Poco deben de preocuparle a Trump los desafíos que le esperan en su segundo mandato si se abre nuevos frentes con tanta gratuidad. En las últimas semanas ha resucitado una polémica de su primer mandato: comprar Groenlandia. Además, ha planteado la posibilidad de recuperar el Canal de Panamá. Menos serias son sus bromas sobre que Canadá devenga el Estado 51º de EE.UU., pero vaya a este ritmo, de aquí a su toma de posesión, nadie puede asegurar que a Washington le queden aliados.
Los intereses estratégicos respecto al Canal de Panamá son evidentes. A principios del S XX, Estados Unidos apoyó a los panameños en su rebelión contra Colombia que culminaría en 1903 con la independencia del pequeño país. Tengamos en cuenta, que después de derrotar a España en 1898, Estados Unidos había adquirido dominio sobre Cuba, Puerto Rico, Filipinas y otras islas pacíficas, como Guam.
“Trump ha resucitado una polémica de su primer mandato: comprar Groenlandia”
Bajo la presidencia de Theodore Roosevelt (1901-1909) se impulsó la llamada política del big stick –traducido como el “gran” o el “buen bastón”. Esta doctrina sostenía que EE.UU. se encontraba predestinado a liderar América, lo que le concedía el deber y el derecho a purgarla de influencias extracontinentales. En la praxis, el big stick se concretó en numerosas intervenciones militares, en Haití, Rep. Dominicana, Nicaragua y, por supuesto, Panamá.
De facto, Panamá se convirtió en un protectorado estadounidense. La gran potencia aprovechó la dependencia del pequeño y joven país para obligarle a firmar el Tratado de Hay-Bunau Varilla (1903), en virtud del cual le cedía a perpetuidad los derechos sobre la zona del canal, a cambio de diez millones de dólares y una renta anual de 250.000 dólares. Una miseria, incluso para los estándares de entonces.
“Además, ha planteado la posibilidad de recuperar el Canal de Panamá.”
En 1914 se inauguró el Canal de Panamá, cuya administración permaneció en manos estadounidenses hasta 1999. Ese año entró en vigor el tratado que firmaron los Presidentes, Carter y Torrijos, en 1977. Según sus términos, Washington reconocía el abuso colonialista mediante el que obtuvo sus derechos a perpetuidad y renunciaba a ellos, devolviendo así a los panameños la integridad de su país.
Aunque hoy el canal es parte de Panamá, lo cierto es que el propio acuerdo Carter-Torrijos aseguró las medidas de internacionalización que EE.UU. ya aplicaba antes de su devolución. Estas derivan de convenios internacionales como el GATT (siglas inglesas de Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comerciales) de 1947, antecesor del vigente Tratado de la Organización Mundial de Comercio (1995). Entre otras cosas, tan importante vía marítima no puede vedarse a nadie sin una justa causa. El cobro de tasas o cualquier derecho de aduana ha de guardar una estricta proporcionalidad con las necesidades de conservación de la infraestructura.
“el Tratado de Hay-Bunau Varilla (1903), en virtud del cual [Panamá] le cedía a perpetuidad los derechos sobre la zona del canal [a EE.UU.]”
Ergo, nada justifica la afirmación de Trump de que Panamá está maltratando a las embarcaciones estadounidenses. Más bien parece que sus intenciones pasan por recuperar el paso estratégico a fin de monetizarlo. La paradoja es que una amenaza de vulnerar la soberanía panameña, sí daría justa causa al país para sancionar a barcos con bandera estadounidense o incluso cerrarles el pasillo interoceánico.
En cuanto a Groenlandia, ya en 2019 Trump manifestó su intención de comprar la isla ártica. La rotunda e inmediata negativa danesa le llevó a cancelar una visita oficial al país. Ahora vuelve a las andadas, sin que nada le augure mejor éxito. La opinión pública danesa y groenlandesa está radicalmente en contra de entregar la isla a Washington. En Copenhague sigue en el cargo la primera ministra Mette Frederisksen y en Nuuk, desde 2021, gobierna Múte Bourup Egede, quien, a diferencia de su predecesor es abiertamente independentista y, en definitiva, un convencido de la soberanía groenlandesa.
