Desde el regreso de Trump a la Casa Blanca, crece sin parar la polémica que rodea a su policía de extranjería, ICE, y, en general, a su política migratoria. El uso de niños como cebo contra sus padres, disparos injustificados a civiles, malos tratos, cárceles con foso de caimanes o deportaciones a El Salvador o Esuatini (Suazilandia) de personas ajenas a tales países son sólo algunas de las atrocidades. Sin embargo, hoy me gustaría abordar un aspecto especialmente controvertido: la supuesta eficacia de este espectáculo macabro. Muchos justifican la crueldad porque es útil. Pero ¿realmente Trump está combatiendo la migración ilegal mejor que sus predecesores por infringir los derechos y garantías de los extranjeros?
Siempre digo que los Derechos Humanos se ven amenazados en nuestra sociedad por dos discursos políticos: el utópico y el supuestamente pragmático. Los primeros pretenden imponer una visión tan sumamente idealizada de los DDHH que, en la práctica, impide su puesta en acción, hasta que la tierra esté habitada por ángeles.
«Desde el regreso de Trump a la Casa Blanca, crece sin parar la polémica que rodea a su policía de extranjería, ICE»
Tales teorizaciones, bien acogidas entre el socialismo de salón o izquierda caviar, supuestamente ponen en valor los DDHH, pero se están convirtiendo en sus mejores enterradores. Cargan de munición a sus antagonistas, presentando los DDHH, ante la sociedad, como un instrumento inaplicable, incluso problemático para afrontar problemas de seguridad.
Precisamente, ese es el planteamiento del discurso pragmático. Característico de la alt right o nueva derecha alternativa, encabezada internacionalmente por Trump, desdibuja los DDHH como un impedimento para que el Estado actúe con eficacia. ¿Pero esto es verdad? Más importante aún ¿este pretendido pragmatismo lo es realmente? ¿Su apuesta de admitir ciertas prácticas brutales e ignorar ciertas garantías legales se traduce de veras en una mayor eficacia?
«los Derechos Humanos se ven amenazados en nuestra sociedad por dos discursos políticos: el utópico y el supuestamente pragmático»
Un rasgo especialmente deprimente de nuestra época es la política del espectáculo y del selfie. Proliferan las leyes y medidas de escaso impacto social, pero muy útiles para lograr una percepción de que algo estamos haciendo y, sobre todo, de que hacemos más que el otro. En realidad, no se hace nada o no mucho más que el otro…
Ni la izquierda ni la derecha escapan a este fenómeno. Por supuesto cada cual tiene sus temas de preferencia: políticas identitarias o política migratoria; derechos reproductivos o derechos del no nacido; laicismo o tradición…Matizo que no digo que no existan controversias reales en torno a estos temas y, menos aún, que no haya medidas que adoptar. Ahora, de un tiempo a esta parte, me parece incontrovertible que la eficacia de las decisiones políticas se relega detrás de la percepción de la eficacia.
«Un rasgo especialmente deprimente de nuestra época es la política del espectáculo y del selfie. Proliferan las leyes y medidas de escaso impacto social»
La política migratoria de Trump es una buena muestra. Más allá la brutalidad y la espectacularidad, las cifras hablan por sí solas.
Los datos oficiales de la Administración Trump afirman que han expulsado a 2.505.000 migrantes en 2025. Si lo comparamos con las cifras de 2021, primer año de Biden, con 1.130.000 deportaciones, vemos casi un millón de diferencia. El problema es que las dos administraciones calculan los datos de un modo un pelín diferente…
La cifra de Biden, únicamente, incorpora personas deportadas por el ICE, 59.011, –cifra inusualmente baja en 2021, pero tengamos en cuenta el contexto pandémico del COVID-19– y los rechazos en frontera o aduana 1.071.074. Ergo, sólo cuentan las expulsiones de migrantes donde han intervenido la policía y el aparato judicial estadounidense.
