Admitámoslo: el verano está para cometer excesos. Exceso de sol, exceso de tinto de verano, exceso de helados y, por supuesto, exceso de postureo con la bolsa de tela de tu librería de confianza. Pero seamos sinceros, no hay nada más triste que arrastrar un tostón de quinientas páginas hasta la orilla de la playa solo para acabar usándolo de almohada porque te duermes a la tercera línea.
Este año déjate de clásicos infumables que solo compraste para impresionar a tus seguidores de Instagram. El verano es corto, el calor aprieta y tu cerebro se merece historias que enganchen más que el cotilleo del verano. Por eso, hemos preparado la selección definitiva: cinco novelas frescas, adictivas y con la dosis justa de drama para devorar entre chapuzón y chapuzón. Desde idílicas islas griegas hasta futuros distópicos, saca el protector solar y prepárate para vaciar tu cuenta corriente en la librería

Erietta, de Clara Pastor (Acantilado)

Las primeras novelas son como una cita a ciegas de Tinder: o son un timo absoluto o te devuelven la fe en la humanidad. Sorpresa: Erietta pertenece al segundo grupo. Olvídate de los dramas intensos; aquí viajamos a una isla griega en una trama que empieza como un viaje de postureo playero y termina obligándote a pensar en tus crisis existenciales. Clara Pastor escribe con una delicadeza tan brutal que te hará sentir culpable por leer rápido. Es el libro perfecto para fingir que tienes una vida relajada y profunda este verano.

La sed se va con el río, de Andrea Mejía (Alfaguara)

Hay libros que te cuentan un chisme y otros que te montan un parque de atracciones mental. La colombiana Andrea Mejía te arrastra a un pueblo montañoso donde los árboles probablemente tienen más personalidad que tus vecinos. Aquí la realidad y los delirios marianos se mezclan tanto que no sabrás si estás leyendo o sufriendo una insolación veraniega. Es una novela corta pero intensa, de las que te dejan más resaca emocional que física. Si te flipan Samanta Schweblin o Mariana Enriquez pero hoy no te apetece tener pesadillas nocturnas, La sed se va con el río es tu billete de avión literario.

Cada maldito segundo, de Alexandra Roma (Planeta)

Alexandra Roma vuelve a la carga para recordarnos que el amor no siempre tiene que ser un culebrón venezolano de sobremesa. Cada maldito segundo habla de trenes que pasan dos veces, de decisiones tontas que te cambian la vida y de ligues inesperados. Es, seamos sinceros, el placer culpable de esta lista. El libro ideal para devorar entre chapuzón y chapuzón mientras ignoras los gritos de los niños en la piscina. No va a ganar el Premio Nobel de Literatura, ni lo pretende, pero te mantendrá pegado a la toalla más tiempo del que admite tu dermatólogo.

Las flores del ayer, de Virginia Bonet (N de Novela)

¿Qué sería de la literatura española sin los traumas familiares y los secretos de posguerra? Virginia Bonet se apunta a la fiesta de los esqueletos en el armario con una trama que arranca por culpa de unas flores en una tumba. Prepárate para tres generaciones de drama, silencios incómodos y cotilleos históricos con Valencia como un personaje más sufriendo el calor. Una historia sobre heridas heredadas y supervivencia que demuestra que los secretos de tu abuela duran más que el protector solar resistente al agua. Las flores de ayer es ideal para leer mientras evitas las llamadas de tu propia familia.

Bajo el ojo del gran pájaro, de Hiromi Kawakami (Alfaguara)

Hiromi Kawakami se ha cansado de hablar de cafés, trenes y paseos melancólicos por Tokio y ha decidido mandarlo todo al espacio exterior. En este giro de guion absoluto, se pasa a la ciencia ficción literaria para preguntarnos qué demonios significa ser humano. Sí, es un libro raro. Sí, a veces te romperá la cabeza. Pero en un verano lleno de lecturas predecibles, un poco de locura futurista japonesa es justo lo que receta el médico. Olvídate del postureo comercial y dale una oportunidad a este viaje mental bajo el sol y atrévete este verano con Bajo el sol del gran pájaro.