No sólo de Estados Unidos vive el contexto político internacional. La arrolladora victoria de Trump ha opacado la crisis de gobierno en Alemania, que previsiblemente desembocará en unas nuevas elecciones. ¿Lo peculiar del caso? La Ley Fundamental de Bonn (1949), vigente constitución alemana, no contempla un mecanismo ordinario de adelanto electoral. Esto obligará al canciller Scholz y al Bundestag a acudir por cuarta vez en la historia de la República Federal, a una especie de fraude constitucional.
Desde que echó a andar, la convivencia se reveló difícil en el tripartito de la coalición semáforo, bautizada así por los colores rojo de los socialistas, dorado de los liberales y verde de los ecologistas. El cese de los ministros liberales se atestigua como la crónica de una muerte anunciada que llegaba con retraso. Las perspectivas electorales de los tres partidos no hacían más empeorar así que, no es exagerada, la percepción de que se alegran de abreviar su agonía.
“La arrolladora victoria de Trump ha opacado la crisis de gobierno en Alemania”
Lo que ocurre es que a diferencia de la mayoría de regímenes parlamentarios, Alemania no concede a su jefe de gobierno un derecho de disolución anticipada del parlamento. Aquí en España, por ejemplo, una vez ha transcurrido un año de los últimos comicios, nuestra constitución (art. 115) permite al presidente llamar a elecciones, cuando le plazca.
Cuando leemos la Ley Fundamental de Bonn, se hace evidente que la Asamblea Constituyente quiso cerrar la puerta a los adelantos electorales. No era para menos. Las elecciones anticipadas que se sucedieron en 1928, 1930, julio de 1932 y noviembre de 1932, aceleraron el auge institucional de los nazis y, en última instancia, la llegada de Hitler al poder. Otros factores que alimentaron la inestabilidad institucional que enterró a la República de Weimar (1918-1933) fueron la debilidad del gobierno y la bicefalia ejecutiva entre Presidente y canciller.
“a diferencia de la mayoría de regímenes parlamentarios, Alemania no concede a su jefe de gobierno un derecho de disolución anticipada del parlamento”
Así pues, el retorno a una constitución democrática se cimentó sobre una presidencia simbólica, un canciller fuerte y un Bundestag prácticamente imposible de disolver, fuera de las convocatorias electorales ordinarias. Claro que, como toda regla general, esto admite sus excepciones.
El primer supuesto de elecciones anticipadas se contempla en el art. 63 de la Ley Fundamental, que inspiró, al menos, parcialmente el art. 99 de la constitución española. Hace referencia al escenario en que el Bundestag sea incapaz de investir un canciller, después de las elecciones, o bien, si quedase vacante la cancillería, por ejemplo, por dimisión, muerte o incapacidad del canciller. Transcurridos dos meses de la primera votación de investidura fallida, el Presidente alemán podrá optar entre nombrar un canciller en minoría a dedo, o convocar elecciones. Nunca en la historia de Alemania ha ocurrido esto.
“Cuando leemos la Ley Fundamental de Bonn, se hace evidente que la Asamblea Constituyente quiso cerrar la puerta a los adelantos electorales”
La otra posibilidad se encuentra en el art. 67 de la Ley Fundamental. Todo empezaría con el canciller perdiendo una cuestión de confianza. Mientras el Bundestag no escoja a un nuevo jefe de gobierno, el canciller derrotado podrá pedir al Presidente que convoque elecciones o que proclame el llamado estado legislativo de emergencia.
Nunca se ha activado el estado legislativo de emergencia. Se trata de una figura curiosa carente –hasta donde yo sé– de equivalente en otros países. Básicamente, durante el estado legislativo de emergencia, el gobierno podría aprobar leyes contando únicamente con el voto del Bundesrat o senado alemán, privando así temporalmente al Bundestag de su rol más importante: la tarea legislativa.
“El primer supuesto de elecciones anticipadas se contempla en el art. 63 de la Ley Fundamental, que inspiró, al menos, parcialmente el art. 99 de la constitución española”
Como vemos, ambos supuestos de adelanto electoral suponen uno de los pocos escenarios donde el Jefe de Estado alemán ejerce poder y toma sus propias decisiones. No obstante, su margen decisorio es menor de lo que parece.
En lo referente al art. 63, debe encontrar un candidato dispuesto a ejercer de canciller en minoría. Como en cualquier constitución parlamentarista, la mayoría en el Bundestag es imprescindible para tirar adelante una agenda política. Esto ya le resta atractivo a la posibilidad de verte nombrado canciller por el dedo presidencial, pero, además, los alemanes penalizan duramente a los gobiernos inoperantes –motivo por el que la actual coalición se estaba desgastando. En la práctica, el Presidente tendría problemas para dar con alguien dispuesto a ejercer una cancillería tan ingrata que probablemente destruiría a su propio partido. Ergo, sólo podría adelantar elecciones.
“La otra posibilidad […] empezaría con el canciller perdiendo una cuestión de confianza”
Respecto al art. 67, en gran medida la decisión presidencial queda condicionada por las cámaras y la voluntad del propio canciller. Para la aprobación del estado legislativo de emergencia, se necesita, además del canciller derrotado lo proponga, que el Bundesrat esté de acuerdo. Sin mencionar que, en el momento en que el Bundestag escoja un nuevo canciller, este queda desactivado.
