Desconocidísimo en Occidente, el octavo país más poblado del mundo se hizo hace unas semanas un hueco, más bien modesto, en nuestros noticiarios. La revuelta estudiantil y obrera que ha azotado los cimientos del poder en Bangladesh se salda con la caída de Sheikh Hasina, primera ministra, desde 2009. El nuevo gobierno, dirigido por Muhamad Yunnus, un filántropo conocido como “el banquero de los pobres” debe supervisar unas elecciones en medio de una tensa hostilidad social, desangrada por la corrupción política.

Como tantos países, Bangladesh es víctima de su historia. Su propia geografía política ya nos da alguna pista acerca de sus peculiares orígenes. Sobre el mapa, la silueta bangladeshí resulta bastante llamativa. Si exceptuamos unos pocos kilómetros que comparte con Myanmar en el sur, su frontera terrestre se encuentra absolutamente circundada por la India. Si la escala del mapa es pequeña parece que toca Nepal en el norte, pero se trata de un mero efecto óptico. Un estrecho corredor indio separa ambos países.

“La revuelta estudiantil y obrera que ha azotado los cimientos del poder en Bangladesh se salda con la caída de Sheikh Hasina”

La descolonización del inmenso Raj británico quizás supuso el mayor reto en la disolución del Imperio. La vasta colonia englobaba los actuales Pakistán, India, Bangladesh y Myanmar. La presión de la población local hindú se había hecho incontestable. Capitaneado por el futuro primer ministro, Neru, el Partido del Congreso Nacional Indio, había encarnado organizativamente los anhelos de independencia inspirados por Gandhi.

A partir de 1945, con el primer ministro laborista, Atlee, en el 10 Downing Street, la independencia del Raj ya no se cuestionaba. El gran desafío era llevarla a término sin que una guerra civil entre hindúes y musulmanes se desencadenase, después de la marcha de los británicos.

“La descolonización del inmenso Raj británico quizás supuso el mayor reto en la disolución del Imperio”

El Virrey de la India, Lord Mountbatten, realizó una propuesta de división del subcontinente en dos países: la India para los hindúes y Pakistán, como país refugio para los musulmanes. Probablemente, el territorio nunca se podría haber dividido de una forma enteramente satisfactoria para ambas comunidades, que, en realidad, vivían geográficamente entremezclades, aunque socialmente de espaldas la una a la otra. Sin embargo, es pura honestidad reconocer que, incluso en ese difícil contexto, el plan de Mountbatten presentaba importantes defectos.

Pese a su mayoría musulmana, la región de Cachemira no se integró en Pakistán. El Partido del Congreso amenazó con hacer saltar por los aires las negociaciones, de modo que se acordó su partición. Las tensiones subsiguientes, por esta región, especialmente desde que Nueva Delhi e Islamabad poseen armas nucleares hizo temer más de una vez que no serían el Kremlin y la Casa Blanca quienes empezarían la guerra atómica.

“El Virrey de la India, Lord Mountbatten, realizó una propuesta de división del subcontinente en dos países: la India para los hindúes y Pakistán, como país refugio para los musulmanes”

El Plan Mountbatten no tuvo en cuenta a la minoría sikh, cuya religión entremezcla aspectos del islán y creencias hindúes. La ausencia de un Estado o territorio autónomo sikh ha causado no pocos conflictos étnicos en la india, con episodios tan sonados como el asesinato de la primera ministra Indira Gandhi en 1984.

Pero el aspecto más cuestionable del Plan era que el Estado islámico, Pakistán, lo conformarían el Pakistán Occidental y el Oriental, o sea Bangladesh. Desde la independencia de India y Pakistán en 1947, hasta 1971, Bangladesh era una provincia de Islamabad que no sólo se sentía alejada sino maltratada por su metrópoli.

“el aspecto más cuestionable del Plan era que el Estado islámico, Pakistán, lo conformarían el Pakistán Occidental y el Oriental, o sea Bangladesh”

Quizás el problema de base fue la propia partición. Esta se ha revelado especialmente costosa para los millones de musulmanes que todavía viven en la India. El nacionalismo hindú ha alimentado por décadas la necesidad de expulsar a todos los musulmanes a Pakistán y Bangladesh para gozar de una India hindú. El actual primer ministro Modi apenas ha moderado su mensaje en pro de la limpieza étnica –basada en la deportación, no el asesinato– desde que llegó al poder en 2014.

