«Un mapa, más allá del material del que esté hecho, más allá de cómo represente el espacio, es una confirmación de nuestra identidad», afirma en su nuevo libro Kevin Rodríguez Wittmann, «La Huella de los Mapas: Cartografías de lo Humano». El reconocido historiador del arte y cartógrafo, desvela cómo los mapas han sido mucho más que simples representaciones geográficas; son testimonios de nuestros relatos, identidad y creatividad.

A su vez, el libro cuenta con un prólogo de Carla Lois, investigadora en el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, y licenciada en geografía, filosofía y letras, quien ofrece una perspectiva sobre el impacto de los mapas en nuestra percepción del mundo. Su introducción sitúa al lector en el contexto de la investigación de Wittmann y prepara el terreno para un estudio exhaustivo al igual que enriquecedor.

Wittmann arranca su investigación con un descubrimiento en la cueva de Abauntz en Navarra, una representación rupestre, que data de hace más de 14.000 años de antigüedad, donde se muestra la temprana destreza de los seres humanos para registrar y conceptualizar su entorno. Este hallazgo ofrece una visión reveladora de cómo nuestros ancestros comenzaron a entender y narrar el mundo que los rodeaba e intrigaba.

Sin embargo, el trayecto de Wittmann no se limita al desarrollo de los mapas en términos de contenido, sino que también explora la evolución de los soportes sobre los cuales se representaban. Desde las primeras piedras y cuernos de animales hasta el papiro y el pergamino, los mapas han sido creados sobre una variedad de superficies a lo largo de la historia. En Australia, por ejemplo, se descubrió que las canciones populares de las distintas regiones actuaban como mapas orales, de esta forma se transmitía conocimiento geográfico de una manera que combinaba la narrativa con la cartografía.

El viaje de Wittmann también abarca la Edad Media, un período en el que los conceptos de mapas eran muy diferentes de los actuales. Los mapas medievales a menudo mezclaban datos geográficos con representaciones míticas y religiosas. En estos se reflejaba una comprensión del mundo que era tanto espiritual como territorial. Uno de los ejemplos más notables es el Mapamundi de Hereford, una representación monumental que no solo muestra el mundo conocido, sino que también integra elementos bíblicos y mitológicos, esto permitía una visión holística del cosmos medieval.

«En un giro interesante de su obra, Wittmann también examina el papel del humor en la cartografía con el caso de los mapas humorísticos de Lilian Lancaster.»

En un giro interesante de su obra, Wittmann también examina el papel del humor en la cartografía con el caso de los mapas humorísticos de Lilian Lancaster. A finales del siglo XIX, conocida por su carrera teatral, Lancaster, creó mapas antropomórficos que representaban países europeos con formas caricaturescas. Sus trazados no solo sirvieron como entretenimiento, también ofrecieron una visión crítica y divertida de las características nacionales, su creación enseñó cómo el humor puede influir en nuestra percepción del mundo.

«La Huella de los Mapas: Cartografías de lo Humano», es más que un estudio sobre la evolución de los mapas. Es un testimonio de cómo los mapas han sido una parte global de nuestra historia e identidad. «Somos lo que cartografiamos«, como bien afirma Wittmann en el libro. A lo largo de sus páginas, el lector no solo aprende sobre la evolución de la cartografía, sino que también será capaz de reflexionar sobre cómo estos han moldeado nuestra comprensión del mundo y de nosotros mismos.

A través de una combinación de investigación académica, anécdotas fascinantes y una cautivadora narrativa, el libro de Kevin R. Wittmann es una invitación a navegar por la historia de los mapas desde una perspectiva humana y cultural. Esta pieza es un recordatorio de que, en cada trazo y cada línea, los mapas nos cuentan más sobre quiénes somos y cómo vemos nuestro lugar en el mundo.