En la cena de Nochebuena, mi tía me preguntó por la diferencia entre ortodoxos, católicos y protestantes. Como profesor, uno está enamorado de las pizarras y los soportes visuales en general, así que me faltó tiempo para sacar una libretita y hacer un esquema. Por hacer la broma, lo subí a Instagram stories, donde enseguida recibió comentarios simpáticos. Entonces se me ocurrió la idea de este artículo sobre las diferentes iglesias cristianas.

Cuando estudiamos una religión dividida en varias iglesias o confesiones, a menudo, nos sorprenden las ínfimas sutilezas que las separan. El caprichoso preciosismo del debate teológico daría para muchas bromas, si no fuera porque se ha cobrado la vida y la felicidad de no pocos seres humanos, en guerras y en persecuciones.

“Cuando estudiamos una religión dividida en varias iglesias o confesiones, a menudo, nos sorprenden las ínfimas sutilezas que las separan.”

Cincuenta días después la Resurrección de Jesucristo y diez días de su Ascensión a los cielos, el Espíritu Santo se posó sobre los Apóstoles y la Virgen en forma de lenguas de fuego. Conocido como Pentecostés, este suceso se considera el nacimiento simbólico del cristianismo como iglesia. Recordemos que en griego “ekklesía [ἐκκλησία] significa “asamblea”. La iglesia es, pues, la reunión de los fieles.

A propósito, ahora que hay tantos memes y chistes sobre María y la paloma, no está de más aclarar que el Espíritu Santo únicamente aparece como una paloma blanca en el bautismo de Jesús. Incluso entonces es discutible que se trate de un animal y no de su mera figura. La forma o aparición habitual de la tercera persona de la Trinidad es la de fuego o luz.

“Pentecostés considera el nacimiento simbólico del cristianismo como iglesia”

Desde sus más tiernos orígenes los cristianos han afrontado todo tipo interrogantes acerca de su fe. Entre los más trascedentes a lo largo de la historia estaría la naturaleza de Jesucristo, las personas de la Trinidad, la Eucaristía, el rol de María y la organización de la Iglesia, con especial referencia a su jerarquía y la primacía del Papa.

No obstante, los apóstoles tuvieron que afrontar una primera cuestión mucho más urgente. ¿Era el cristianismo un movimiento de reforma del judaísmo? ¿O se trataba de una nueva religión? En Jesucristo sus seguidores veían al Mesías que Dios promete a los hebreos en el Antiguo Testamento. En ese sentido, muchos apóstoles apostaban por un cristianismo judaizante, que mantuviera las líneas maestras de la Ley de Moisés, reservándose como fe para este grupo étnico.

“¿Era el cristianismo un movimiento de reforma del judaísmo?”

En el otro extremo, san Pablo defendía el universalismo de la nueva fe. No sólo los judíos, también los gentiles eran bienvenidos en la Iglesia. Las tradiciones judías, como la circuncisión, bien podía mantenerse ya que no las considera espurias o erróneas, pero carentes de fuerza sin la gracia del bautismo.

A otro apóstol, san Felipe, se le atribuye el bautismo de un eunuco etíope, lo que marca la expansión del cristianismo por Saba y Abisinia, actuales Yemen y Etiopía. Por su parte, a san Pedro se le apareció Jesucristo en una visión para indicarle que podía comer todos los alimentos. Gracias eso, se abolió para los cristianos la prohibición de comer cerdo que mantienes judíos y musulmanes.

“san Pablo defendía el universalismo de la nueva fe”

En el Concilio de Jerusalén (50 d.C.), los apóstoles y notables de la nueva fe acabaron optando por la visión universalista. Así se hizo posible la expansión del cristianismo en el Imperio Romano. Tras siglos de brutales persecuciones, el emperador Constantino acabó legalizando la que ya era la religión mayoritaria de sus ciudadanos, mediante el Edicto de Milán (313 d.C.). Seis décadas después, el Edicto de Tesalónica (380 d.C.) de Teodosio la convirtió en la religión oficial y única que era legal practicar en público.