“nada justifica la afirmación de Trump de que Panamá está maltratando a las embarcaciones estadounidenses”
En su reclamación sobre Groenlandia, Trump aduce necesidades de seguridad nacional. Cosa poco creíble. Estados Unidos ya dispone de dos bases militares en esa isla que, de hecho, jugaron un rol activo durante la Guerra Fría (1947-1989). Como ocurre con Panamá, las pretensiones imperialistas de Presidente electo son la principal amenaza para la defensa geoestratégica de su país, ya que Groenlandia y Dinamarca han puesto encima de la mesa la posibilidad de forzar el cierre de ambas bases.
El desastre para la defensa estadounidense podría incluso agravarse. Leal a su antigua metrópolis y a sus vecinos árticos, Islandia también consideraría clausurar la instalación militar que EE.UU. mantiene en su territorio, si Washington no es capaz de enfriar la crisis groenlandesa cuando Trump jure el cargo.
“Trump aduce necesidades de seguridad nacional. Cosa poco creíble. Estados Unidos ya dispone de dos bases militares en esa isla”
¿Qué tiene Groenlandia? La isla es rica en recursos mineros, en especial, las llamadas tierras raras, 17 elementos químicos (escandio, itrio y 15 variedades de lantánidos), de gran valor para la industria tecnológica. Mucho se especula acerca de posibles reservas de gas y petróleo, sin mencionar sus bancos de pesca. Además, el inminente deshielo del Ártico augura una nueva ruta comercial naval de gran interés y rentabilidad, ya que, como el globo terráqueo se estrecha por sus extremos, la navegación por allí implicará un menor gasto de combustible.
EE.UU. ya dispone de Alaska, lo que le da un territorio en el Ártico y esa futura ruta comercial, pero claramente Trump parece querer ampliarlo.
“Qué tiene Groenlandia? La isla es rica en recursos mineros, en especial, las llamadas tierras raras”
¿Hay alguna justificación histórica para esta reivindicación? Llama la atención de que en algún discurso Trump ha hablado de “recuperar” el Canal de Panamá y Groenlandia. Probablemente, se trate de un mero lapsus, pero ha desatado algunas especulaciones, acerca de sus creencias o conocimientos históricos. Después de todo, el Canal sí estuvo bajo control estadounidense. ¿Lo estuvo Groenlandia alguna vez? La respuesta es que no. Desde luego, nunca bajo soberanía oficial.
Sí es cierto que, durante la Segunda Guerra Mundial, en 1940, Estados Unidos, que aún no había entrado en la contienda, desplegó tropas sobre Groenlandia y el entonces Reino de Islandia –república desde 1944. El Presidente, Franklin D. Roosevelt, alegó razones de seguridad, después de que Hitler invadiera países neutrales como Noruega y la propia Dinamarca.
“en 1940, Estados Unidos, desplegó tropas sobre Groenlandia y el entonces Reino de Islandia”
Nótese que entonces el gobierno americano actuó con la aquiescencia de los propios afectados. Pese a que aún mantenía al Rey de Dinamarca como Jefe de Estado nominal, Islandia ya era un país completamente independiente que, en ausencia de fuerzas armadas propias, invocó la ayuda estadounidense para no acabar como Noruega o Dinamarca. En Groenlandia la ocupación recibió el visto bueno tácito –nunca hubo una protesta formal– y secreto de Copenhague, entonces bajo ocupación nazis.
Durante la guerra, Groenlandia pudo comerciar con Estados Unidos y Canadá –ya en guerra con los nazis, como parte del Imperio Británico– sin aranceles, a cambio de la privilegiarles en la compra de ciertos minerales, principalmente criolita. En 1945, con la liberación de Dinamarca, los estadounidenses les devolvieron Groenlandia, sin ningún contratiempo. Un agradecido gobierno danés les permitió entonces mantener allí sus bases aéreas.
“Nótese que entonces el gobierno americano actuó con la aquiescencia de los propios afectados”
Desde entonces, Groenlandia ha vivido un proceso político complejo de progresiva adquisición de autonomía política. Al igual que las Islas Feroe, goza de una gran capacidad de autogobierno, como prueba el hecho de que ambos territorios abandonaron la UE. Si bien, aún pertenecen a Dinamarca. De hecho, disponen de diputados en el parlamento del Reino.
