Laura Grani

Sergio Cerdán Cervantes se impone en la duodécima edición del Concurso de Espetos Costa del Sol, celebrado en Torremolinos. Una jornada de brasas, sardinas y sabor malagueño que terminó, como debía, con una gran espetada popular frente al mar.

Un arte que parece sencillo, pero no lo es

Una caña, varias sardinas, leña ardiendo y el Mediterráneo de fondo. La receta del espeto parece fácil hasta que alguien intenta prepararlo. Porque ensartar el pescado correctamente, calcular la distancia respecto a las brasas y conseguir una cocción uniforme sin que la sardina se reseque exige técnica, experiencia y bastante intuición.

De todo ello sabe Sergio Cerdán Cervantes, representante de La Tómbola y del Grupo Bar América de Torremolinos, que se ha proclamado ganador del XII Concurso de Espetos Costa del Sol. El certamen se celebró en Playamar, en la zona de playa situada entre los chiringuitos Sal Marina y Casa Paco, con ese escenario que convierte cualquier comida en Málaga en un pequeño privilegio: arena, mar, humo y olor a pescado asado.

El jurado concedió a Cerdán el primer premio, dotado con 1.000 euros y trofeo. El segundo puesto fue para Miguel Ángel de los Ríos, del chiringuito Marina Playa de Rincón de la Victoria, que recibió 500 euros y trofeo. Miguel León Navarrete, de La Mar Bonita de Torremolinos, completó el podio con un tercer premio de 300 euros y trofeo.

Sardinas, cañas y brasas frente al mar

El concurso puso a prueba la destreza de los participantes con uno de los grandes emblemas culinarios de la provincia. No basta con colocar las sardinas sobre el fuego: el espetador debe atravesarlas con la caña sin romperlas, orientarlas de forma adecuada y dominar unas brasas cuyo comportamiento cambia con el viento y la cercanía del mar.

Ese conocimiento, transmitido durante generaciones en los chiringuitos malagueños, explica que el espeto sea algo más que una elaboración veraniega. Es una manera de cocinar ligada al paisaje y a la vida de la Costa del Sol, pero también un oficio con sus propios códigos. Aquí no funcionan los temporizadores ni las recetas cerradas. Mandan el ojo, la experiencia y ese momento exacto en el que la piel queda tostada, la carne jugosa y la sardina pide ser comida con las manos.

La competición incluyó espetos de sardinas y propuestas de libre elección, con pescados y mariscos enfrentándose al calor de las brasas. El experto y crítico gastronómico Nacho Sandoval fue el encargado de presentar y animar una jornada en la que tampoco faltaron los comentarios, las apuestas por los favoritos y, seguramente, algún secreto profesional cuidadosamente silenciado.

Una espetada para celebrarlo

Tras la competición llegó la parte en la que todos podían sentirse ganadores: una gran espetada popular en Playamar. El público pudo probar una de las recetas más reconocibles de Málaga recién salida del fuego y a pocos metros del agua, que es probablemente la mejor forma posible de entenderla.

El Ayuntamiento de Torremolinos y el Círculo de Empresarios de Torremolinos organizan este certamen, que alcanza ya su duodécima edición y reivindica el trabajo de quienes mantienen viva esta tradición. La cita cuenta además con el apoyo de la Diputación de Málaga, a través de Sabor a Málaga; la Junta de Andalucía; la Mancomunidad de Municipios de la Costa del Sol Occidental y varias empresas colaboradoras.

El concurso terminó con tres nombres en el podio, pero también con una certeza compartida: pocas cosas anuncian mejor el verano malagueño que una barca llena de brasas, unas sardinas dorándose al fuego y el inevitable deseo de pedir otra ración.

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