El primer día de frío de otoño, con los bajos de los pantalones mojados por la lluvia, el Kit Kat Klub, en el UMusic Hotel parece el lugar perfecto donde resguardarse, ya nos lo dice nuestra descarada y arrolladora anfitriona Emcee (Abril Zamora): “fuera hace frío, aquí hay calor”. Y es que la cálida luz, la moqueta, la suave música en directo y las atenciones de las chicas y chicos del Cabaret hacen a uno sentir en casa.

Bajo la dirección de Federico Bellone, con libreto original de Joe Masteroff, música de John Kander y letras de Fred Ebb, LETSGO produce esta nueva adaptación de uno de los musicales más alabados de la historia.

Lulu nos visitó mientras tomábamos algo esperando a que empezase el espectáculo, que nos presenta, entre plumas, luces y colores la historia de varios “muertos de hambre” que se buscan la vida lo mejor que pueden en diciembre del Berlín de 1929. Pasaremos fin de año en la mejor compañía posible, aunque quizá de una forma un tanto agridulce, pese a que celebramos con ellos la llegada de 1930, nosotros como espectadores no somos ajenos a lo que pasaría en años venideros.

Por las rendijas de los números del “lugar más ardiente de la ciudad”, con provocativos vestuarios, bailes y canciones llenas de brillos y risas; se empieza a colar el nazismo, recordando que en él nunca existió la posibilidad de divergencia o diversidad.

A través de la historia de Clifford (Pepe Nufrío), un autor americano que llega a la capital alemana con intención de escribir su primer libro y en el Kit Kat Klub tendrá que enfrentarse a la dicotomía entre quién quiere ser y quién es, nos adentramos en el Berlín más humilde y conocemos a Sally Bowels (Amanda Digón), la dulce estrella del club; Fräulein Scheider (Carmen Conesa), la dueña de la pensión donde residen gran parte de los personajes; Herr Schultz (Tony River), el frutero del barrio; Fräulein Kost (Pepa Lucas), una divertida bailarina; o Ernst Ludwig (Gonzalo Ramos), el primer amigo que hace Clifford al llegar a Alemania. Todos ellos con circunstancias únicas que forjarán su manera de enfrentarse a la tragedia que se cierne sobre el país.

El enseble, además, puede considerarse como el corazón del espectáculo, compuesto por Andrea Buret, Marina Albaiceta, Paula Argüelles, Gerard Mínguez, Alejandro Fernández, Andrea del Castillo, Christian Velert, Graciela Monterde y Marc Sol.

La presencia de público en el escenario, además de ser una experiencia única que permite escuchar a algunas de las mejores voces del teatro musical español a escasos centímetros, impide la existencia de escenografía, más allá de una cama de barrotes, sin embargo, no parece ser necesaria, pues gran parte de los hechos se desarrollan dentro del propio cabaret o sobre las mesas, y el diseño de sonido (Poti Martin) completa la definición de espacios.

Por su parte, el vestuario (Felype Lima) y las coreografías (Gilliam Bruce), exquisitamente ejecutadas, nos llevan de una ciudad vibrante y abierta con colores claros, pezones hechos de lentejuelas y bailes ligeros a en lo que más tarde se convertiría, con el negro devorando cada pieza de ropa y números agresivos con tintes militares.

Desgarradoramente actual, en Cabaret el público escuchará frases presentes en conversaciones cotidianas con preguntas como “¿qué tiene que ver la política con nosotros?” o cómo la esclavitud a la que nos tiene sometida el dinero puede llegar a arramplar con nuestros valores. “Necesitamos el dinero desesperadamente” le instará Sally en un punto a Cliff, a lo que este responderá “No tan desesperadamente”.

La disposición de este teatro despojado de butacas y convertido en un auténtico cabaret hace que la línea entre público y obra se desdibuje hasta extremos inimaginables, con interacciones directas con los intérpretes, lo que facilita la identificación con los personajes. Sin embargo, es necesario recordar que, si se está muy cerca de las luces, llegando a tener la cara entre los volantes de las faldas de algunas de las chicas; es inevitable estar también sumergido en las sombras, durante un final que no debería dejar indiferente a nadie. Ni ahora, ni nunca.