Groenlandia nunca ha adquirido grandes niveles de bienestar y riqueza, entre otras cosas porque ha renunciado a convertirse en un paraíso fiscal, como sí hicieron las Feroe. Pese a sus dificultades o quizás, a raíz de ellas, los inuits o groenlandeses, incluso los contrarios a la independencia, sienten un gran orgullo nacional como pueblo que se ha libertado del yugo de la colonización, hasta ganarse el respeto y el trato de igual a igual con los daneses.
“Groenlandia ha vivido un proceso político complejo de progresiva adquisición de autonomía política”
Precisamente para evitar el auge independentista es más que probable que gobierno y oposición daneses cierren filas en torno a Nuuk y apoyen cualquier decisión sobre las bases estadounidenses. De entrada, ya se ha anunciado un envío extraordinario de soldados a la isla que, por primera vez, serán unánimemente bienvenidos por los nativos. Ironías del destino, al final, Trump cohesionará la unidad del Reino de Dinamarca.
Pero ahondemos en el meollo de la cuestión. ¿Es legal comprar Groenlandia? Históricamente, la compraventa de territorios ha resultado de lo más habitual entre países. Estados Unidos compró Alaska a Rusia en 1867 y las Islas Vírgenes en el Caribe a la misma Dinamarca en 1916. Más aún, después de la Segunda Guerra Mundial, el Presidente Truman hizo una oferta a Dinamarca para comprarles Groenlandia.
“Históricamente, la compraventa de territorios ha resultado de lo más habitual entre países.”
¿Entonces Dinamarca podría vender Groenlandia, si quisiera? No, hoy ya no. Mucho ha llovido desde la década de los cuarenta. Con el auge de la descolonización, han proliferado toda una serie de normas internacionales que vedan la compraventa de territorios habitados. Ciertamente, EE.UU. y Dinamarca podrían negociar la cesión de este territorio y estas negociaciones podrían incluir compensaciones económicas, pero habría que consultar a los afectados, los propios groenlandeses, en el proceso.
“Con el auge de la descolonización, han proliferado toda una serie de normas internacionales que vedan la compraventa de territorios habitados.”
De no hacer esto, ya no sólo se estaría poniendo un precio a la isla y a sus recursos naturales, sino que a la propia población. En pocas palabras, se convertiría a los groenlandeses en mercancía, en una suerte de esclavos.
Desde hace décadas, nadie habla abiertamente de “comprar” un país. Como antecedente encontramos al canciller alemán Erhard (1963-1966) quien intentó comprar la República Democrática Alemana a la URSS…, o eso escribieron los diarios. En realidad, su plan, efectivamente, se basaba en tentar a Moscú con dinero, pero incluía todo tipo de previsiones adicionales tales como concesiones de neutralidad política, eliminación de presencia militar extranjera en Alemania y, por supuesto, una consulta popular. El plan no prosperó. La Reunificación alemana tuvo que esperar a 1990.
“Ante el Derecho internacional, no sería legal ni comprar Groenlandia, ni tomar control de su territorio sin el consentimiento de su población y del gobierno danés.”
Ante el Derecho internacional, no sería legal ni comprar Groenlandia, ni tomar control de su territorio sin el consentimiento de su población y del gobierno danés. Lo mismo se aplica al Canal de Panamá. Además, es más que dudoso que el Congreso estadounidense autorizara hoy a Trump cualquier de estas aventuras, incluso su hipotética viabilidad bélica se me antoja incierta. Ocuparlos naturalmente sería posible… mantener esa ocupación ya lo veríamos.
Una de las peores decisiones de Trump en su primer mandato es quizás de las que ha pasado más inadvertida: la salida del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica. Junto con algunas acciones paralelas, esto facilitó la expansión de la influencia china en el sudeste asiático. Se trata de una decisión difícil de explicar desde la racionalidad, sobre todo viniendo de un líder que asegura priorizar los intereses de su país frente a potencias extranjeras.
“Una de las peores decisiones de Trump en su primer mandato es quizás de las que ha pasado más inadvertida: la salida del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica.”
Ahora la historia puede repetirse. Si se siente amenazado, Panamá buscará protección de otra gran potencia. Léase China. Groenlandia siempre ha dado la bienvenida a empresas estadounidenses, pero, si el clima de hostilidad y desprecio continúa, probablemente, las concesiones mineras empiecen a escasear. Y tendrá que obtenerlas otro en su lugar.










