El pasado 20 de noviembre, se cumplieron 45 años de la toma de la Gran Mezquita o incidente de la Gran Mezquita. Durante 14 días, medio millar de militantes del grupo salafista Ikhawan (o Ijwán), se adueñaron por la fuerza del lugar más sagrado del islam, reteniendo a cerca de 50.000 feligreses. ¿Su propósito? Derrocar a la Casa de Saud, a quienes consideraban heréticos y occidentalizados. Pese a su escaso conocimiento en occidente, este evento marcó en muchos sentidos, no sólo la evolución de Arabia Saudí, sino de gran parte del mundo musulmán.
Ni siempre nadó en la abundancia petrolífera, ni siempre mostró su actual celo en la aplicación de una visión ultraortodoxa del islam. Como muchos países árabes, la historia de Arabia Saudí no se comprende sin las rivalidades entre clanes o grandes familias.
“El pasado 20 de noviembre, se cumplieron 45 años de la toma de la Gran Mezquita”
Tras el desmantelamiento del Imperio Otomano (1919), la península Arábiga quedó dividida entre diversos territorios, muchos de ellos oficialmente independientes, pero todos bajo la influencia inglesa. Qatar, Kuwait, Bahréin, los Actuales Emiratos Árabes Unidos, Omán y parte del actual Yemen, de hecho, llevaban décadas como protectorados británicos.
El Reino de Yemen o Yemen del Norte pasó a disfrutar de una precaria independencia en la órbita de Londres. Más o menos lo mismo puede decirse del Emirato de Hejaz, que ocupaba la actual costa occidental de Arabia. Este reino se entregó a la dinastía Hachemita, junto con Siria, Irak y Jordania, donde todavía reinan.
“Tras el desmantelamiento del Imperio Otomano (1919), la península Arábiga quedó dividida entre diversos territorios bajo la influencia inglesa”
Los Hachemitas fueron los principales aliados árabes de Francia e Inglaterra contra los turcos. Se les había prometido la creación de un gran Reino Panárabe, sobre parte de Arabia y los dominios otomanos de población árabe. Para su desgracia, ambos imperios tenían otros planes, firmando a sus espaldas el acuerdo Sykes-Picot (1916) que partiría la región, convirtiendo Líbano, Jordania y Siria en futuros protectorados franceses, mientras Irak, Palestina y Arabia pasaban a manos inglesas.
En el centro de Arabia existían dos Estados, ambos independientes desde antes de la derrota otomana. El Emirato de Jabal Shammar, al norte, regido por la casa de Rashid y en el centro-sur el Emirato de Nejd, reino de la familia o clan Saud.
«El Emirato de Jabal Shammar, al norte, regido por la casa de Rashid y en el centro-sur el Emirato de Nejd, reino de la familia o clan Saud.»
En 1921, Nejd consigue ocupar la mayor parte de Jabal Shammar, siendo el resto anexionado por Hejaz. La enemistad entre los clanes Rashid y Saud se remontaba muy lejos en la historia. Poco antes de la Primera Guerra Mundial, los Rashid habían forzado a la familia Saud a un breve exilio en Kuwait, donde por cierto nacieron varios de los futuros reyes saudíes.
Poco después, los Saud volvieron sus ojos hacia Hejaz. En 1924 expulsaron a los Hachemitas de La Meca y apenas un año más tarde se anexionaron todo el país, ante la indiferencia inglesa. Pese a su condición de teórico garante de la independencia de Hejaz, a Londres le inquietaba el nacionalismo árabe de los Hachemitas, en el que veían un potencial peligro, capaz de desembocar en una rebelión panarabista en cualquier momento.
“a Londres le inquietaba el nacionalismo árabe de los Hachemitas”
Los ingleses, en cambio, sí protegieron a su más dócil aliado, el Reino de Yemen de sucesivos intentos de invasión saudíes entre 1927 y 1934. La firmeza de la posición británica bastó para que desescalar todas las intentonas bélicas de Riad.
Hasta 1932, Abdulaziz ejerció una soberanía dual. A la vez era emir de Nejd y Hejaz. Ese año, unificó oficialmente ambos emiratos en el actual Reino de Arabia Saudita.
Además de fundador del país, Abdulaziz Saud es el padre de los seis monarcas que le han seguido hasta fecha en el trono de Riad. Esto se debe a que el sistema sucesorio allí da preferencia en el acceso al trono a los distintos hermanos de un rey, a su vez hijos de rey, respecto a los vástagos del propio monarca. Cuando el actual monarca, el casi nonagenario rey Salman, fallezca, por primera vez, le sucederá como príncipe heredero su propio hijo, al no quedar ya hijos de Abdulaziz.