Entre ambas leyes se celebraron los Concilios de Nicea (325 d.C.) y de Éfeso (431 d.C.). Como a veces ocurre, el cristianismo parecía que iba a morir de éxito, ya que con su extraordinario auge se había producido una fragmentación de su doctrina.

“En el Concilio de Jerusalén (50 d.C.), los apóstoles y notables de la nueva fe acabaron optando por la visión universalista”

En Nicea los obispos aprobarían la oficialidad del Credo, oración que aún se repite a diario en casi todas las iglesias cristianas. El Credo recoge dos premisas compartidas por la mayoría de las iglesias cristianas, la Santísima Trinidad y la divinidad de Cristo. Como recuerdo de los límites de la comprensión humana, el Dios cristiano se presenta a sus fieles de una forma inaccesible para nuestra razón: una sola entidad con tres personas, Padre, Hijo y Espíritu Santo. En tanto que Hijo de Dios y segunda Persona de la Trinidad, Jesucristo es Dios y hombre al mismo tiempo.

Nicea supuso la expulsión de la Iglesia oficial –si es que de tal puede hablarse en aquella época– de los arrianos. Esta rama del cristianismo, hoy extinta, sostenía que Jesús era un profeta, el más grande de todos y el Mesías, pero que sólo era humano.

“Nicea supuso la expulsión de la Iglesia […] de los arrianos”

Dentro de la Iglesia quedaron los defensores de la teoría de que Cristo era Dios y Hombre a la vez. Sin embargo, había dos maneras de entender esta cuestión: el monofisismo y el diofisismo.

Según los monofisitas, el Hijo de Dios reunía ambas naturalezas en una tercera completamente particular. En pocas palabras, en el universo habría una naturaleza divina (Dios) y otra humana. Con Cristo aparecería un tercer tipo de naturaleza que las combinaría ambas. Los diofisitas, en cambio, sostienen que Jesucristo aúna las dos naturalezas, divina y humana, pero mezclándolas, sin dar lugar a algo completamente distinto. Este debate provocará no pocos cismas.

“Cristo era Dios y Hombre a la vez. Sin embargo, había dos maneras de entender esta cuestión: el monofisismo y el diofisismo”

Empezando por Éfeso, las conclusiones de este concilio dan lugar a la separación de las Iglesias Orientales o Nestorianas. Llamadas así por seguir la doctrina del monje Nestorio, patriarca de Constantinopla, quien sostenía una visión particular diofisismo. Sí, Cristo era Hombre y Dios, pero no al mismo tiempo. Simplificando un poco sus tesis, el Cristo que conocimos en la tierra era sólo Hombre. Antes de nacer y después de su resurrección, sería Dios. Siempre minoritario, el nestorianismo sigue vivo en algunas iglesias de oriente medio y Turquía.

Veinte años más tarde, en el Concilio Calcedonia (451) se ratificó la ruptura con las iglesias monofisitas, la Siriaca, la Armenia, la Copta y Tewaheda o etíope. Todas ellas siguen existiendo en Oriente Medio, el Cáucaso, África oriental y Arabia.

“las conclusiones del concilio de Éfeso dan lugar a la separación de las Iglesias Orientales o Nestorianas”

La mayor ruptura del cristiano, el Gran Cisma del 1054, no acaeció a consecuencia de profundos debates doctrinales, sino por una cuestión de poder político. Nos referimos a la rivalidad entre el papado y el Emperador Bizantino que escondía un doble conflicto. Por una parte, acerca de la jerarquía interna de la Iglesia. Como sucesor de san Pedro, todos los obispos reconocían al Papa de Roma una especie de preeminencia moral o simbólica. Ahora bien, ¿debía el Papa liderarlos? ¿Qué relación debía existir entre la Iglesia y el Imperio? ¿Eran los sacerdotes y, por extensión, el Papa súbditos del Emperador? ¿O la suya era una posición especial? ¿Superior a la autoridad política?

