En las próximas líneas, intentaré explicar por qué la captura de Maduro contraviene el Derecho Internacional Público y…, la irrelevancia práctica de esta ilegalidad. También trataré de remarcar que esta crisis del derecho internacional se enlata en una mayor: la situación gubernamental preexistente en Venezuela.
El derecho internacional vigente, también conocido a veces como sistema de Naciones Unidas, es producto directo del desenlace de la Segunda Guerra Mundial y la fundación de la ONU (1945). Como ordenamiento jurídico se compone de normas escritas, costumbres y principios de derecho.
«por qué la captura de Maduro contraviene el Derecho Internacional Público»
Un principio fundamental de este derecho internacional es el respeto a la soberanía de todos los Estados –frente a concepciones anteriores que avalan el libre uso de la fuerza como parte de la soberanía estatal. Esta premisa emana del gran objetivo de la ONU: prevenir una nueva guerra a escala planetaria.
El respeto a la soberanía enlaza con otra norma, recogida tanto en la costumbre como en distintos tratados internacionales: la no intervención en asuntos internos de un Estado. El alcance de esta norma se concretó en el caso Estados Unidos contra Nicaragua (1986), cuando el Tribunal Internacional de Justicia declaró la responsabilidad internacional –en derecho internacional se evita la expresión «condenar»– de Washington por apoyar a grupos paramilitares que buscaban el derrocamiento del gobierno nicaragüense.
«Un principio fundamental de este derecho internacional es el respeto a la soberanía de todos los Estados»
Junto a otros estudios y resoluciones, este fallo judicial clarificó que la soberanía estatal no puede vulnerarse salvo que exista: a) consentimiento del afectado, o b) una amenaza cierta y real para el país que interviene. Hemos de añadir un tercer caso: la autorización expresa del Consejo de Seguridad de la ONU.
Todo el derecho internacional pivota en torno a este organismo de quince países. Sus resoluciones pueden crear nuevas normas o autorizar excepciones a las normas. Gracias a una resolución del Consejo de Seguridad fue posible intervenir en Sudán para detener el genocidio de Darfur. Menos exitosa, pero nos vale de ejemplo, fue la autorización a la intervención internacional en Afganistán en 2001.
«la soberanía estatal no puede vulnerarse salvo que exista: a) consentimiento del afectado, o b) una amenaza cierta y real para el país que interviene»
¿Trump contaba con el consentimiento del gobierno venezolano? Obviamente, Maduro no consintió en su secuestro, pero la marginación de la oposición venezolana le ha costado a Estados Unidos una posibilidad de cierta legitimación legal.
Me explico, cuando en un país existe una guerra civil o, por diferentes circunstancias, existe un gobierno en exilio, los demás países disfrutan de libertad para decidir a quién reconocen como gobernante legítimo. Por ejemplo, México y Yugoslavia nunca reconocieron a Franco como Jefe de Estado español, sino a los sucesivos Presidentes de la República en el exilio.
«la marginación de la oposición venezolana le ha costado a Estados Unidos una posibilidad de cierta legitimación legal»
Si Trump reconociera a un Presidente de Venezuela en el exilio, podría justificar su intervención en el país, amparándose en que este le ha solicitado que intervenga. Se trata de una zona muy gris e inexplorada del derecho internacional. Algunos juristas consideran que sería válido. Comparan esta situación a un escenario de guerra civil, en que es legítimo socorrer a un bando.
Otras opiniones académicas difieren. Por supuesto, no cuestionan que cada Estado disfruta de libertad para establecer o cortar sus lazos diplomáticos, así como para decidir a quién reconoce como gobierno legítimo de otro país. Ahora bien, continuando con el símil de la guerra civil, entienden que un gobierno exiliado no equivale a la de un bando en un conflicto fratricida. Sin ninguna presencia soberana en el territorio, un gobierno exiliado no bastaría, pues, para autorizar una intervención militar en su país, bajo el derecho internacional.
«hoy por hoy, un gobierno venezolano en el exilio»
Insistamos en que se trata de un terreno inexplorado. No hay resoluciones al respecto del Tribunal Internacional de Justicia, ni tampoco normas internacionales que lo regulen.
