica por qué cree estar en la consulta: porque su madre murió hace tres años y su padre aún no es capaz de hablar sobre ello; porque su hermana, Claire, no habla con ella puesto que la acusa de haber besado a su marido; y porque desde que es adulta Fleabag ha usado el sexo para evitar el «vacío clamoroso de su corazón hueco». A continuación, Fleabag sonríe, mira a la cámara y exclama: «¡Esto se me da bien!».

«Este combinado agridulce ha recibido los modernos nombres de «dramedia» o «comedia dramática» o el más tradicional de «tragicomedia»»

Esta escena del 2º capítulo de la 2ª temporada de Fleabag (BBC, 2016-2019) resume a la perfección la 1ª temporada de la serie: problemas familiares muy serios, un duelo difícil de superar y una profunda crisis existencial, todo ello apaciguado por mucho sexo, con o sin compromiso. Es más, el diálogo entre la protagonista y la psicoterapeuta condensa la esencia genérica de Fleabag, un cóctel tan equilibrado de seriedad y humor que, de hecho, Lost in Humorous Translation sería su subtítulo ideal. Este combinado agridulce ha recibido los modernos nombres de «dramedia» o «comedia dramática» o el más tradicional de «tragicomedia», etiquetas que pueden aplicarse también a Nanette, el popular monólogo de la australiana Hannah Gadsby, y a otras producciones híbridas como Transparent, After Life o Russian Doll, en las que a menudo no sabemos si lloramos de risa o de dolor.

«… si Fleabag se desmarca de otras series cómicas serias es sobre todo por su rupturista ruptura de la cuarta pared. Fleabag mira cada dos por tres a cámara y le guiña un ojo al espectador o le sonríe, apostilla o interpreta lo sucedido o dice lo que de verdad piensa»

Pero si Fleabag se desmarca de otras series cómicas serias es sobre todo por su rupturista ruptura de la cuarta pared. Repitiendo el gesto de la escena con la psicóloga, Fleabag mira cada dos por tres a cámara y le guiña un ojo al espectador o le sonríe, apostilla o interpreta lo sucedido o dice lo que de verdad piensa. Muchas series han usado con acierto el recurso de romper la cuarta pared, como las miradas y comentarios sociópatas de Frank Underwood en House of Cards; o en el cine La gran apuesta, película basada en hechos reales cuyos personajes le van explicando al espectador cuánto de lo contado es ficción o verdad. Pero ninguna serie o película rompe la cuarta pared con tanta fuerza y tan a menudo como Fleabag, porque su protagonista tiene una personalidad explosiva: si no te habla o bromea, revienta, Fleabag es una Tristram Shandy millennial que todo te lo comenta y no puede evitar hacer chistes ni siquiera habiéndoselo prohibido su psicóloga. En consecuencia, la serie es tan histéricamente metarreferencial como la realidad del siglo XXI, sobresaturada de información a su vez hipercomentada por lectores, usuarios y espectadores, los clientes de esa infinita barra de bar abierta 24/7 que son las redes sociales e internet. Esta seña de identidad, este no callar ni en persona ni en línea ni ambos a la vez, es claramente generacional: también tú sabes que lo mejor de Twitter o Instagram está fuera del móvil, cuando te ríes con tu colega del mensaje ajeno, y que Tinder o Grindr ganan si comentas con alguien cercano las fotos, antes, y el encuentro, después. El del siglo XXI será el homo commentator.

Y la 2ª temporada de Fleabag le da otra espectacular vuelta de tuerca al mecanismo de ruptura de la cuarta pared, pero para evitar espoilers no desvelaré nada más que su vinculación con el nuevo tema principal: el amor. Porque si la 1ª temporada terminaba con la superación de Fleabag del duelo por la muerte de su mejor amiga, el distanciamiento de su tóxica familia, la inyección cual deus ex machina de dinero en su negocio y el abandono del sexo paliativo, la 2ª empieza con una Fleabag renovada y célibe que se enamora ni más ni menos que de un cura católico, y precisamente del mismo que va a volver a casar a su padre. De hecho, la primera vez que Fleabag le habla a la cámara nos avisa de que «This is a love story». Además, en los nuevos seis capítulos se van resolviendo las tramas inconclusas, como la relación entre Fleabag y su hermana Claire complicada por su esposo, un perfecto espécimen de cuñado a rebosar de masculinidad tóxica. Y junto al empoderamiento de la mujer, el tercer gran tema de esta temporada de Fleabag es el regreso a la familia, reivindicada sea cual sea su estructura y en contra del discurso progresista dominante, que no sabe muy bien qué hacer con el incómodo núcleo familiar.

«La creadora y guionista de Fleabag también es la talentosa actriz que encarna a la protagonista. Esta coincidencia de agentes (actriz = creadora = guionista) parece entroncar con la tradición de comedias autoficcionales como Seinfeld, Curb Your Enthusiasm o Louie»

La creadora y guionista de Fleabag, la inglesa Phoebe Waller-Bridge, también es la talentosa actriz que encarna a la protagonista. Esta coincidencia de agentes (actriz = creadora = guionista) parece entroncar con la tradición de comedias autoficcionales como Seinfeld, Curb Your Enthusiasm o Louie, cuyo actor principal se interpreta a sí mismo (y a veces también se dirige o escribe). Las producciones que siguen este patrón ya fueron parodiadas hasta la saciedad por la serie de animación BoJack Horseman, que se burla de sus convenciones pero, como en cualquier parodia, a la vez las refuerza, pues también el protagonista es un hombre famoso y rico aunque permanentemente insatisfecho en la farándula hollywoodiense. Sin embargo, Mary-Bridge no recurre a la irónica pero en el fondo egocéntrica autoficción: la protagonista de Fleabag no se llama Phoebe y no es actriz ni guionista sino dueña de una pequeña cafetería de Londres. Fleabag es una emprendedora sin importancia o, como se decía antes, una pequeñoburguesa. Como tú y como yo. Si las series autoficcionales como Seinfeld se acercaban al espectador representando el mundo de las celebridades por todos conocido, Fleabag representa directamente el mundo del espectador, que puede estar tan triste o deprimido como los grandes actores de Hollywood. Si los reyes de la comedia eran todos hombres, quizás la reina de la dramedia sea una mujer. Una mujer, por cierto, llamada Fleabag, que más o menos significa «pulgoso» o «persona sucia o indeseable». Como tú y como yo.

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