Incapaces de dar con una solución, las iglesias bajo soberanía directa de Constantinopla se separaron de Roma. Surge así el cristianismo ortodoxo, mayoritario en la Europa Oriental. Tras la caída de Constantinopla (1453) ya no queda un emperador que presida esta iglesia. Los diferentes obispos se agruparon en Iglesias nacionales, la serbia, la rusa, la búlgara, la griega… El patriarca de Constantinopla heredó un cierto rol simbólico de primado, pero sin ninguna autoridad real sobre los demás obispos. De hecho, no existe una autoridad individual unificadora de todas las Iglesias Ortodoxas análoga a la Santa Sede Vaticana, sino que cada iglesia nacional celebra sus sínodos de obispos donde adoptan sus decisiones.

“en el Concilio Calcedonia (451) se ratificó la ruptura con las iglesias monofisitas”

En los últimos trescientos años, sin embargo, muchas iglesias nestorianas, monofisitas y ortodoxas han vivido escisiones internas en algunas de sus comunidades que se han reincorporado al catolicismo. Si bien, mantienen su estética litúrgica propia. Tal vez, los maronitas, escisión de la Iglesia monofisita siriaca, sean una de las más identificables.

Hacia el S XVI, la conducta de los Papas y del alto clero distaba de ser un modelo de vida cristiana. Más bien se comportaban como reyes o príncipes. Muchas voces dentro de la iglesia, como Erasmo o Tomás Cayetano advirtieron de la necesidad de una reforma interna. Ignorados o directamente perseguidos por herejes, como Juan Huss, quemado en 1415, no pudieron evitar la ruptura que acabó llegando de la mano de Martín Lutero. Este monje sajón tradujo la Biblia al alemán, permitiendo así que todo el que quisiera pudiera leer las Escrituras, sin necesidad de conocer el griego clásico o el latín.

“el Gran Cisma del 1054, no acaeció a consecuencia de profundos debates doctrinales, sino […] la rivalidad entre el papado y el Emperador Bizantino”

Aunque a Lutero se le considera fundador del protestantismo, es importante entender que existen numerosas diferencias entre las iglesias protestantes, difíciles de sintetizar. Como punto de partida, todo culto protestante se basa en la relación directa entre Dios y el ser humano, a través de las Sagradas Escrituras, sin necesidad de una intermediación eclesial. Niegan la soberanía del Papa y la transustanciación eucarística –que la ostia se convierte en el Cuerpo de Cristo durante la misa–, acogiendo doctrinas de la consustanciación –que sigue siendo pan, pero también Dios– o sencillamente de la presencia simbólica de Jesús en el pan. Muchas iglesias protestantes no comulgan con pan ácimo, sino con pan fermentado. También suelen negar o, en todo caso, minimizar el rol de la Virgen respecto al que desempeña en el catolicismo.

Para los protestantes, la unidad de la iglesia es un valor etéreo. De hecho, mientras se acepten algunas premisas como la primacía de las Escrituras, se niegue la autoridad papal, etc., no ven problemática la existencia de varias comunidades. Esto explica el gran número de iglesias y denominaciones protestantes que existen. Tratemos de mencionar aquí algunas de las más significativas.

“Aunque a Lutero se le considera fundador del protestantismo, es importante entender que existen numerosas diferencias entre las iglesias protestantes”

Los luteranos, seguidores inmediatos de Lutero, exaltan la importancia de la Biblia y el sacerdocio universal. Sí, disponen de curas o ministros eclesiales profesionalizados, pero todo creyente es sacerdote. A lo largo de su historia, el luteranismo ha tenido varias escisiones. Una de ellas es el pietismo, un movimiento místico de signo protestante e imbuido por el espíritu estoico. Del pietismo surge con el tiempo al corriente Evangélica, que, aunque diversa, está considerada por muchos como la vertiente más radical del cristianismo en la actualidad. Muchos de sus portavoces destacados defienden una lectura absolutamente literal –en la práctica, con matices– de la Biblia, por encima de las leyes.

Los cuáqueros llevan hasta las últimas consecuencias la universalidad del sacerdocio. No hay curas ni ministros en esta rama protestante. A cada niño se le regala una Biblia que debe ir leyendo guiado por su familia, para labrar su relación con Dios. Sus comunidades se encuentran para rezar de manera colectiva en voz baja, en las llamadas misas del silencio.

