Hace unas semanas, Netanyahu, como primer ministro de Israel, realizó una solicitud insólita al Presidente de la República: su propio indulto. En sí, esto ya resulta excepcional. No hay precedentes de nada parecido. Pero es que hay más…
Para empezar, el juicio contra Netanyahu aún está en curso. De concederse, el indulto se adelantaría a la condena. Aunque el colmo es que el premier se niega a admitir cualquier culpabilidad. Asegura que no pide el indulto porque haya hecho nada malo, sino para parar un proceso judicial que divide al país desde 2020.
«Netanyahu, como primer ministro de Israel, realizó una solicitud insólita al Presidente de la República: su propio indulto»
El Presidente Isaac Herzog han prometido estudiar el más de un centenar de páginas que constituyen la solicitud de indulto. De momento, nada permite anticipar cuál será su decisión.
La Jefatura de Estado israelí apenas dispone de poderes efectivos. Como cargo ceremonial, la presidencia no dirige la agenda gubernamental. Esta prerrogativa pertenece al primer ministro. En la mayoría de sus intervenciones en la vida pública, el Presidente actúa a petición del gobierno o bajo estricta regulación legal. Por ejemplo, sanciona las leyes que aprueba el parlamento, la Knesset, pero no puede vetarlas. Tampoco puede cesar a los miembros del gobierno, aunque, como nuestro Rey, los nombra él.
Una de sus pocas prerrogativas autónomas es el derecho de gracia, o sea, los indultos. Puede concederlos tanto a civiles como a militares. Si bien debe oír antes al ministro de justicia o al de defensa, según el caso, en última instancia él decide si concede el indulto, lo deniega o bien atenúa la pena del condenado con un indulto parcial.
«El Presidente Isaac Herzog han prometido estudiar el más de un centenar de páginas que constituyen la solicitud de indulto.»
La legislación israelí no cierra la puerta a los llamados indultos en blanco, o sea, perdonar a alguien antes de una condena. No obstante, se trata de una figura rarísima en país, a diferencia de, por ejemplo, en los Estados Unidos, donde se usa con mucha frecuencia. De hecho, únicamente existe un precedente, en 1986, cuando el Presidente Jaim Herzog –padre del actual– indultó a Avraham Shalom, el jefe del Shin Bet –el FBI israelí– y a otros tres altos oficiales del cuerpo policial, por el caso Bus 300.
Resumiendo, el 12 de abril de 1984, cuatro palestinos secuestraron un autobús interurbano que cubría la ruta entre Tel Aviv y Ashkelon. En la operación de rescate, los agentes del Shin Bet abatieron a dos secuestradores. En el fuego cruzado, perdió también la vida un secuestrado. Aunque heridos, los otros dos secuestradores fueron detenidos. Sin embargo, Shalom ordenó a sus agentes que los asesinaran de todos modos.
«La legislación israelí no cierra la puerta a los llamados indultos en blanco, o sea, perdonar a alguien antes de una condena.»
El perdón de Herzog senior, ya se imaginará, resultó extraordinariamente controvertido. El entonces Jefe de Estado alegó razones de seguridad nacional. Si el juicio hubiese seguido adelante, se corría el riesgo de desclasificar secretos de Estado, por la judicatura. Adicionalmente, se ha especulado con que los acusados chantajearon al gobierno con destapar asuntos sucios del aparato policial israelí.
No seré yo quien defienda aquel indulto, pero, al menos, Shalom y los otros tres acusados sí realizaron una manifestación de culpabilidad y arrepentimiento, sin matices. Netanyahu se niega a admitir culpabilidad alguna en los cargos por corrupción. Asegura que todo es una conspiración política para apartarle del poder. ¡Qué argumento tan original!
«al menos, Shalom y los otros tres acusados sí realizaron una manifestación de culpabilidad y arrepentimiento, sin matices»
Pues la justicia llevaba más de una década detrás de él, cuando en 2020 el Tribunal de Distrito de Jerusalén le abrió un juicio por soborno, abuso de confianza y fraude. Como aclaración, en Israel no existe el aforamiento de los políticos. Su justicia penal se organiza en tribunales de magistrados, que se ocupan de los casos penales menos graves y seis Tribunales de Distrito, repartidas por el país. Estos últimos revisan en apelación los casos enjuiciados por los tribunales de magistrados, pero también juzgan, en primera instancia, los delitos más graves. En la cima del sistema judicial israelí encontramos al Tribunal Supremo que ejerce también las funciones de Corte Constitucional.
