Sanidad pública, territorio y preguntas necesarias

Se habla con frecuencia de sostenibilidad, de consumo de proximidad y de la necesidad de fortalecer el mundo rural. Se impulsan mercados locales, productos de kilómetro cero y modelos de vida vinculados al territorio. Sin embargo, cuando se trata de la salud pública, la realidad parece avanzar en dirección contraria.

En muchas zonas rurales de Navarra, cuidar la salud implica recorrer kilómetros. Consultorios que abren solo determinados días, agendas saturadas en atención primaria y especialistas concentrados en hospitales de referencia obligan a reorganizar la vida cotidiana en función de una cita médica. La cuestión no es si el sistema sanitario funciona, sino si funciona del mismo modo para todas las personas y en todos los territorios.

«En muchas zonas rurales de Navarra, cuidar la salud implica recorrer kilómetros»

La experiencia directa en centros como el Hospital García Orcoyen de Estella o el Hospital Universitario de Navarra permite constatar algo que conviene subrayar: el personal sanitario demuestra, en la mayoría de los casos, una profesionalidad ejemplar y una empatía imprescindible cuando se llega enfermo. La pregunta, por tanto, no se dirige a quienes sostienen el sistema desde su trabajo diario, sino a las condiciones estructurales que determinan cómo y dónde puede prestarse la atención.

En hospitales comarcales, las esperas en urgencias pueden ser más reducidas que en los grandes centros hospitalarios. Sin embargo, la menor disponibilidad de determinadas especialidades provoca derivaciones posteriores que obligan a desplazarse nuevamente para completar pruebas o diagnósticos. Esperar menos no siempre significa resolver antes. Y cuando la solución implica recorrer decenas de kilómetros, la proximidad deja de ser un principio real.

«Esperar menos no siempre significa resolver antes»

Surgen entonces preguntas que merecen respuestas responsables y sinceras. ¿Qué ocurre cuando una persona mayor, que vive sola en un pueblo sin transporte público, debe desplazarse hasta Pamplona o Tudela para realizar una prueba diagnóstica? ¿Se trata de una cuestión organizativa, económica o ética? ¿Resulta más eficiente derivar diariamente a pacientes a centros privados para reducir listas de espera o reforzar los recursos técnicos de los hospitales comarcales?

La contradicción también se percibe desde el punto de vista ambiental. En territorios donde se promueve la producción local y la reducción de emisiones, se normaliza que la atención sanitaria dependa del coche particular. El kilómetro cero parece terminar en la puerta del centro de salud.

«¿Qué ocurre cuando una persona mayor, que vive sola en un pueblo sin transporte público, debe desplazarse hasta Pamplona o Tudela para realizar una prueba diagnóstica?»

El derecho a la salud no es una formulación simbólica. Está reconocido en el artículo 25 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y en el artículo 43 de la Constitución Española, que obligan a los poderes públicos a garantizar el acceso real y efectivo a la asistencia sanitaria. No basta con la existencia de infraestructuras o profesionales: es necesario asegurar que cualquier persona pueda ser atendida sin que la distancia, la edad o la falta de medios se conviertan en barreras.

En ocasiones, el debate sanitario se desplaza hacia explicaciones simplificadas que atribuyen la presión sobre el sistema a la presencia de personas extranjeras o en situación administrativa irregular. Sin embargo, reducir un problema estructural de planificación, recursos y organización a la existencia de seres humanos que enferman no contribuye a comprender la realidad ni a mejorarla. La sanidad pública se fundamenta en principios de universalidad y dignidad, y cuestionarlos implica abrir un debate que trasciende la gestión sanitaria y se adentra en el modelo de convivencia que se desea.

«reducir un problema estructural de planificación, recursos y organización a la existencia de seres humanos que enferman no contribuye a comprender la realidad ni a mejorarla»

Navarra continúa siendo, en términos comparativos, un territorio con indicadores sanitarios favorables dentro del conjunto del Estado. Precisamente por ello, resulta necesario abordar estas cuestiones desde la responsabilidad y la anticipación. Este artículo no pretende analizar todos los ámbitos de la salud —como la atención a la salud mental, la pediatría o la atención ginecológica—, que merecerían reflexiones específicas, sino plantear un primer acercamiento a una realidad que afecta de manera especial al mundo rural.

Si la sanidad pública es uno de los pilares del Estado del bienestar, ¿qué sucede cuando ese pilar se vuelve más frágil precisamente en los lugares donde más se necesita? Puede que la salud no entienda de kilómetros, pero la política sí. Y mientras se buscan soluciones, hay quienes siguen recorriendo carreteras para ser atendidos.

«Tal vez la cuestión no sea cuánto cuesta acercar la atención sanitaria al territorio, sino cuánto costará no hacerlo»

Tal vez la cuestión no sea cuánto cuesta acercar la atención sanitaria al territorio, sino cuánto costará no hacerlo. Y quizá la pregunta más necesaria de todas deba dirigirse a quienes tienen la responsabilidad de gestionar el sistema: ¿no es mejor política la que reconoce los problemas, escucha a la ciudadanía y se abre a buscar soluciones compartidas que aquella que se limita a aplazarlos?