«la Administración Trump afirman que han expulsado a 2.505.000 migrantes en 2025»
La cifra dada por el equipo de Trump incluye, aproximadamente, un 1.900.000 de auto salidas, es decir, gente que se ha acogido a incentivos para abandonar el país o que ya tenía previsto marcharse y ha cogido las de Villadiego. Por supuesto, entre los extranjeros que se han marchado hay no pocas personas temerosas de aquello en lo que se ha convertido el Departamento de Extranjería de Estados Unidos, pero no ha sido expulsada vía intervención policial o judicial. Por cierto, buena parte de estos casi dos millones, eran migración cualificada…
Sin las auto salidas, el recuento queda en que Biden expulsó o impidió la entrada de 1.130.085 personas en su primer año de mandato. Las cifras de Trump, en contraste, se reducen a 605.000 deportados.
«La cifra dada por el equipo de Trump incluye, aproximadamente, un 1.900.000 de auto salidas»
Antes que Biden, Obama ya batió récords de deportaciones. Por supuesto, no lo airearon demasiado, porque a una parte de su electorado no les entusiasma la idea –volvemos a la percepción. Más allá de la hipocresía de esta forma de conducirse, hay que reconocerse ambos mandatarios el mérito de haber llevado sus deportaciones sin vulnerar la ley.
Trump ha multiplicado el presupuesto de ICE hasta extremos elefantiásicos. De 9’9 mil millones directos y 10.000 millones de partidas presupuestarias adicionales de 2024, su presupuesto ha pasado a casi 30.000 millones de dólares en 2025, aumentando casi un 200%. A esto hemos de añadir que las partidas presupuestarias adicionales susceptibles de usarse por la policía migratoria que han alcanzado los 75.000 millones, un aumento del 650%.
«Sin las auto salidas, Biden expulsó o impidió la entrada de 1.130.085 personas en su primer año de mandato […] Trump a 605.000»
¿Semejante despilfarro para qué? ¿Para pagar a 12.000 nuevos reclutas, aumentando un 120% el número de agentes en apenas semanas a principios del año pasado? Por cierto, muchos de los 10.000 agentes veteranos de ICE denuncian que los novatos contratados masivamente por Trump carecen de requisitos formativos, de experiencia y hasta de forma física. A la vista de algunas actuaciones poco se puede dudar…
Por dar un dato, en 2025 han muerto 32 personas bajo custodia de ICE o a manos de sus agentes. En todo el mandato de Biden las muertes fueron 26 y la vasta mayoría por negligencias médicas o suicidios en la custodia. No he podido contrastarlo, pero sólo una muerte se produjo a disparos, según parece.
«Trump ha multiplicado el presupuesto de ICE hasta extremos elefantiásicos.»
Pero es que miremos de nuevo la cifra de deportados. Después de multiplicar el presupuesto y duplicar el número de agentes, ICE ha deportado a poco más de la mitad de los extranjeros que Biden expulsó en su primer año. Si las cuestiones humanitarias no bastan para conmover a algunos, espero que, al menos, les escame la absoluta falta de racionalidad presupuestaria.
Nunca negaré la complejidad y problemáticas que rodean al fenómeno migratorio y la necesidad de su regulación adecuada. Lo que ocurre es que el control real de la migración rehúye la espectacularidad en favor de acuerdos con países de origen o políticas de desarrollo. Políticas menos efectistas, pero mucho más eficaces, al final del día.
«Las llamadas al pragmatismo radical siempre convergen en lo mismo: una crítica más o menos evidente hacia la democrática, las garantías judiciales y el despropósito de los DDHH»
Las llamadas al pragmatismo radical siempre convergen en lo mismo: una crítica más o menos evidente hacia la democrática, las garantías judiciales y el despropósito de los DDHH. Pero sus promesas de éxito siempre terminan en la pura apariencia, en una simulación de hiperactividad, desbordada por una realidad compleja, donde la paciencia, la reflexión y el consenso, no sólo no impiden alcanzar objetivos. Son la única vía verosímil para lograrlos.