«Abdulaziz Saud es el padre de los seis monarcas que le han seguido hasta fecha en el trono de Riad»
A la muerte de Abdulaziz, en 1953, le sucedió su hijo Saúd, quien enseguida empezó a tener conflictos con su hermano Faisal. No es fácil hacer una valoración objetiva del rey Saúd. Su memoria casi se ha borrado de la historia nacional y apenas se le cita en los libros de texto. Desde luego, era partidario de unas políticas rígidamente conservadoras, además de un pésimo gestor económico. Durante su reinado, pese a la abundancia petrolífera, la moneda perdió la mitad de su valor y el país quedó atascado en la pobreza, mientras el rey disfrutaba de una vida fastuosa y dilapidaba fortunas en palacios y fiestas.
Si bien es un hecho que Saúd no disfrutaba de las mejores dotes de gobierno, en especial en materia económica, no sabemos hasta qué punto las acusaciones por su estilo de vida hedonista incurren en exageraciones. Del mismo modo, el retrato virtuoso de su hermano Faisal, sin carecer de una base auténtica, incurre quizás en la idealización hagiográfica.
“A la muerte de Abdulaziz, en 1953, le sucedió su hijo Saúd, quien enseguida empezó a tener conflictos con su hermano Faisal.”
Fuera como fuese, en 1964, aprovechando un viaje del rey al extranjero para recibir tratamiento médico, sus hermanos con Faisal a la cabeza dieron un golpe palaciego. De resultadas, Saúd quedó atrapado en el extranjero. Moriría en Grecia, años más tarde. A cambio de una generosa pensión, reconoció primero a Faisal como su regente, abdicando en su favor semanas más tardes.
Los casi once años de reinado de Faisal marcan el auge de Arabia Saudita. En esta década el país abandona la pobreza. La sobreabundancia que caracteriza hoy a su sociedad aún se tardaría unas décadas en llegar, pero en pocos años, todos los habitantes del reino pasaron a disfrutar de agua corriente, acceso a la sanidad, infraestructuras modernas o educación avanzada.
«Los casi once años de reinado de Faisal marcan el auge de Arabia Saudita»
Apoyado por una serie de clérigos o ulemas progresistas, Faisal, sin renunciar a su condición de monarca absoluto, relajó la ortodoxia de las costumbres. Bajo su reinado, las mujeres ganaron autonomía, pudiendo abrir negocios o aceptar trabajos sin el consentimiento expreso de un tutor varón. En el mismo sentido proliferaron tímidos espacios mixtos como cines o estadios deportivos. También se iniciaron las primeras emisiones de televisión.
Por supuesto estas reformas causaron un hondo malestar en los sectores más reaccionarios de la sociedad. El propio rey Faisal se convertiría en la víctima de los ultraconservadores. El 25 de marzo de 1975, durante una audiencia a su sobrino, Faisal bin Musaid, hijo de un medio hermano del rey famoso por oponerse a la televisión, el príncipe le disparó dos veces en la cabeza. La versión oficial declaró loco a bin Musaid, lo que no le libró de ser decapitado en la plaza pública de Riad.
“El propio rey Faisal se convertiría en la víctima de los ultraconservadores.”
En este contexto aparece Juhayman al-Otaybi, cuyo clan familiar, los Otaybi, había padecido cuando los Saud se adueñaron de los territorios de los Rashid y del antiguo Reino de Hejaz. La propia denominación del grupo Ikhawan, si bien admite varias traducciones, remite a una antigua milicia de caballería que, a principios de siglo, había luchado junto a los Saud, para luego rebelarse contra ellos y huir a Hejaz y a Transjordania –las actuales Jordania y Palestina.
Al Otaybi organizó con notable rapidez este grupo paramilitar. La elección de 1979 como año para la acción no es casual. A principios de ese año, la revolución islámica de Jomeini había derrocado el occidentalizado régimen del Sha en Irán. Pese a su profunda animadversión los chiíes, al Otaybi, como muchos musulmanes ultraconservadores, se sintió animado por el éxito de los ayatolás.