Pese a compartir la religión musulmana, Bangladesh y Pakistán son muy diferentes. Al margen de que los separan 2000 kilómetros, étnicamente los pakistaníes son principalmente panyabíes (38’8%), pastunes (18’2%) y sindis (14’6%). Mientras el 99% de los habitantes de Bangladesh son bengalíes. Lingüísticamente, en Pakistán domina el urdú, junto a otras lenguas minoritarias. En cambio, en Bangladesh el bengalí es casi la única lengua materna.

“Pese a compartir la religión musulmana, Bangladesh y Pakistán son muy diferentes”

Desde el comienzo, las tensiones entre Pakistán y su provincial oriental fueron constantes. Conforme más protestas había, más autoritario se volvía el gobierno de Islamabad en su represión. Buscando debilitar a su enemigo, la India nutría generosamente a los rebeldes bangladeshíes.

En 1970 el Presidente y líder militar pakistaní, Yahya Khan, aprobó una operación de limpieza étnica a gran escala contra los bengalíes. Entre el 25 de marzo y 16 de diciembre del año siguiente se produjo el Ekattorer Gonohotya, literalmente, Genocidio del 71. Islamabad reconoce la matanza de unos 300.000 inocentes, pero la cifra real seguramente se acerca más a los tres millones de muertos. Entre ellos toda la élite intelectual y la mayor parte de los bengalíes con estudios superiores.

“Entre el 25 de marzo y 16 de diciembre del año siguiente se produjo el Ekattorer Gonohotya, literalmente, Genocidio del 71”

Los imanes pakistaníes declararon que las mujeres bengalíes eran botín de guerra. En pocas palabras, los soldados podían disponer de sus cuerpos como quisieran. En apenas ocho meses, entre 200.000 y 400.000 mujeres bangladeshíes fueron violadas.

Más de 30 millones de bangladeshíes se vieron desplazados. Este término se contrapone a “refugiado”, quien debe huir de su país a otro, a causa de conflictos bélicos o genocidios. El “desplazado”, en cambio, debe abandonar su hogar y a menudo recorrer grandes distancias hasta campamentos de refugiados, pero sin cruzar sus fronteras nacionales.

“Los imanes pakistaníes declararon que las mujeres bengalíes eran botín de guerra”

Como era de esperar, la limpieza étnica se volvió contra los opresores y aquel mismo año Bangladesh declaró su independencia. El rápido reconocimiento de buena parte de la comunidad internacional y el apoyo indio facilitó la ruptura de vínculos con Pakistán.

Hasta 1975, el país funcionó como una república parlamentaria, pero fruto de las tensiones económicas internas y la monstruosa hambruna de 1974, causada por un ciclón, ese año un golpe de Estado acabó con la democracia. Entre ese año y hasta 1991 el país vivó bajo una concatenación de gobiernos presidencialistas de corte autoritario o abiertamente dictatoriales.

“Hasta 1975, el país funcionó como una república parlamentaria”

A partir de 1991, se retornó a un sistema democrático y parlamentario, donde coexisten un parlamento unicameral, un Presidente de la República ceremonial y un primer ministro que dirige el gobierno nacional. Desgraciadamente, la nueva democracia enseguida se empañó por la corrupción y los abusos de poder.

Suele decirse que Bangladesh quedó secuestrado por dos mujeres: Khaleda Zia y Sheikh Hasina. La afirmación no está exenta de cierta misoginia. Más que dos mujeres, hay hablar de dos clanes políticos. No obstante, tampoco podemos presentarlas precisamente como meros estandartes carentes de voluntad o iniciativa. Más bien al contrario.

