A veces, un loco con un arma es sólo un loco con un arma. Famoso por su principio de parsimonia, popularmente conocido como navaja de Ockham, el franciscano Guillermo Ockham teorizó que, si un fenómeno admite varias explicaciones, la más sencilla, probablemente, será la más correcta. ¿Qué nos dice la navaja de Ockham aplicada al atentado fallido de Trump? Quizás vemos demasiadas conspiraciones hoy día, porque nuestro concepto de la simplicidad se ha adulterado sin advertirlo.

Tomemos un poco de distancia emocional e histórica. Viajemos a principios septiembre de 1881. Desde hace setenta días el Presidente Garfield agoniza en La Casa Blanca. El dos de julio, el abogado Charles Jules Guiteau, le ha disparado en la estación de tren de Washington. Semana a semana, las esperanzas iniciales de una rápida recuperación se han ido desvaneciendo. Incapaces de entender por qué el Presidente no se recupera, los médicos han llamado al mismo Graham Bell, el hombre que patentó el teléfono. Convencidos de que queda algún fragmento de bala en su cuerpo, los médicos someten al augusto paciente a un excéntrico tratamiento. Mediante imanes y corrientes, Graham Bell intenta dar con la bala invisible –que no existe– y extraerla.

“¿Qué nos dice la navaja de Ockham aplicada al atentado fallido de Trump?”

El 19 de septiembre, Garfield deja este mundo. Es el cuarto Presidente en morir en el cargo y el segundo, después de Lincoln, víctima de un magnicidio.

¿Quién es su asesino? El propio pistolero lo grita a los cuatro vientos: “¡Soy un Stalwart!” Y exige al vicepresidente, Chester Arthur, sucesor de Garfield en el Despacho Oval, que le recompense.

¿Qué es eso de un Stalwart? Esta palabra admite varias traducciones del inglés: fornido, leal, incondicional… Lo cierto es que su uso no es muy común. Pero no hemos de traducirla literalmente. Los stalwart fueron una influyente facción del partido republicano durante los años de la Reconstrucción que sucedieron a la Guerra Civil (1861-1865). Prosperaron, sobre todo, bajo la presidencia de Ulysses S. Grant (1869-1877). Estos veteranos exigían ser compensados por su sufrimiento en la guerra con un empleo público.

“Los stalwart fueron una influyente facción del partido republicano […] estos veteranos de guerra exigían ser compensados por su sufrimiento en la guerra con un empleo público.”

Destacado general durante la Guerra de Secesión, Grant promovió este sistema corrupto de prebendas. A su entender era lo mejor que el país podía hacer por sus soldados. Su sucesor, Hayes, toleró este sistema de funcionamiento del partido republicano. Elegido en las elecciones más polémicas de Estados Unidos, Hayes carecía de autoridad moral contra la corrupción. Ya admitió el pecado original de su presidencia anunciando que no iría a la reelección.

Aunque también era republicano, como Grant y Hayes, Garfield se oponía a los stalwart y anunció que desmantelaría el sistema. Sin embargo, presionado por el partido, se vio obligado a aceptar a un vicepresidente al que despreciaba, Chester Arthur, que era un stalwart. El mensaje era claro: habría una voladura, pero controlada.

“Garfield se oponía a los stalwart y anunció que desmantelaría el sistema”

¿Recompensó Arthur a Jules Guiteau? No tuvo ocasión. El asesino fue ahorcado el 30 de junio, antes de que su propia víctima falleciera. Para sorpresa de todos, Arthur, deseoso de redimir sus errores pasados, combatió activamente el enchufismo y desmanteló a la facción stalwart. Esto le costó muchas simpatías entre los republicanos. A la espera de lo que ocurra con Biden, Arthur fue el último Presidente en pedir a su partido que lo nominara para la presidencia sin éxito.

No obstante, si por algo se recuerda a Arthur, es por una decisión sin precedentes en la historia de los Estados Unidos: fue el primer Presidente en bajar los impuestos. Sonará a broma, pero, en aquella época, el gobierno estadounidense recaudaba demasiado dinero. Ni el Congreso ni la Casa Blanca sabían en qué gastarlo. Tras darle algunas vueltas, Arthur propuso que, en lugar de buscar nuevos gastos, redujeran las cargas sobre el contribuyente.