El primer ministro no ha vacilado en usar todos los resortes del poder para demorar su juicio. Aunque sobre el papel, nada impide juzgar al primer ministro de Israel, Netanyahu se ha servido de los servicios jurídicos del Estado y su propia agenda oficial para demorar cuanto ha podido las sesiones del juicio. ¡Declaró por primera vez en 2024!
«en 2020 el Tribunal de Distrito de Jerusalén le abrió a Netanyahu un juicio por soborno, abuso de confianza y fraude»
Intentó reformar la ley que regula el poder judicial para que el consejo de ministros pudiera revisar sentencias del Tribunal Supremo. A nadie se le escaba qué posible sentencia hubiese querido revisar, entre otras. El poder judicial no cedió.
Al amparo del malestar popular que protestó contra esta reforma por todo el país, el Tribunal Supremo declaró inconstitucional la ley. Esto creó una importante crisis constitucional, algo que no pareció preocupar mucho a Netanyahu.
Después del ataque terrorista de Hamas de 2023, tampoco le ha importado prolongar artificialmente el estado de guerra y la subsiguiente matanza en Gaza, para paralizar su juicio.
«tampoco le ha importado prolongar artificialmente el estado de guerra y la subsiguiente matanza en Gaza, para paralizar su juicio»
Pero ahora todo apunta a que Netanyahu ha quemado sus cartuchos. Sus estratagemas legislativas para controlar la justicia le han fallado. El acuerdo de paz de Gaza pone fin a la movilización militar en el país. El Tribunal del Distrito de Jerusalén. pese a las trabas y las tretas, parece estar a punto de concluir su veredicto. Para rematar, algunos miembros de su coalición, molestos con la situación, amenazan con hacer colapsar el gobierno en cualquier momento. Su última bala era esta apelación desesperada al Presidente de la República, con la que el primer ministro protagoniza su enésima crisis institucional.
En Israel, ya hay antecedentes de un primer ministro encarcelado por corrupción: Ehud Olmert en 2016. Cumplió algo menos de un año y medio. Olmert también solicitó el indulto –aunque él se esperó a que el Tribunal Supremo confirmara su sentencia.
«En Israel, ya hay antecedentes de un primer ministro encarcelado por corrupción: Ehud Olmert en 2016»
El entonces Presidente Rivlin se lo negó. Bueno, para ser exactos, se negó a indultarlo para sacarlo de la cárcel. No obstante, se avino a un indulto parcial para poner fin a cualquier restricción o medida de seguridad contra Olmert, una vez la justicia le concediera, en tiempo y forma, la libertad condicional. Este precedente no juega precisamente a favor de Netanyahu…
Además, a diferencia de Olmert, que estaba retirado de la primera línea política cuando fue condenado, Netanyahu es primer ministro en activo. Esto convierte su indulto en una decisión política con resonancia electoral de primer orden. Y ese es otro problema…
Como Jefe de Estado, se espera de Herzog que preserve una escrupulosa neutralidad en los aspectos partidistas de la política. Debe representar a todo Israel. Con su petición de indulto, Netanyahu arrastra al Presidente al fango de la lucha entre partidos. Haga lo que haga, su decisión causará malestar en una parte de la sociedad israelí e impactará en el devenir de las elecciones.
«Con su petición de indulto, Netanyahu arrastra al Presidente al fango de la lucha entre partidos.»
La relación personal entre Herzog, proveniente de la izquierda, y Netanyahu, líder de las derechas hebreas, dista de ser buena. No obstante, el Jefe de Estado ha sabido trabajar con su primer ministro, con profesionalidad. ¿Qué hará ahora? Los círculos cercanos al Presidente apuntan a que podría estar buscando una solución intermedia, para manchar su cargo lo menos posible con una decisión que beneficie a un bando u otro.
¿Opciones? Herzog podría solicitar a Netanyahu que acepte retirarse de la política o, como mínimo, admita públicamente su culpabilidad, antes de concederle un indulto preventivo que paralizaría el juicio. Otra posibilidad es que espere a la sentencia, conmutando entonces la pena de cárcel, pero manteniendo las de inhabilitación.
Cuesta entender a los hombres como Netanyahu. ¿Cómo puede sentirse alguien tan imprescindible para su país? Si fuera condenado, Israel seguiría existiendo. Sencillamente, el Presidente consultaría a los partidos políticos para proponer otro candidato a primer ministro. Si no lo encuentra, se convocarían elecciones.










