Dentro de la grave crisis de Venezuela, los tecnicismos jurídicos se reducen a pormenores, a notas al pie de página, para curiosos. Pese a todo, quisiera volver nuestra atención sobre dos aspectos apenas abordados: la inviolabilidad internacional de los jefes de Estado y la presidencia inconstitucional de Delcy Rodríguez.
Viene de lejos el goce de la inviolabilidad, por las jefaturas de Estado, ante el resto de la comunidad internacional. Si seguimos el procedimiento, un jefe de Estado en ejercicio únicamente puede ver limitada esa prerrogativa, en virtud de una autorización del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas o de una investigación criminal abierta por la Corte Penal Internacional.
«la presidencia inconstitucional de Delcy Rodríguez»
Ambas opciones quedaban vedadas para Washington. China y Rusia habrían vetado cualquier intervención en Caracas, en el Consejo de Seguridad. De la Corte Penal, mejor ni hablemos. Estados Unidos no reconoce a ese tribunal, ergo no puede promover allí una investigación contra Maduro –para la que, por otro lado, tampoco vamos demasiados faltos de indicios que digamos…
Ahora mismo, el tribunal de Nueva York que ha abierto juicio contra Maduro debe valorar si es competente o no para juzgarlo. Como anécdota, la acusación de la fiscalía estadounidense se ha planteado en unos términos tan penosos, que la cuestión de la inviolabilidad internacional ha quedado relegada a un segundo plano.
En resumen, la fiscalía acusó a Maduro de ser el líder del «cartel de los soles». El problema es que dicha organización ni siquiera existe.
«el tribunal de Nueva York que ha abierto juicio contra Maduro debe valorar si es competente o no para juzgarlo»
La expresión «cartel de los soles», popular entre los venezolanos, hace referencia a la corrupción estatal. En su origen sólo se refería a las corruptelas castrenses. Allí las medallas militares tienen forma de sol, como en otros países las tienen de estrellas o lunas. Con el tiempo, su uso se generalizó. Hoy, «cartel de los soles» se emplea indistintamente para hacer referencia a la corrupción de los uniformados y de cualquier funcionario o político.
Aunque la fiscalía ha modificado su acusación inicial, a una más genérica de narcotráfico y de comercio ilegal de armas, su metedura de pata inicial aún puede darles problemas. Ya lo iremos viendo…
«La expresión «cartel de los soles», popular entre los venezolanos, hace referencia a la corrupción estatal»
En cuanto a la inmunidad, esta probablemente será rebasada, aunque será interesante –y peligroso– analizar qué argumentos da el tribunal. En Estados Unidos se encuentra asentada la doctrina «male captus, bene detentus». Aunque se te detenga ilegalmente, si has cometido un delito se te juzgará igual.
Pero en el caso de un jefe de Estado, el problema no es que su detención sea ilegal, sino que la mera continuidad de su detención y la competencia del tribunal extranjero resultan debatibles. En mi opinión, lo más previsible es que el tribunal interprete que, pese a gobernar de facto el país, Maduro no era reconocido por el gobierno de Estados Unidos –algo dudoso, por otro lado– de modo que carecía de cualquier inmunidad.
«En Estados Unidos se encuentra asentada la doctrina male captus, bene detentus»
Mucho más osada sería una argumentación basada en que Estados Unidos es soberano incluso para juzgar a un jefe de Estado extranjero, si comete delitos contra el país. Semejante planteamiento alteraría drásticamente la esencia de las relaciones internacionales.
En cuanto a la presidencia de Delcy Rodríguez, pues bien, leamos la constitución venezolana (1999), impulsada por Hugo Chavez:
«Si la falta absoluta del Presidente o Presidenta de la República se produce durante los primeros cuatro años [de los seis de mandato] del período constitucional, se procederá a una nueva elección universal, directa y secreta dentro de los treinta días consecutivos siguientes. Mientras se elige y toma posesión el nuevo Presidente o la nueva Presidenta, se encargará de la Presidencia de la República el Vicepresidente Ejecutivo o la Vicepresidenta Ejecutiva.» (art. 233)
Por lo tanto, Delcy Rodríguez no debería haber automatizado su sucesión de Maduro, como Presidenta encargada sine die. En treinta días –plazo ya expirado– hubiera tenido que proponer una nueva convocatoria electoral.
«Hace mucho que la República Bolivariana de Venezuela no se comporta como un Estado de Derecho»
Hace mucho que la República Bolivariana de Venezuela no se comporta como un Estado de Derecho. Esto es, un país cuyas instituciones intentan cumplir sus leyes. Ahora esta pequeñez, es un recordatorio adicional de una realidad deprimente.
Viendo el acuerdo entre Rodríguez y Trump, poca democracia y mejoras pueden esperar los venezolanos…