“si por algo se recuerda a Arthur, es por una decisión sin precedentes en la historia de los Estados Unidos: fue el primer Presidente en bajar los impuestos”

Entonces tenemos, un Presidente asesinado, por un miembro de su partido, de la facción de enchufistas. Después de llenar de plomo al Garfield y darlo por muerto, su verdugo reclama una recompensa de quien cree que ya es el nuevo Presidente que pertenece a esa misma facción. Pero lo ejecutan antes.

Todo indica que Garfield se va a recuperar, pero tras setenta días de tratamientos cada vez más surrealistas fallece. Contra todo pronóstico atendiendo a su trayectoria, su sucesor desmantela a los enchufistas y aprueba la primera bajada de impuestos. Esto último no parece que su predecesor tuviera en mente. ¿Los más beneficiados? Por supuesto, los estadounidenses más pudientes.

Venga, con sinceridad, ¿cuántas teorías de la conspiración se nos ocurren?

“Todo indica que Garfield se va a recuperar, pero tras setenta días de tratamientos cada vez más surrealistas fallece”

Pues la verdad es que no hubo ninguna conspiración. El vicepresidente y el magnicida no tenían ningún acuerdo. Guiteau era efectivamente un stalwart, pero también un hombre que no se encontraba en su sano juicio. En su paranoia, estaba convencido de que había tenido un rol clave en la elección de Garfield ¿y ese malagradecido se negaba a darle un cargo? Semejante fantasía megalómana no existía más que en su mente.

En cuanto al arrebato de conciencia de Arthur, pues no es tan misterioso. Sí. Arthur nunca había ejemplificado la honradez. Más bien al contrario, pero, estaba convencido de que Garfield tenía razón. Si las cosas no cambiaban el sistema no aguantaría la corrupción. Además, llegó a la vicepresidencia seriamente enfermo de los riñones. En realidad, su mala salud pesó más en la decisión del Partido Republicano de no presentarlo a las elecciones de 1884, que su política contra la corrupción. ¡Y menos mal! Arthur falleció en 1886, apenas unos meses después de dejar la Casa Blanca.

Ya lo dicen. Nada como la cercanía de la muerte para despertar una conciencia dormida ¿verdad?

“Guiteau era efectivamente un stalwart, pero también un hombre que no se encontraba en su sano juicio”

En cuanto a su bajada de impuestos. Insisto, parece un chiste, pero lo cierto es que, aunque su propuesta salió adelante, fue bastante ridiculizado por este motivo. Para la opinión pública, Arthur demostraba con esa decisión que le faltaba inteligencia para administrar un gran presupuesto.

A veces, un loco con una pistola es sólo eso, un loco con una pistola. Y lo que es peor, a veces, es un loco armado con suerte.

“A veces, un loco con una pistola es sólo eso, un loco con una pistola”

No quisiera ahondar mucho en el asesinato de Kennedy. Hay mil y una teorías de la conspiración. Sin embargo, hay un hecho que, en mi opinión, tumba cualquier hipótesis conspiranoica: la decisión de recorrer Dallas con la capota del descapotable bajada se tomó a última hora por el propio Presidente. Como reconoció su viuda –quien sí creía en una conspiración para asesinar a los Kennedy– su marido no siguió el consejo del servicio secreto.

¿Por qué tomó Kennedy semejante decisión? La memoria es frágil, pero la verdad es que Kennedy no fue un Presidente demasiado popular…, en vida. La crisis del Muro de Berlín, el fiasco de Bahía Cochinos y la posterior crisis de misiles en Cuba habían dañado severamente su imagen. Su reelección distaba de estar garantizada. Por eso, había empezado una gira para Estados clave del país, como Texas, de caras a remontar su popularidad en los inminentes comicios. Ir con la capota bajada, saludando a su gente, a su entender le ayudaría a remontar su aprobación ciudadana.

“Kennedy no fue un Presidente demasiado popular…, en vida”

¿Y qué diremos del Kennedy soviético? Me refiero a Serguei Kirov, cuyo nombre apenas se conoce en oeste. Pero, como ocurrió con JFK, los más ancianos de Rusia y de las antiguas repúblicas soviéticas, aún recuerdan qué hacían el día de su asesinato, el 1 de diciembre de 1934.

