Este país está crónicamente enfermo de política. La politización de la sociedad es una pandemia lenta, que te va carcomiendo poco a poco, uno de esos males que no se notan a simple vista. Los primeros años, apenas tiene efectos en la vida cotidiana. La gente sigue sabiendo la diferencia entre el juego político y la realidad, y continúa confiando más en sus seres queridos y, en general, en la sociedad civil que en el salvapatrias de turno. Pero llega un día, que ya nos pilla lejos, en el que eso se acaba. De repente, el ciudadano es “del PP” o “del PSOE” (o del partido que queráis, me da igual) y ese “de” es literal. Es propiedad del partido. Sus siglas lo han carcomido, lo han sumido en un pozo sin fondo de bilis. Y de ahí es extraordinariamente difícil salir.

Como valenciano, me cuesta no enfadarme con mis compatriotas. Sé que estamos envenenados de fanatismo pero, aún así, me tengo que esforzar para no irritarme. Me cuesta respetar a quienes quieren defender a un partido político u otro en una situación como ésta, me saca de quicio que se aleguen motivos para justificar, en la práctica, que se abandone a los afectados. Porque eso es lo que se está haciendo. Por una parte y por la otra. Y cualquier persona medianamente normal lo sabe.

“La politización de la sociedad es una pandemia lenta, que te va carcomiendo poco a poco”

Todos sabemos que el gobierno de la Generalitat Valenciana podría haber pedido más ayuda (y antes), que podría haber solicitado que se declarase el estado de alarma, que podría haber avisado cuando tocaba y que aún hoy sigue siendo absurdamente insuficiente lo que están haciendo. Pero también somos todos conscientes de que el gobierno nacional podía tomar el control, porque el estado de alarma siempre está a su disposición y las consecuencias legales ya sabemos que son nulas se declare en el Constitucional luego lo que se declare (ni que decir de las políticas). Sabemos que podrían haber mandado efectos motu proprio, somos conscientes de que esas “graves deficiencias” de las que habló el Presidente del Gobierno en rueda de prensa hacen injustificable que remate su comparecencia con un “si necesitan más ayuda, que la pidan”. No puedes decir que se están haciendo las cosas mal y luego lavarte las manos, creando un relato según el cual confías en la Generalitat mientras la apuñalas. Que no es una negociación sobre el IVA de la sacarina, que son personas ahogadas y abandonadas a su suerte.

Aún así, el “PSOE, PP, la misma mierda es” ya no le nace al español medio. La gente ha elegido a “su” partido y ya no hay manera. Si criticas a unos, te salta alguien preguntándote por qué no comentas que los otros tienen más culpa, y viceversa. Como si a mí me importase quién tiene “más” culpa, como si eso significase algo. Convertimos una tragedia en una competición. E intento tener paciencia, pero me agoto. Me agoto porque, encima, las redes sociales promueven este tipo de enfrentamientos, con unas políticas de crispación y de captación del público completamente demenciales.

“Si criticas a unos, te salta alguien preguntándote por qué no comentas que los otros tienen más culpa, y viceversa”

Las redes sociales promueven que uno suba una foto de “Pedro Sánchez, dimisión” y se llene de comentarios defendiendo al presidente y culpando a Mazón. Y viceversa. Solo quieren interacción. Y así se politiza todo, porque a la gente lo que le llega es que hay una “guerra del relato” que hay que ganar. Y hay personas que de verdad ven necesario que libremos una batalla sobre qué político se debe salvar de la hoguera (metafórica, por supuesto). Esfuerzos que podrían servir para unirnos, ímpetu que haría falta y que se transforma en absoluta inacción. De forma pasiva o activa, todos reaccionamos replegándonos en nuestra madriguera, con “los nuestros”.

Yo me he cansado ya de aguantar los comentarios pusilánimes de quienes quieren disculpar a unos o a otros, y creo que a muchos nos pasa lo mismo. “Sí, estoy de acuerdo contigo, pero pienso que el Gobierno de España tiene más culpa porque tiene más medios”. Ya basta. Los de las publicaciones en X defendiendo que Pedro Sánchez no tiene culpa y que “vaya ignorancia” de los que reiteramos que tiene unas competencias que tiene y que no está usando (competencias que parece que esta gente desconoce, porque informarte no es leer “El Socialista”), lo mismo. Sois un lastre. Acudiréis la próxima vez a las urnas convencidos de que los que dejaron a la gente varios días sin ayuda están preocupadísimos por los ciudadanos. Porque tenéis el cerebro carcomido. Porque os han enseñado a odiar a otros españoles y se os ha olvidado odiar a quienes os están jodiendo la vida y, encima, se ríen en vuestra cara.

“os han enseñado a odiar a otros españoles y se os ha olvidado odiar a quienes os están jodiendo la vida y, encima, se ríen en vuestra cara”

Para quienes estéis sufriendo no solamente la riada y sus consecuencias sino, también, la epidemia de lacayos palmeros de los políticos, solo puedo deciros que lo siento mucho. Siento que haya gente disculpando a quien no ha mandado a los efectivos de emergencias a limpiar tu casa. Lamento que hayas estado aislado por una montaña de coches que no se han quitado porque los medios que se deberían haber mandado inmediatamente estaban esperando a una orden que no se sabía quién debía darla. Y lo que más pena me da es que, dentro de tres años, van a ir políticos de ambos partidos a dar mítines e intentar convencerte de que hicieron lo que no hicieron, de que ayudaron a quienes abandonaron.

Tendrás que ver, desde la ventana de tu hogar (con suerte, porque igual estás aún en un barracón) cómo miles de personas vitorean a quienes te dejaron tirado, y reparten folletos en tu barrio para convencerte de que te salvaron la vida. Y no los repartirá tu vecino, el que fue a tu casa a quitar el lodo y te sacó en volandas. Los repartirá un tipo al que no conoces de nada, que es el candidato de tu pueblo porque no había nadie más que quisiera presentarse allí. Y pensarás “pobre diablo”, porque eso es lo que es. Un pobre diablo al que le ha tocado el papelón de encabezar una lista en la que nadie quería meterse. Te va a tocar tener paciencia, una vez más, mirar hacia otro lado y ver a cientos de miles de imbéciles tirarse por un precipicio una vez más. Porque eso es España, por desgracia. En nuestra mano está cambiarlo, pero qué difícil tarea va a ser.