“Suele decirse que Bangladesh quedó secuestrado por dos mujeres: Khaleda Zia y Sheikh Hasina”

Zia es la viuda del Presidente Ziaur Rahman (1977-1981), asesinado en el cargo. Difícilmente se puede identificar como demócrata a Rahman. Llegó al poder por un golpe de Estado cívico-militar. Fundó el Partido Nacionalista Bangladesh, heredado por su esposa quien abogó por la vuelta a la democracia a partir de 1982. Restaurado el imperio de las urnas, Zia se convirtió en la segunda mujer primer ministra de un país musulmán, sólo por detrás, ironías de la historia, de la pakistaní Benazir Buto.

Ocupó la jefatura de gobierno entre 1991 y 1996, recuperando el poder entre 2001 y 2006.

Enfrente encontramos a Sheikh Hasina, hija del Presidente Sheikh Majibur Rahman, considerado fundador del país. Si Zia ha explotado la figura de su difundo marido, Hasina no se ha quedado atrás recordando su condición de hija del héroe nacional asesinado en el cargo tras apenas seis meses de su presidencia.

“Zia es la viuda del Presidente Ziaur Rahman (1977-1981), asesinado en el cargo”

Al frente de su partido, la Liga Awami, se convirtió en primera ministra por primera vez en 1996, permaneciendo en el cargo hasta 2001. En las elecciones de 2008 recuperó el poder, que conservó elección tras elección hasta el pasado 5 de agosto, cuando las protestas la obligaron a dimitir.

La corrupción, poco a poco, ha enturbiado más y más la administración bangladeshí. Conseguir permisos o licencias, quedó condicionado a sobornos al partido regente. Más importante aún, gobierno y diputados han mostrado una escandalosa pasividad hacia los abusos laborales y ecológicos de empresas extranjeras –inexplicables hasta que aparecen una serie de misteriosos pagos.

“Sheikh Hasina, hija del Presidente Sheikh Majibur Rahman, considerado fundador del país”

En la última década, Hasina ha descendido en un autoritarismo cada vez menos disimulado. Además, la corrupción se ha hecho extensiva a las elecciones mediante prácticas que si no son compra de votos, se le parecen mucho. Su última relección, a principios de enero, quedó salpicada por práctica agresivas contra la oposición. A nadie le extrañará que el malestar popular haya ido creciendo.

Con la policía y el ejército desbordados por la protesta incombustible de los estudiantes y los obreros, el parlamento forzó su dimisión el 5 de agosto. Desde entonces, el paradero de Hasina es un misterio. Se supone que está en la India, pero este país, junto a Estados Unidos y otros se ha negado a darle a asilo. En su último comunicado, acusó a La Casa Blanca de conspirar con el parlamento bangladesí para propiciar su caída.

“Con la policía y el ejército desbordados por la protesta incombustible de los estudiantes y los obreros, el parlamento forzó su dimisión el 5 de agosto”

Mientras tanto, en Bangladesh se acumulan las acusaciones de asesinato contra la ex primera ministra y miembros de su gobierno. Incluso podría acabar interviniendo el Tribunal Penal Internacional, por crímenes de lesa humanidad contra su propia población.

Una de las ventajas de los regímenes parlamentarios ante escenarios de crisis es que la Jefatura del Estado puede intervenir como árbitro para amansar las aguas. El Presidente, Mohammed Shahabuddin, ha disuelto el parlamento y ha puesto al frente de Bangladesh a Muhammad Yunnus. Su título de “banquero de los pobres” proviene de su rol como fundador de Grameen Bank, una entidad dedicada al desarrollo y microcréditos. Esto le valió el Premio Nobel de la Paz en 2006.

“Su título de “banquero de los pobres” proviene del rol de Yanus como fundador de Grameen Bank, una entidad dedicada al desarrollo y microcréditos”

A sus ochenta y cuatro años, Yunnus ha emprendido la misión más difícil de toda su vida. Desgraciadamente, defenestrar a Hasina no será suficiente para hacer florecer la democracia en Bangladesh. Si Zia regresa al poder nada cambiará. Ni el Partido Nacionalista ni la Liga están en condiciones de resolver voraz corrupción que han propagado.

Yunnus sabe que el suyo será un gobierno efímero, un gabinete de transición. Su empeño principal es que nadie dude del resultado de las próximas elecciones y que estas se celebren de la forma más pacífica posible.