El pasado domingo 19 de abril, Bulgaria celebró elecciones parlamentarias. No fueron unos comicios cualesquiera. El país votaba por ¡octava vez en cinco años! ¡Ah! Y en la última década los búlgaros han visto pasar diez gobiernos distintos… Algunos gabinetes han durado menos de un año. Pero ¿por qué ha llegado el país balcánico a este punto?

Empecemos por presentar el sistema político búlgaro. Se trata de una república parlamentaria unicameral. Con 240 diputados, su Asamblea Nacional debe otorgar la confianza a un primer ministro que dirigirá el país con los demás ministros de su gobierno.

«El pasado domingo 19 de abril, Bulgaria celebró elecciones parlamentarias.»

Una rareza del sistema político búlgaro es su presidencia. En un sistema parlamentario, la jefatura del Estado es una posición sobre todo ceremonial. Por eso, muchas repúblicas parlamentarias eligen a su Presidente de manera indirecta –Alemania, Italia, Grecia o Israel. Bulgaria se sitúa en la excepción. Su Presidente es elegido directamente por el pueblo, a pesar de que no va a gobernar.

A esto añade una doble excepcionalidad: junto a la India, Nepal y Mauricio, es la única república parlamentaria con vicepresidente. Incluso en las repúblicas presidencialistas, el rol del vicepresidente es, a veces, superfluo; apenas un lugarteniente que garantiza que el gobierno no quede descabezado, si algo le ocurre al Presidente. Pero es que, en el parlamentarismo, donde el gobierno lo dirige el primer ministro, casi resulta inexplicable la existencia de un cargo cuyo único propósito es la sustitución automática del jefe de Estado.

«El país votaba por ¡octava vez en cinco años! ¡Ah! Y en la última década los búlgaros han visto pasar diez gobiernos distintos…»

Irónicamente, el pasado enero Iliana Yotova se convirtió en la primera vicepresidenta en acceder a la jefatura de Estado, tras la dimisión de su predecesor, el general Radev. También es la primera vez que una mujer ocupará la presidencia del país.

¿Por qué abandonó Radev la jefatura del Estado? Pues precisamente porque el Presidente preside, pero no gobierna. Durante casi una década, este militar que entró en la política como independiente, se ha visto forzado a actuar como un hacedor de gabinetes, una posición bastante ingrata, para caracteres como el suyo.

«junto a la India, Nepal y Mauricio, es la única república parlamentaria con vicepresidente»

Cada 11 meses de media, ha tenido que discutir con los partidos políticos para que armasen una nueva coalición de gobierno, o bien, resignarse a nombrar un gobierno tecnócrata –una potestad del presidente, si los partidos no se ponen de acuerdo– y/o disolver el parlamento. Tras años de bloqueos, Radev veía llegar el fin del segundo mandato de su presidencia, con el país atrapado en una interminable crisis institucional, sin solución en el horizonte.

En ese momento, las encuestas empezaron a dar unas señales extrañas. El rol simbólico de la presidencia hace muchos búlgaros valoren poco el cargo. Ni siquiera lo miran como un gobernante, en términos análogos al primer ministro, el resto del gobierno o los líderes de los partidos de la oposición. De él se espera, poco más que un algo de seriedad y, sobre todo, que no moleste.

«entre muchos búlgaros, empezó a cundir la idea de que Radev estaba desaprovechado en la presidencia»

Sin embargo, la debilidad de los sucesivos gobiernos durante la presidencia de Radev contrastó con el carácter decido del jefe de Estado. Este tomó posiciones claras en momentos críticos del país, como la Crisis del Covid-19, la guerra de Ucrania o en materias sensibles como las políticas energéticas.

Poco a poco, entre muchos búlgaros, empezó a cundir la idea de que Radev estaba desaprovechado en la presidencia. Su lugar era la oficina del primer ministro. Así pues, dimitió para concurrir a las elecciones y… las cosas no le pueden haber salido mejor.

«en las segundas elecciones de 2024, el parlamento resultante –como los anteriores– estaba hiperfragmentado»

Si en las segundas elecciones de 2024, el parlamento resultante –como los anteriores– estaba hiperfragmentado, en 9 partidos, sin mayorías claras, en el actual sólo hay cinco partidos. Y Bulgaria Progresista, la plataforma electoral de Radev, ha obtenido una insólita mayoría absoluta con 130 escaños, sobre los 240 totales. Radev ya dirige el nuevo ejecutivo. Ahora podrá gobernar.

Entre la prensa española y occidental, Radev ha sido recibido con frialdad, por no decir con abierto rechazo. Se le ha etiquetado de “putinista”, “pro ruso” y hasta se le ha llegado señalar como el relevo ideológico de Orban en la UE.

«Bulgaria Progresista, la plataforma electoral de Radev, ha obtenido una insólita mayoría absoluta»

Sin duda, tendremos que esperar a ver su acción como primer ministro para formarnos una opinión fundada sobre él, pero todos estos calificativos críticos, me parecen fuera de lugar. Para empezar, Radev es un firme defensor de la OTAN, firmísimo, de hecho. A partir de ahí, calificarlo de nuevo caballo de Troya de Putin es, como poco exagerado.

Es verdad que ha hecho algunas declaraciones controvertidas en torno a la guerra de Ucrania. No se trata de defenderle. Sin embargo, es importante entender que Radev, como muchos búlgaros es un convencido eslavista. Que dos pueblos eslavos se maten entre sí le resulta aberrante y aboga, desesperadamente, por un alto al fuego y una negociación. ¿Se equivoca? En mi opinión, sí, ya que se ubica en una posición demasiado equidistante, entre agresor y víctima. Ahora bien, está lejos de Orbán que defendía dejar a Kiev tirada a su suerte.

«Entre la prensa española y occidental, Radev ha sido recibido con frialdad, por no decir con abierto rechazo»

¿Es euroescéptico? En cierto modo, pero básicamente es muy crítico con la política enérgica de Bruselas. A su modo de ver, perjudica a su país, algo que, dicho sea de paso, no carece totalmente de fundamento. Ahora bien, no aboga con un Brexit a la búlgara ni por reventar desde dentro la organización. En conjunto, yo creo que más que euroescéptico, es un europeísta moderado.