El adelanto electoral tampoco está exento de limitaciones en este caso. El Presidente no puede activarlo solo. Primero debe proponerlo el canciller derrotado para que el Jefe de Estado decida si lo acepta o no. De nuevo, tan pronto como el Bundestag le encuentre a un sustituto, la posibilidad de llamar a elecciones se desecha. Hay que decidirse rápido.
“ambos supuestos de adelanto electoral suponen uno de los pocos escenarios donde el Jefe de Estado alemán ejerce poder y toma sus propias decisiones”
No olvidemos que el primer requisito del art. 67 es que el gobierno pierda una cuestión de confianza y proponerla es algo que sólo puede decidir el propio canciller. En teoría, uno canciller plantea una cuestión de confianza para ganarla. Se trata de una apuesta arriesgada para superar un momento en que la mayoría parlamentaria parece inestable. Algunos constitucionalistas la consideran una forma de anticiparse a la moción de censura. El problema, claro, es que, si la pierdes, quedas destituido como canciller. Así que uno debe tener muy claro que puede ganarla antes de dar el paso.
Aquí viene lo curioso, las tres veces que se han propuesto cuestiones de confianza en la historia de Alemania, el canciller ha buscado perder la votación. De hecho, le ha pedido a su propio partido que vote en su contra. Y eso es lo que Scholz le pedirá a los socialdemócratas, que voten «no» a su propio gobierno.
¿Qué sentido tiene este aparente disparate? Pues todo empezó en 1972. Sólo había tres partidos representados en el Bundestag: CDU, socialistas y liberales. Gobernaba Willy Brandt, primer canciller socialista desde la vuelta a la democracia con los liberales, pero con una mayoría cada vez más ajustada. El ala derechista del partido liberal estaba rompiendo la disciplina de partido, lo que dejó al gobierno al borde de perder varias votaciones clave.
“las tres veces que se han propuesto cuestiones de confianza en la historia de Alemania, el canciller ha buscado perder la votación”
Después de una moción de censura de infarto, que Brandt salvó por dos votos, los líderes de los tres partidos decidieron que aquel clima de tensión constante debía acabar. La mejor forma de lograrlo pasaba por ir a elecciones, pero ¿cómo hacerlo? Brandt propuso entonces sondear al Presidente, Heinemann, también socialdemócrata, acerca de si aceptaría disolver el Bundestag, en caso de que el gobierno perdiera una cuestión de confianza. A la vista del acuerdo entre los partidos, el Jefe del Estado se avino a ello.
Pero claro, Brandt no quería dar la imagen de una derrota parlamentaria justo antes de ir a elecciones. Había que dejar muy claro que la cuestión de confianza era un mero trámite, un requisito para disolver el parlamento. Por tanto, los tres partidos acordaron que no habría votos a favor del gobierno. No sería realmente una cuestión de confianza, sino una votación para adelantar elecciones.
“Había que dejar muy claro que la cuestión de confianza era un mero trámite, un requisito para disolver el parlamento”
Los alemanes asistieron entonces al insólito espectáculo de ver que la coalición gubernamental perdía una cuestión de confianza, con los votos de sus partidos y el beneplácito del canciller y sus ministros. Sin embargo, la opinión pública, deseosa de acabar con la inestabilidad parlamentaria, premió la audacia de Brandt, quien salió reforzado de los comicios.
Por supuesto, no faltó quienes denunciaron lo que a todas luces era un fraude de constitución. Presentar una cuestión de confianza para perderla pervierte el espíritu mismo de la figura. Pero al final, el Tribunal Constitucional aceptó la jugada. ¿A fin de cuentas qué podía hacer? ¿Declarar nulas unas lecciones ya votadas y restaurar por sentencia un parlamento disuelto?
“En 1983, fue el canciller Kohl quien repitió esta maniobra.”
En 1983, fue el canciller Kohl quien repitió esta maniobra. Había llegado al poder apenas unos meses antes, cuando derrotó al canciller Schmidt en una moción de censura, gracias a que los liberales abandonaron a los socialistas para bridar su apoyo a la CDU de Kohl. No obstante, la mayoría parlamentaria era exigua y Kohl temía que los liberales pudieran volver a cambiar idea en una contramoción de censura. También en esta ocasión Kohl salió reforzado.
Diferente suerte corrió el socialdemócrata, Schröder, cuando activó el adelanto electoral buscando, mejorar su mayoría parlamentaria aprovechando unas encuestas que creía favorables en 2005. Varios errores de campaña después, Merkel acabó formando una gran coalición con los socialistas, después de derrotar a Schröder en las urnas.
“A Scholz tampoco parece que le urnas le vayan a premiar mucho en esta ocasión”
A Scholz tampoco parece que le urnas le vayan a premiar mucho en esta ocasión, pero ya se verá. De momento, el Presidente Steinmeier, socialdemócrata, aprueba el adelanto electoral. Ahora sólo falta que los partidos acuerden la fecha de la cuestión de confianza. Scholz quiere hacera en enero, la CDU, en cambio, prefiere celebrarla cuanto antes mejor.










