Harry Houdini fue uno de los hombres más conocidos del siglo XX y ha pasado a la historia como uno de los iconos del ilusionismo. Ahora, Houdini, un musical mágico, que puede verse en el Teatro Calderón de Madrid, revela su mayor secreto: Houdini no fue uno, sino tres.
Con dirección y textos de Federico Bellone, música de Giovanni Maria Lori y coreografías de Gillian Bruce, la nueva producción de LETSGO Y BEON, ofrece mucho más que una representación teatral, ya que el recién reformado teatro cuenta con un recorrido de, aproximadamente, una hora de duración que permite adentrarse en el mundo de la magia a través de diversos trucos y sorpresas repartidas por los pasillos y escaleras del Nuevo Calderón e incluso en el propio escenario. Minutos antes de que empiece la función, todos aquellos que lo deseen pueden examinar un misterioso baúl que protagoniza el primer truco de la noche.
Como su nombre indica, Houdini está protagonizado por Harry Houdini (Pablo Puyol), pero lo que quizá mucha gente desconozca es que el apellido engloba y requiere de dos personas más: Bess Houdini (Julia Möller), la esposa de Harry, y Theo Houdini (Christian Escuredo), el hermano de este. La obra, que nos traslada a la última función del mago más famoso de los últimos siglos, nos permite descubrir a través de flashbacks la historia de este trio, evidenciando que, aunque la cara pública era la de Harry, sin su sistema de apoyo, nunca habría alcanzado su tan ansiada inmortalidad.

Este recurso narrativo, más propio del cine, supone una complicación añadida para los actores, pues como explica Möller “hay muchísimas escenas cortísimas que te obligan a entrar de golpe a la emoción, darlo todo y lograr transmitir la emoción en muy poco tiempo”. Así, el público asiste a la última función de Houdini, al mismo tiempo que se cuela entre bambalinas y entre los recuerdos más preciados de los personajes.
Pese a que podría parecer que las relaciones personales de Houdini, tanto con su hermano, eterno aprendiz y atado a su sombra, como con su mujer, que sacrifica su vida y sus sueños, aspirando siempre a un final feliz; dictaminaron su vida, es la que tiene con un tercer personaje la que protagoniza la historia del musical: la muerte (Juan Dos Santos), que hará las veces de narrador. Durante toda la función el público asiste a un duelo constante en el que Houdini siempre se acerca, incluso de más, a la muerte para, cuando la gente entra en pánico, escapar de ella como si nada, lo que genera una inevitable tensión entre ambos.

Sin embargo, la mayor complicación de esta propuesta es la magia que, a su vez, es la protagonista y el elemento diferenciador de este espectáculo con respecto a la cuajada cartelera de la que disfrutamos actualmente. “Lo que más me gusta es ver la cara de la gente cuando ven los trucos de magia” admite Möller y alaba el minucioso trabajo de Puyol: “tiene una canción en la que va haciendo trucos de magia uno detrás de otro”. No en vano, podemos ver a un impoluto Pablo Puyol sometido a algunos de los retos físicos más exigentes de su carrera, como es cantar bocabajo, colgado por los pies mientras se libera de una camisa de fuerza. “Después de esto cualquier cosa que haga va a ser menos”, reconoce Puyol. “Hay más de veinte trucos importantes durante la obra, gente colgada boca abajo, gente que vuela… Casi todos soy yo (risas). Cada dos minutos y poco hay un nuevo truco que el público está disfrutando mientras está haciendo una función, no se para, sino que forman parte de la propia historia”.
Inevitablemente, al estar expuestos a esta cantidad de números, llegará un punto en la función en el que el público empezará a buscar los hilos tras los trucos, la explicación racional y técnica a lo que están viendo sus ojos, pero todo esfuerzo será en vano, pues la dedicación y el minucioso trabajo de todo el equipo técnico y artístico se traducen en una exquisita e inexplicable noche de magia.