¿Quién era Kírov? Secretario General del Partido Comunista en Azerbaiyán y líder del partido en Leningrado era una figura destacada del poder soviético en los años que van de la expulsión de Trotsky hasta la consolidación de la dictadura estalinista. De hecho, si la muerte de Kírov impactó tanto es porque Stalin la instrumentalizó para sus juicios ejemplares y las dos grandes purgas. En los próximos años casi todo el mundo acabó estando implicado en el atentado.

“¿Y qué diremos del Kennedy soviético? Me refiero a Serguei Kirov”

Muchos historiadores han dado pábulo a la teoría de que, en realidad, Stalin estaba detrás del asesinato de este dirigente. Después de todo, se había presentado contra él a la reelección como Secretario General en el último Congreso del Partido Comunista.

Bien, pues, no… Sin duda alguna, Stalin utilizó la muerte de Kírov para limpiar el partido de sus rivales y empezar el terror. Probablemente, tampoco se fiara demasiado de él. El dictador georgiano desconfiaba de cualquier persona que cayese demasiado bien a la gente. No obstante, la muerte de Kírov le sorprendió y le afectó por partida doble. Algo de afecto si le guardaba a su camarada caucásico y, además, como al resto de jerarcas soviéticos, le hizo temer por su propia seguridad.

“Stalin utilizó la muerte de Kírov para limpiar el partido de sus rivales y empezar el terror”

No hemos encontrado ningún documento que pruebe que Stalin ordenara la muerte de Kírov. En cuanto a lo de hacer de rival de Stalin… Pura mascarada. En su empeño por mantener una ficción de democracia interna, los gobiernos comunistas solían –y suelen– a hacer primarias a los cargos del partido con algunos candidatos de postín, que ni pensaban en ganar, junto a los líderes oficiales. Es más, Kírov se preocupó mucho de darle a Stalin el nombre de algunos insensatos que en el Congreso del partido se tomaron en serio su candidatura y el carácter democrático de la elección.

En cuanto a su asesino, Leonid Nikolaev, sí ha quedado acreditado, más allá de toda duda razonable, entre otros por su propio diario personal, que su salud mental se había quebrado tiempo atrás. ¿Cómo no se hizo nada cuando lo encontraron cerca de la casa de Kírov semanas antes del atentado? ¿Cómo pudo acercarse tanto a un jerarca importante con un arma en la gabardina? ¿Por qué su guardaespaldas no estaba allí?

“de su asesino, Leonid Nikolaev, sí ha quedado acreditado, que su salud mental se había quebrado tiempo atrás”

A pesar de que Lenin ya había sufrido un atentado años atrás, entre los líderes soviéticos existía una sensación de absoluta seguridad. Los fallos en el aparato de seguridad del Estado –y en el aparato del Estado en general– era en pan de cada día en la URSS de los años 20 y 30 del siglo pasado. Mucha gente en esa época iba armada. En cuanto al guardaespaldas, pues, una tontería… Casualmente se entretuvo hablando con otro colega de seguridad. Le pidió a Kírov que esperara un momento, pero este decidió adelantarse. Tenía que coger un coche.

A menudo, un loco con un arma no es más que un loco con un arma. Resulta muy habitual que un mandatario esté amenazado por atentados de radicales. Más raro es que el aparato del Estado esté detrás. Para Trump no tendría sentido haber organizado un autoatentado tan arriesgado. Solo un centímetro más a la derecha y ahora estaría muerto. ¿Errores de seguridad? Seguramente los hubo, pero no olvidemos que si el asesino disparó ocho veces de súbito fue porque el servicio de seguridad se le echaba encima. Para los demócratas, matar a Trump implica asegurar la victoria republicana en noviembre.

“A menudo, un loco con un arma no es más que un loco con un arma.”

¿Y para los republicanos? Trump es una figura incómoda en muchos sectores de su propio partido. ¿Y si se lo querían quitar de encima y aprovechar de paso el efecto luto en las elecciones? A falta de pruebas, yo me conformaría con la realidad, aunque sea sosa. Pero vaya, si Trump gana en noviembre, ya no podrá optar a un tercer mandato. Su fuerza electoral se perderá y, con ella, gran parte de su influencia política. A partir de entonces, si da demasiados problemas, teniendo en cuenta sus antecedentes, seguro que no ha tanta oposición republicana a defenestrarlo vía impeachment.