Aún queda la apelación, pero Julius Malema ha sido condenado a 5 años de cárcel por posesión ilegal de armas y disparar en público. Los cargos se remontan a 2018, con un vídeo como prueba, en que vemos al político sudafricano disparando al aire un rifle semiautomático, durante la celebración del quinto aniversario de su partido, Luchadores por la Libertad Económica.

Según la constitución sudafricana, cualquier persona condenada a un delito que incorpora pena de cárcel, pierde automáticamente la condición de diputado. Y aunque el tribunal de segunda instancia tendrá la última palabra, las cosas no pintan demasiado bien para el líder del cuarto partido de Sudáfrica.

«Julius Malema ha sido condenado a 5 años de cárcel por posesión ilegal de armas y disparar en público»

¿Por qué es importante esta sentencia más allá de Sudáfrica? Malema es una de las figuras más controvertidas y peligrosas de la política de su país. En 2013, escindió su partido, Luchadores por la Libertad Económica, del Congreso Nacional Africano (siglas inglesas ANC), el partido de Nelson Mandela. Pretextó dos motivos para ruptura: la corrupción y la necesidad de recuperar la lucha de los derechos de los negros.

Sobre la primera cuestión poco se puede objetar. A finales de los noventa, en su último mensaje como Presidente a las cámaras parlamentarias, el propio Mandela advirtió del problema de la corrupción. Sus sucesores, poco o nada han hecho por atajar esta práctica. Aunque, para ser justos, Luchadores por la Libertad Económica dista de ser un oasis de honradez. Diferentes corruptelas también planean sobre este partido y su financiación.

«Malema es una de las figuras más controvertidas y peligrosas de la política de su país»

Sin embargo, si por algo destaca esta fuerza de izquierda extremista es por abogar sin reparos por la violencia. Agita la negritud populista y abjura de la reconciliación nacional que protagonizó Mandela. Para este partido, las propiedades de los blancos deben confiscarse para transferirse a los negros, a través de cooperativas colectivistas.

Décadas atrás, en Zimbabue este modelo no terminó demasiado bien que digamos. En pocos años el país pasó de exportar comida a importarla. De ahí el empeño de Mandela en reconstruir entre todos, negros y blancos el país.

«Agita la negritud populista y abjura de la reconciliación nacional que protagonizó Mandela»

La figura de Malema es doblemente peligrosa. Para empezar, amenaza la paz social de su país. Pero es que, además, le hace el juego a grupos racistas y supremacistas blancos, dentro y fuera de Sudáfrica.

Todos recordamos cuando Trump recibió al Presidente Ramaphosa y le acusó de permitir un genocidio blanco en su país, sobre todo contra los agricultores y granjeros blancos. El líder sudafricano le aclaró que, si bien hay actos de violencia, estos son perseguidos por las autoridades y que tres de sus ministros son blancos: el de correccionales –cárceles y medias de seguridad–, el de asuntos domésticos –migración, documentación y asilo– y… el de agricultura.

«Trump recibió al Presidente Ramaphosa y le acusó de permitir un genocidio blanco en su país»

¿Cuál es el peso de Luchadores por la Libertad Económica?

  • En la Asamblea Nacional disponen 44 diputados de 400.
  • En el Consejo Nacional de Provincias (senado), apenas 7 de 90.

Sí, es un partido votado, ha captado a gran parte de la población que se siente olvidada por el gobierno agitando su odio contra los blancos, pero tampoco dramaticemos. Su peso parlamentario y social es minoritario. La mayoría de sudafricanos de ambas razas siguen creyendo en la Nación Arco Iris de Mandela.

Si se confirma, la condena de Malema, seguramente, agitará el victimismo. Esto también se les da genial a los políticos populistas. Pero envía un mensaje contundente sobre la fortaleza del Estado de derecho en Sudáfrica. Ahora, claro, sólo falta que se cuide con el mismo ahínco el Estado social para prevenir el populismo…