Sin contexto, las normas coránicas sobre las mujeres admiten poca discusión acerca de su naturaleza machista. ¿Cómo puede existir entonces un feminismo islámico? Despreciadas por la doctrina oficial, muchas mujeres advierten que Mahoma mejoró notablemente la situación legal de la mujer árabe. Inspiradas por ese espíritu, antes que, por la literalidad, proponen una interpretación actualizada del Corán que ahonde en la igualdad entre hombres y mujeres. Entre otras, sustenta esta lectura la entrañable historia de Mahoma y Khawla, que desemboca en la prohibición del zihar.

El Corán está escrito completamente en verso. Aunque la redacción definitiva no se fijaría hasta los primeros años del Califato Omeya de Damasco, más de seis décadas después de la muerte del Profeta, se atribuye su autoría a Mahoma por revelación de Alá. Se emplea la expresión “descenso” de los versículos, para enfatizar que cuando el Profeta recitaba un pasaje de la Sagrada Escritura lo hacía bajo la inspiración divina.

“¿Cómo puede existir entonces un feminismo islámico?”

A diferencia de la Biblia o la Torá, el Corán no sigue un orden cronológico, sino que las distintas suras o agrupaciones versículos coránicos se ordena de la más extensa a la menor. Si bien, estas se componen en exclusiva de las palabras de Mahoma, la tradición islámica ha dado mucho valor a los episodios de la vida del Profeta que motivaron los descensos de la palabra sagrada.

Así, al inicio del Capítulo 58 encontramos los versículos en que Mahoma abolió el zihar, un rito de repudio árabe. A diferencia del repudio habitual, que permitía a los esposos reconciliarse, cuando un marido empleaba el zihar ponía fin para siempre a la vida conyugal con aquella mujer. Para lograr este fin, el marido se servía de una peculiar fórmula. Le decía a su esposa: “eres para mí como la espalda de mi madre”, lo que daba a entender algo así como “si me acuesto de nuevo contigo, será como si cometiera incesto con mi madre”.

“la entrañable historia de Mahoma y Khawla, que desemboca en la prohibición del zihar

La tradición musulmana ha conservado la narración de Khawla, como origen de la prohibición del zihar. Según nos cuenta en primera persona, Khawla estaba casada con un primo lejano de avanzada edad Aus ben Al-Samit. Los años le habían convertido en un auténtico cascarrabias que se enfadaba por todo. Un día de especial malhumor, el viejo repudió a su joven esposa mediante el zihar. Pero poco después se arrepintió y quiso volver a acostarse con ella, pero Khawla se negó hasta que Mahoma no se pronunciara acerca de si podían volver a casarse de nuevo.

En vez de dirigirse el mismo al Profeta, avergonzado, Al-Samit envió a Khawla ante Mohama, para suplicarle que les dejara retomar su vida conyugal. Pocos epítomes de la ridiculez masculina ofrecen la historia o la literatura como el de este anciano. Te casas con tu prima mucho más joven, tienes un calentón, la repudias, luego te da un calentón de otra clase, así que le pides a tu ya ex esposa que visite al Enviado de Dios a ver si hay suerte y te da permiso para acostarte con ella de nuevo.

“eres para mí como la espalda de mi madre”

Después de reflexionar unos instantes, Mahoma recitó los versículos que condenaban el zihar. No se debe repudiar a la esposa diciéndole que es como un pariente, ya que es mentira. Por tanto, el divorcio islámico siempre ha de ser reversible.

El diálogo entre el Profeta y Khawla no puede ser más divertido. Mahoma y la joven disculpan al viejo cascarrabias del quien parecen reírse. Sin embargo, el profeta le quiere imponer alguna penitencia antes de que pueda volver con Khawla. Su primera propuesta es obligar a Al-Samit a liberar a un esclavo, pero Khawla le advierte, su marido es pobre, no tiene esclavos. Entonces Mahoma sugiere imponer un ayuno de dos meses, pero de nuevo la joven excusa a su ex: es demasiado viejo para eso. Sin desanimarse, el Profeta decide imponer a Al-Samit el deber de alimentar a sesenta pobres, pero Khawla intercede una vez más en su favor recordando su pobreza. Mahoma finalmente le impone una pena de caridad menor. Cuando la cumpla, podrá volver con su esposa.

“avergonzado, Al-Samit envió a Khawla ante Mohama, para suplicarle que les dejara retomar su vida conyugal”

Como los cuentos medievales, las historias coránicas a menudo son encantadoras con independencia de su lectura teológica. La de Khawla es una de muchas, aunque a mí me enternece, porque nos muestra a un Profeta cercano, compasivo incluso risueño y cómplice de esta joven que sabe poner límites a las arbitrariedades de su esposo.

Por supuesto, la prohibición del zihar, aislada del resto del Corán, no explica esta lectura feminista de la que antes hablábamos. Hay que ponerlo en relación con otros pasajes y el contexto social previo.

“a Mahoma le rodearon siempre mujeres extraordinarias”

Mahoma prohibió a los maridos hacer trabajar a sus esposas para ellos. Cada hombre debía mantener a su esposa y sólo sí podía procurar a una nueva esposa, con un máximo de cuatro, si podía procurarle un nivel de vida equivalente, sin perjudicar a la primera. El Corán también introdujo el derecho a la propiedad de la mujer. Si bien, Mahoma dispone que la mujer tiene derecho a la mitad de la herencia que el varón, establece que esa herencia extra está destinada a mantener las mujeres de la familia.

No menos importante es la circunstancia de que a Mahoma le rodearon siempre mujeres extraordinarias. Además de su esposa y su hija, Fátima, su única descendiente, el profeta tuvo a su alrededor a mujeres médico y alguna consejera sabia. Más importante aún es la otra Khawla o Khawla bint al-Azwar, una mujer guerrera cuyo caudillaje y estrategia resultaron claves para derrotar varias veces a los bizantinos y conquistar Siria.

“el Dr. Alí Gomaa, Gran Muftí de Egipto, autorizó la primera reasignación de género -de hombre a mujer- del mundo musulmán”

Como se imaginará, las visiones de un islam igualitario son sumamente minoritarias. No obstante, poco a poco, se abren paso en la vida social e incluso han alcanzado alguna posición institucional, como el Dr. Alí Gomaa, Gran Muftí de Egipto, o sea, máxima autoridad jurídico-religiosa del país, entre 2003 y 2013. Desde su llegada al puesto, llamó la atención del mundo por escribir en sus fatwas o sentencias, que el hombre y mujer son iguales en el islam, declarar que la mutilación genital femenina no es intrínseca a la fe islámica, que no ha de olvidarse el deber de respeto y hermandad del musulmán con cristianos y judíos, además de autorizar la primera reasignación de género -de hombre a mujer- del mundo musulmán.

Se dice que una flor no hace primavera. Sin embargo, me parece que es importante tener en cuenta estas posturas, como una señal de esperanza, de que el islam no podrá blandirse eternamente como un freno a las libertades por parte de élites ultraortodoxas.