Parafraseando a Manuel Fraga, podríamos decir que, en los tiempos que corren, la ecología hace extraños compañeros de cama. Apenas ha tenido eco mediático la reunión celebrada a principios de mes, entre el Ministro de Medio Ambiente turkmeno y nuestro embajador en Rusia, Ricardo Martínez Vázquez. Este diplomático también está acreditado como en embajador ante Turkmenistán.
La cumbre diplomática tuvo lugar Ashgabat, capital de la nación centroasiática. La reunión se enmarca en uno de tantos encuentros que los países de la UE y la propia organización supranacional están llevando a cabo, para hacerse un hueco en el Asia Central.
«en los tiempos que corren, la ecología hace extraños compañeros de cama»
¿El resultado de la cumbre? Se ha llegado a un acuerdo –más bien a un principio de acuerdo– para establecer un observatorio conjunto entre nuestros países que mida la desertificación en la zona. Como tantas regiones del mundo, Asia Central experimenta un proceso acelerado de desertificación. En concreto, Turkmenistán, gran parte de cuya superficie ha sido históricamente desértica, asiste este proceso con una especial preocupación.
¿Qué réditos ofrece este pacto a España? ¿Y riesgos?
Empecemos por poner la situación en perspectiva. A diferencia de otros países centroasiáticos, donde nuestra diplomacia nacional ha sido mucho más activa, nuestras relaciones con Turkmenistán siempre han complementado o ido a remolque de las de la UE.
«Apenas ha tenido eco mediático la reunión celebrada a principios de mes, entre el Ministro de Medio Ambiente turkmeno y nuestro embajador en Rusia»
En 1989, la República de Turkmenistán se subrogó en los acuerdos comerciales entre la extinta URSS y las entonces Comunidades Europeas. Hacia 1998, la Comisión Europea logró firmar un Acuerdo de Colaboración y Cooperación con Turkmenistán. Sin embargo, el Europarlamento ha bloqueado su ratificación hasta nuestros días, dado el clima de represión política de Turkmenistán.
Ningún país de Asia Central representa la apoteosis de la democracia, precisamente. Pero el caso de Turkmenistán destaca por su brutalidad. Entre 1990 y 2006, el país estuvo en manos de Nyýazow, antiguo jerarca comunista, que implantó un régimen cuya demencia, nada envidiaba a las excentricidades norcoreanas.
«Entre 1990 y 2006, el país estuvo en manos de Nyýazow»
A su muerte, heredó el poder Berdimuhamedow (2006-2007), un hombre de una curiosa carrera, sólo posible en una autocracia extravagante. Empezó como dentista de Nyýazow. Paciente y odontólogo desarrollaron una buenísima relación, así que el dictador no tardó en obsequiarle con toda clase de prebendas, entre ellas puestos ministeriales y finalmente la vicepresidencia desde donde saltaría a la Jefatura de Estado, automáticamente.
En 2012, el gobierno de Berdimuhamedow realizó un puñado de reformas políticas. Quizás la más destacable fuese el abandono del partido único. Sin embargo, el multipartidismo es una pura fachada, en un país sin elecciones libres. Para muestra, la sucesión presidencial de 2022. Ese año, un Berdimuhamedow, algo cansado por la edad, cedió el testigo… a su hijo.
«Berdimuhamedow (2006-2007), un hombre de una curiosa carrera, sólo posible en una autocracia extravagante»
Berdimuhamedow junior ejerce el poder con la misma mano de hierro que su padre. Aunque a nadie se le escapa que su verdadero sueño es ser un roquero famoso. Cada dos por tres da conciertos cuyos asistentes no siempre acuden por una cuestión de gusto musical. Mientras, Berdimuhamedow senior se ha retirado a la presidencia del Consejo del Pueblo Turkmeno, un senado reconvertido en una especie de tribunal constitucional en 2023.
A mediados de la primera década del nuevo milenio, la Comisión Europea, apoyada por los gobiernos nacionales, relanzó las negociaciones con el gobierno turkmeno. Estas eclosionaron en el memorándum de entendimiento de 2008. Un memorándum de entendimiento viene a ser una declaración política de buena voluntad que, si todo va bien, debería ser la primera piedra de un futuro acuerdo internacional.
«la Comisión Europea, apoyada por los gobiernos nacionales, relanzó las negociaciones con el gobierno turkmeno»
En el memorándum de 2008 se acordó, entre otras cosas, la construcción de un gaseoducto que cruzara el Mar Caspio. De ese modo se abriría una nueva ruta para el gas turkmeno a Europa, esquivando el incómodo peaje ruso.
Dos años más tarde, se celebró un el Acuerdo Interino de 2010, que a la espera de que el Parlamento Europeo decida levantar su veto, abre provisionalmente las puertas de la mercantiles del país a las empresas del Viejo Continente. En 2019, el Consejo de la UE emitió un documento titulado Estrategia para Asia Central, donde los ministros de Exteriores de los Estados manifiestan su interés en incrementar la presencia europea en la zona. Este año y el pasado se han celebrado sendas cumbres entre la Alta Representante de Asuntos Exteriores de los países de la región.
«En 2019, el Consejo de la UE emitió un documento titulado Estrategia para Asia Central»
Gracias a este marco, desde 2020, muchas empresas europeas han participado en la construcción de infraestructuras en las inmediaciones del Mar Caspio. No obstante, hay un punto de choque. El gobierno turkmeno manifiesta un vivo interés en acceder a los fondos para el desarrollo internacionales de la UE, pero estos se mantienen vedados, a la espera de una mínima democratización real del país.
España no es ajena a estos movimientos. Una de nuestras empresas de ingeniería de transportes y medioambiental, el Grupo TYPSA tiene importantes intereses en la zona. El proyecto conta la desertización podría ser una ranura que abriera la puerta a nuevos contratos con el gobierno turkmeno.
«Una de nuestras empresas de ingeniería de transportes y medioambiental, el Grupo TYPSA tiene importantes intereses en la zona»
Por otro lado, España es un candidato ideal para liderar diplomáticamente la lucha contra la desertificación en la zona. Uno de los mayores –y menos conocidos– éxitos diplomáticos de Pedro Sánchez fue lanzar junto a Senegal la Alianza Internacional de Resiliencia contra la Sequía (IDRA en inglés) en 2022, a la que rápidamente se unieron 38 países y 30 organizaciones internacionales.
Ahora bien, Turkmenistán siempre supone un riesgo. Los gobiernos autocráticos suelen mostrarse erráticos. Cambian sus alianzas con aterradora facilidad. Un peligro adicional es ayudarle a mejorar su imagen internacional, vendiendo nuestra conciencia diplomática por un plato de lentejas.