En todo caso, para este caso es irrelevante. Para empezar, Edmundo González, presumible ganador de las últimas elecciones, nunca ha querido asumir la presidencia de Venezuela fuera del país. De hecho, no existe, hoy por hoy, un gobierno venezolano en el exilio al que se pueda reconocer, sino una oposición discutiblemente organizada, a la que el propio Trump ha ninguneado desde el minuto uno, negando a su líder más destacada, la Premio Nobel de la Paz, María Corina Machado, cualquier participación en un gobierno de transición.
«La justificación que el gobierno estadounidense ha tratado de ofrecer al mundo remite al concepto de defensa propia y contramedidas»
La justificación que el gobierno estadounidense ha tratado de ofrecer al mundo remite al concepto de defensa propia y contramedidas. Han asegurado que el gobierno venezolano colaboraba activamente con el narcotráfico de fentanilo en los Estados Unidos y que detener a Maduro pone fin a esta amenaza.
En abstracto, conviene aclarar que el derecho internacional no es tan radicalmente pacifista como algunos pretenden. Ante determinadas amenazas, los Estados ven legitimado el uso de la fuerza. Sin embargo, este debe ser proporcional, no incurrir en violaciones mayúsculas del derecho internacional, como crímenes de guerra, y… ¡Ah! La amenaza debe ser cierta.
«Ante determinadas amenazas, los Estados ven legitimado el uso de la fuerza»
Los indicios que vinculan al gobierno venezolano con grupos de narcotráfico son más que sólidos desde hace una década. Cuestión aparte es que el fentanilo ilegalmente introducido en Estados Unidos guarde relación alguna con Venezuela. Todo apunta a que abrumadoramente proviene de México.
Por otro lado, incluso si el fentanilo proviniese de Venezuela, eso no da carta blanca a Washington para hacer lo que quiera. Otras medidas, por ejemplo, un bloqueo naval, sanciones internacionales o similares se ajustarían más al requisito de la proporcionalidad.
«incluso si el fentanilo proviniese de Venezuela, eso no da carta blanca a Washington para hacer lo que quiera»
Ahora bien, el derecho internacional tiene un gran problema de efectividad, ya que no existen tribunales internacionales equivalentes a los de cada país. El Tribunal Internacional de Justicia, sin ir más lejos, es una jurisdicción en gran medida voluntaria.
Desde la sentencia Estados Unidos contra Nicaragua, Estados Unidos deniega al tribunal de La Haya la posibilidad de juzgarle. Si Venezuela lo demandar ante este tribunal, el juicio requeriría la aquiescencia de Washington para comenzar.
«Desde la sentencia Estados Unidos contra Nicaragua, Estados Unidos deniega al tribunal de La Haya la posibilidad de juzgarle»
En todo caso, el Tribunal Internacional de Justicia tampoco tiene mecanismos para imponer sus resoluciones. Esto debe hacerlo en Consejo de Seguridad. De hecho, incluso sin intervención del Tribunal, se supone que este órgano de la ONU goza de potestades ilimitadas para defender el derecho internacional.
¿El problema? El Consejo de Seguridad lo componen 15 países: 10 electos, cada dos años, y 5 permanentes: Rusia, Estados Unidos, China, Reino Unido y Francia. Estos últimos gozan del llamado derecho de veto. Básicamente, aunque los otros 14 voten a favor de una resolución, si uno de ellos vota en contra, el Consejo de Seguridad queda paralizado.
«aunque vulnere el derecho internacional, ninguno de estos cinco países ni sus aliados tendrá que afrontar nunca las consecuencias»
Por eso, aunque vulnere el derecho internacional, ninguno de estos cinco países ni sus aliados tendrá que afrontar nunca las consecuencias. Y aquí es donde entendemos que, desde el punto de vista internacional, la crisis de Venezuela es doble. La protección de Rusia y China han impedido cualquier acción del Consejo de Seguridad contra el gobierno despótico de Maduro y ahora el veto estadounidense anula cualquier posibilidad de control de la ONU sobre Washington.