“La propia denominación del grupo, Ikhawan, remite a una antigua milicia de caballería que, había luchado junto a los Saud, para luego rebelarse contra ellos”
¿Qué quería realmente al Otaybi? Después de la toma de la Gran Mezquita, retransmitió numerosos mensajes radiofónicos. En su mayoría se trataba de extensísimos discursos, donde sus ideas se agolpaban unas con otras, pero algunos puntos están claros: derrocar a los Saud, pasar de la monarquía hereditaria a una electiva, como los antiguos califas, poner fin a cualquier occidentalización, reafirmar la ortodoxia suní e impedir el acceso a las ciudades santas de Medina y La Meca a los musulmanes no suníes, como los chiíes.
La toma de La Meca por Al Otaybi y sus beduinos Ikhawan quizás sea el mayor fracaso de inteligencia y seguridad interna, en la historia del Reino Saud. Superado por los acontecimientos, el gobierno saudí tardó más veinticuatro horas en empezar a reaccionar.
“La toma de La Meca por Al Otaybi y sus beduinos Ikhawan quizás sea el mayor fracaso de inteligencia y seguridad interna, en la historia del Reino Saud.”
Debilitado por su mala salud cardíaca, el rey Jálid, sucesor de Faisal, delegaba gran parte de las tareas de gobierno en su hermano y sucesor, el Príncipe Heredero Fahd, quien se encontraba en Túnez, asistiendo a una cumbre de la Liga Árabe. También estaba de viaje oficial, en este caso en Marruecos, el otro hombre fuerte del gobierno, el Príncipe Abdullah, hermano de Jálid y Fahd, entonces comandante de la Guardia Nacional y futuro rey del país después de Fahd.
Después de varias consultas, Jálid decidió que, si hacía volver a toda prisa a Fahd y a Abdullah, se agravaría su imagen de debilidad ante la comunidad internacional, ya bastante desgastada, sobre todo entre los musulmanes. ¿Cómo el rey que se hacía llamar Guardián de los Santos Lugares había permitido que ocurriera algo así en La Meca?
“¿Cómo el rey que se hacía llamar Guardián de los Santos Lugares había permitido que ocurriera algo así en La Meca?”
Siguiendo una política de minimizar la importancia de lo que a todas luces era una catástrofe, Jálid mantuvo a Fahd en Túnez y a Abdullah en Marruecos. En su lugar, encomendó la resolución del incidente a los Príncipes Sultan y Nayef, respectivamente ministros de Defensa e Interior. Ambos pertenecían, además, a los Sudaríes o Consejo de los Siete Príncipes, máximo sínodo de los muchos que se organiza la extensísima Familia Real Saud.
Sin embargo, la crisis se enquistó. Para empezar, no estaba permitido usar armas en la Ciudad Santa. De modo que los ulemas del régimen saudí tuvieron que aprobar de urgencia varias fatwas –declaraciones teológicos-jurídicas– para autorizar la acción militar. Más problemática fue la asistencia de varios oficiales franceses, que prestaron asesoramiento estratégico y de inteligencia contraterrorista. Los infieles no podemos entrar en La Meca, así que se hizo creer a los saudíes que estos franceses se habían convertido antes de acceder a la sagrada villa. En realidad, no lo hicieron.
“El 4 de diciembre, la Guardia Nacional y las fuerzas de seguridad saudíes retomaron La Gran Mezquita”
El 4 de diciembre, la Guardia Nacional y las fuerzas de seguridad saudíes retomaron La Gran Mezquita, con un número relativamente bajo de muertos y heridos. Los supervivientes Ikhawan, entre ellos su líder, fueron juzgados y ejecutados. En los juicios se comprobó que el grupo no sólo lo integraban saudíes, sino egipcios, yemeníes y kuwaitíes, entre otros. Esto puso en alerta a todas las autoridades de países musulmanes, advirtiendo el riesgo que suponía para sus propios gobiernos el salafismo violento.
No obstante, el incidente de La Gran Mezquita no resultó un completo fracaso, si atendemos a las intenciones de sus autores. A fin de aplacar nuevos alzamientos fundamentalistas, el régimen de los Saud se alineó preventivamente con las líneas más ortodoxas del islam.
“el incidente de La Gran Mezquita no resultó un completo fracaso, si atendemos a las intenciones de sus autores”
De resultas, se cerraron los cines y espacios mixtos. La poca autonomía que las mujeres habían adquirido se anuló devolviéndolas al estatus de eterna menor de edad, que, con muy pocas variaciones, ha llegado a nuestros días. Negocios como peluquerías y salones de belleza quedaron clausurados y se vetó la presencia de mujeres en la televisión. Asimismo, se acogió a una nueva línea de clérigos ultraconservadores entre los ulemas oficiales del Reino.