“Los cuáqueros llevan hasta las últimas consecuencias la universalidad del sacerdocio”

En Polonia, Lituania y Transilvania, el protestantismo vivió una escisión no trinitaria, una vuelta al arrianismo, por así decirlo: el unitarismo. Los unitarios sostienen que Jesús no es Dios, como tampoco lo es el Espíritu Santo. Dios es uno. Forzados a emigrar, los unitarios cuentan hoy con una comunidad notable en Estados Unidos.

Los calvinistas, seguidores de Calvino, siguen a grandes rasgos las tesis luteranas, pero con un matiz: la predestinación. Los calvinistas son la única de todas las iglesias cristianas que niegan el libre albedrío. Esto ha llevado a ciertas tesis… digamos, polémicas, como que te salvas sólo si Dios quiere, no según tus actos; o que si eres rico o pobre es voluntad del Altísimo, así que no te sientas mal con ello. Tales ideas llevan a bromear señalando que con razón han triunfado en Suiza y Holanda.

“En Polonia, Lituania y Transilvania, el protestantismo vivió una escisión no trinitaria, una vuelta al arrianismo, por así decirlo: el unitarismo”

Muy cercanos a las tesis calvinistas, se encuentran las los metodistas, fundados por el teólogo inglés John Wesley del S XVII, aunque niegan la predestinación. También bebieron de fuentes calvinistas los presbiterianos escoceses de John Knox, que matizaron la idea de la predestinación, aunque apostaron radicalmente por la inseparabilidad de la organización político-civil y la religiosidad que Calvino puso en práctica en Ginebra.

Antes de ellos, aparecieron los bautistas, cuyo principal signo distintivo respecto a los luteranos es su reivindicación de que se reciba el bautismo en la edad adulta, cuando la persona da un consentimiento libre.

“Los calvinistas, seguidores de Calvino, siguen a grandes rasgos las tesis luteranas, pero con un matiz: la predestinación”

Hacia mediados del S XIX surgen numerosos movimientos vinculados al Segundo Despertar Religioso, como los adventistas, escisión de los bautistas, los mormones o los pentecostales. En todos estos casos se reivindica el regreso al cristianismo asambleario primitivo. De aquí aparecen los testigos de Jehová, que se han separado del Cristianismo Trinitario, reivindicando a Jehová como Dios único y a Cristo como un profeta más.

No podemos olvidar a los anglicanos. En paralelo a la reforma luterana, Enrique VIII rompió su relación con Roma alegando que era él la cabeza de la iglesia de Inglaterra. El anglicanismo pasó por sucesivas transformaciones, acercándose a las tesis protestantes –después de la muerte de Enrique VIII– para luego alejarse. En la actualidad se la considera la iglesia reformada más próxima al catolicismo, tanto en organización interna, liturgia, como en tesis teológicas, si bien, mantiene formalmente al Rey de Inglaterra como Cabeza de la Iglesia.

“Enrique VIII rompió su relación con Roma alegando que era él la cabeza de la iglesia de Inglaterra”

¿Y los católicos? La Iglesia de Roma se atribuye la condición de heredera directa del primer cristianismo. Sin duda, hay argumentos que darían suporte a la visión de una línea directa entre El Vaticano y el cristianismo primitivo, entre otras la sucesión papal. No obstante, su gran diversidad interna, las órdenes religiosas, las distintas creencias en un tipo ensalzadas y luego consideradas heréticas, obligan al católico a aceptar que la suya también es una iglesia reformada o, como poco, evolucionada.

Cualquier persona religiosa, en especial, si pertenece a una de las tres religioses reveladas, no debería olvidar nunca que el peor pecado es esa aberrante soberbia llamada asociacionismo. Significa creerse –asociarse a– Dios, o bien creer que se conoce perfectamente la voluntad del Altísimo y/o su naturaleza. La vivencia saludable de la fe no puede desligarse de la humildad de aceptar el misterio. Comprender o conocer a Dios se encuentra fuera de nuestro alcance y que apenas tenemos un conocimiento intuitivo de su persona.